Howard Phillips Lovecraft, el maestro del horror cósmico, no solo nos dejó un legado literario de pesadillas y universos indescifrables, sino también un misterio que perdura hasta nuestros días: la desaparición —real o simbólica— de ciertos libros asociados a su obra. En un mundo donde la línea entre la ficción y la realidad se diluye con facilidad, Lovecraft no solo jugó con lo oculto, sino que también sembró pistas, referencias cruzadas y enigmas sobre textos que, supuestamente, alguna vez existieron… y luego ¡se desvanecieron!
Los grimorios ficticios… ¿o no tanto?
En los relatos lovecraftianos aparecen obras prohibidas y arcanas como:
—El Necronomicón de Abdul Alhazred: Un grimorio maldito escrito por el árabe loco Abdul Alhazred. Contenía rituales, fórmulas y conocimientos arcanos sobre los Primigenios y los dioses exteriores. Su lectura habría llevado a la locura a muchos y su mera existencia es negada por diferentes instituciones oficiales.
—El Libro de Eibon: Texto arcano atribuido al sabio hiperbóreo Eibon, mezcla de hechicería,
cosmología y crónicas de deidades como Tsathoggua. Es uno de los grimorios más antiguos y venerados por los cultos esotéricos.
—El Unaussprechlichen Kulten de von Junzt: Escrito por Friedrich Wilhelm von Junzt en el siglo XIX, recopila cultos ocultos y prácticas paganas prohibidas alrededor del mundo. Su traducción era peligrosamente imprecisa y se vincula con la locura o la desaparición de sus lectores.
—El Cultes des Goules de Comte d’Erlette: Una obra blasfema del siglo XVIII que describe rituales nigrománticos y cultos a los muertos vivientes. Su autor, un noble francés decadente, fue perseguido por inquisidores y su obra prohibida en múltiples países.
Aunque ficticios, Lovecraft trató estos libros con tanto detalle, historia, autoría y hasta fragmentos en latín o árabe, que muchos llegaron a creer en su existencia real. De hecho, en la década de 1970, varias bibliotecas estadounidenses reportaron solicitudes de préstamos del Necronomicón, y algunos bibliotecarios aseguraban haber visto supuestos facsímiles antiguos.
Pero aquí empieza el misterio:
¿Por qué algunas personas aseguraban haber visto ejemplares físicos de estos libros? ¿Alguien
jugó con esta idea más allá de la ficción?
La influencia de autores contemporáneos y el juego «literario»
Lovecraft no estaba solo. Mantuvo correspondencia con escritores como Clark Ashton Smith y August Derleth, quienes extendieron el universo lovecraftiano y añadieron sus propios grimorios, creando así un corpus ficticio interconectado. Algunos de estos textos empezaron a circular en ediciones caseras o incluso en falsas portadas depositadas en librerías de segunda mano, lo que alimentó aún más el mito.
En 1934, un estudiante del Miskatonic College (universidad ficticia) escribió a Arkham House
pidiendo permiso para consultar el Necronomicón. La editorial respondió en tono serio, sin
aclarar si era una broma. El mito se había vuelto más fuerte que la realidad.
Los verdaderos manuscritos perdidos de Lovecraft
Más allá de lo mítico, existen documentos reales desaparecidos. Tras la muerte de Lovecraft en 1937, varios de sus manuscritos originales se perdieron o quedaron en paradero desconocido:
—Cartas personales a colegas como Robert E. Howard o Clark Ashton Smith, que describen en detalle sus procesos creativos, se extraviaron durante décadas. Algunas se recuperaron, otras siguen sin aparecer.
—Versiones alternativas de cuentos como “La sombra sobre Innsmouth” o “En las montañas de la locura” que según los registros de algunas bibliotecas privadas, alguna vez existieron.
—Cuadernos de apuntes en los que desarrollaba sus “dreamlands” (Tierras del Sueño: un mundo onírico vasto y complejo que existe en una dimensión paralela a la realidad, accesible solo a través de los sueños) y líneas genealógicas de sus dioses primigenios, que desaparecieron durante la Segunda Guerra Mundial en un incendio en una casa de Providence donde se almacenaban temporalmente.
¿Una estrategia deliberada?
Algunos estudiosos, como el biógrafo S.T. Joshi, sugieren que Lovecraft jugaba conscientemente con la idea de lo real y lo ficticio. Él sabía que la sugestión era una herramienta poderosa del horror. Al tratar libros ficticios como reales y al desaparecer documentos clave, fomentaba ese aura de “conocimiento prohibido”.
Incluso existen teorías de que August Derleth, al tomar el control del legado de Lovecraft con Arkham House, ocultó o destruyó parte de sus escritos para orientar la interpretación de su obra hacia una lucha “bien contra el mal”, algo que el propio Lovecraft nunca planteó explícitamente.
Una conclusión entre lo literario y lo esotérico
¿Dónde terminan los textos perdidos de Lovecraft y dónde empieza el mito? La ambigüedad forma parte de su grandeza. En un universo donde los dioses dormitan más allá del tiempo y donde los libros pueden enloquecer a quien los lee, que ciertos textos hayan desaparecido.
—ya sean reales o imaginarios— no es una casualidad, sino una extensión lógica del mundo que Lovecraft creó.
Quizá nunca encontremos esos libros. Quizá nunca existieron.
Pero lo cierto es que su ausencia ha contribuido, como pocas cosas, al eterno misterio de un
autor que entendía que el terror no viene de lo que se ve… sino de lo que falta.
@Miguel Alcaide
@Imagen Pinterest
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