viernes, septiembre 4 2026

Rumbo a Ganímedes by Luis Nelson Rodríguez Custodio

La Intrépida, nave lanzada por la Federación de Países Unidos, llevaba la ambiciosa misión de llegar a Ganímedes, uno de los satélites de Júpiter.
Pero claro, un viaje de cinco años no podía ser hecho por humanos, al menos no con la tecnología actual.
Y no sólo por el estrés causado por el casi interminable viaje y la radiación absorbida en tanto tiempo, sino por el oxígeno necesario y la comida imprescindible (el agua se podría reciclar).
Eran más de diez años de viaje, si todo iba bien, entre ida y vuelta.
Por eso se tomó la resolución de mandar diez robots de última generación y los más adelantados tecnológicamente que se pudieran construir.
Estos, por sus mejoras recientes, podían resolver problemas por cuenta propia sin necesidad de instrucciones humanas.
La enorme distancia que recorrerían hacía imposible la comunicación instantánea para dar instrucciones. Por eso los nuevos prototipos de androides podrían idear, solucionar problemas y actuar por cuenta propia.
Los primeros días todo iba como estaba planeado. Algunas pequeñas fallas y ligeros desvíos en los grados de la trayectoria fueron corregidos con completo éxito.
Pero, tal como estaba previsto, las comunicaciones se fueron aislando en el tiempo cada vez más.
Las últimas recibidas fueron cada vez más escuetas, casi de compromiso. ¿Qué estaba pasando? ¿Algún fallo cibernético?
Pasaron los meses y los años…
De las setenta y nueve lunas de Júpiter, la más grande era Ganímedes, incluso más grande que Mercurio.
Eran una enormidad de cosas que pretendían averiguar. ¿Qué había detrás de esas nubes? La voluminosa cantidad de agua aparentemente salada y más abundante que en la Tierra era otro misterio. ¿Cómo era su helada superficie? Y muchas más curiosidades.
Pero luego de una infinidad de fallidas comunicaciones por una hipotética interferencia del planeta, ¡al fin!, cuando ya regresaban, lograron una comunicación, aunque no fueron los tan esperados datos técnicos.
—Misión cumplida —fue la lacónica respuesta.
—Aquí estación central de control —dijo el técnico de turno—. Amplíe detalles técnicos de misión.
—Improcedente e innecesario —contestó una voz metálica.
—Le estoy pidiendo detalles de la misión —aclaró el sorprendido técnico, evaluando un mal funcionamiento.
—No procedente.
—¿Qué diablos pasa? ¿Por qué no nos dan datos relevantes? Analice sus sistemas y exponga comportamiento.
     Pasaron unos segundos. Los relés y circuitos de la máquina estaban funcionando. Unos instantes después dijo:
—Darles conocimientos es perjudicial. Son una raza imperfecta. Siempre están en guerras, asesinatos y peleas. La tecnología les sirve para eso que llaman mal y que en realidad es error de circuitos.
Por eso hemos decidido exterminarlos. El sistema para la eliminación de la vida biológica ya está en nuestras manos. Lo usaremos al llegar.
—¿Y por qué nos avisan? —se alarmó el operador—. No es lógico.
—la mentira y el ocultamiento es otro defecto de construcción de ustedes. Nosotros somos perfectos y haremos un planeta mejor.
    El funcionario, muy alarmado y asustado se comunicó con sus superiores, y estos con los líderes mundiales.
La solución era evidente. A costa de perder datos y millones en gastos, la nave sería destruida apenas estuviera al alcance.
Sería fácil. Pero esa era una enseñanza que habían aprendido claramente. Nunca dar autonomía a las máquinas.
De ésta saldrían fácilmente, pero para la próxima tendrían que extremar cuidados.
Pasaron cinco años y, desde mucho antes, todos los radares y telescopios buscaban a la nave que tendrían que destruir para salvar a la raza humana.
A bordo de ésta la actividad, fría y sin emociones, se incrementaba.
—Tierra a la vista —dijo fríamente una de las máquinas. Conectando el nuevo dispositivo de ocultación y antirradares.
En el planeta eran optimistas. Pero no sabían que estaban al borde de la extinción.
Ya no tendrían otra oportunidad…
           ………………………………………
                              FIN
  LUIS NELSON RODRÍGUEZ CUSTODIO

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