Uno a uno fueron cayendo. La enfermedad terminal que los aquejaba no les daba tregua por vivir contando lo finito. El campo quedó cubierto completamente de calendarios moribundos. En medio de su agonía, uno de ellos susurraba, casi sin fuerzas:
—¿Por qué vivir este dolor? ¿No es un nuevo año la continuación del mismo tiempo?
Muy orondo pasaba por ahí un reloj. Le miró de reojo y con lástima.
Autor: Ana Piera.
Originalmente publicado en este blog el 23 de diciembre 2020.
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