Valentín
León, 26.2.2010 / 11,15h
No voy a ir a tu funeral.
De hecho, estoy aquí entre palabras mientras tus amigos te despiden en su rito de oraciones y reencuentros. Entre pláticas rebosantes de halagos y gratitudes. Alguna lágrima sincera, de unas no lo dudo, de otras no quiero dudarlo.
Anoche te metiste entre mis sueños. Andabas enredando por todas partes. Entrenabas un equipo de algo, quizá un deporte, hacías cestos trenzando mimbres. En mi sueño no estabas en ninguna de las ocupaciones que de ti he sabido, bueno, mis sueños y sus guiones… pero acaso es lo que hiciste siempre, entrenar individualidades para que el trabajo conjunto fuera superior a la suma de sus partes; afanarte con un mimbre para hacerle cesto…
¿Cuántas veces nos vimos? ¿dos?, ¿tres?… pero muchas las que supe de ti y que de mí te hablaron. Y que más allá de las obligaciones docentes que imponen claustros y programas, cuidaste hasta el mimo –ojalá te hayas sentido correspondido- de quien me importa.
Por eso estas líneas. Por eso mis ensueños de anoche que no son sino una forma de decir ¡Gracias! Sin adornos ni artificios, sólo la mano tendida y un brillo en los ojos. Y el deseo de que allá, al otro lado, lo que buscabas te reciba con los brazos abiertos. Toda la luz para ti. Toda la paz.
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours