martes, abril 7 2026

YOLI by José Luís Serrano

Llamábamos cariñosamente Yoli a nuestra amiga Yolanda.

Yo ponía el acento sobre la í cuando la saludaba.

Ella se dio cuenta cuando decidió estudiar francés y desde entonces me mira como desde la primavera.

—¿Y eso Aka? -Preguntó Yaco señalando el folio achinchetado al corcho de los recados donde bajo el título “Yoli” sólo había cuatro líneas a gran tipografía y circulón de rotu rojo

—El inicio de un cuento –respondió Anthul-

—¿Y?

—Y no sé cómo seguir… lo escribí hace tiempo como arranque… Me gusta ¡pero me trabé!

—Ya! Es que llevo viéndolo ahí ¡la tira!

—¡Pues ahí va a estar hasta que sepa cómo!

—¿Cómo: qué?

—Como contar lo que sigue… el orden… el qué… un cuento, un relato!

—¿Contar más? ¿Con todo lo que hay ahí? ¡Pero si hay más que suficiente!

Aka abre las manos, alza las cejas en silente pregunta o reclamo de aclaración. Yaco lee en voz alta las cuatro líneas, despacio, añadiendo intención donde él entiende que debe. Y se explica:

“Primera del plural: evidencias que hay un grupo y cohesionado puesto que comparte ritos y donde los afectos no son extraños. Además de que efectivamente lo escribes, lo acentúas en el hecho de nombrar a alguien por el apelativo familiar o cariñoso.

Yoli te gustaba.(o a quien sea el prota, ¿vale?) Era más que la atracción de una agradable presencia física porque si sólo hubiera sido eso no te habrías dirigido a ella como guapa o bonita en que puede traducirse “jolie” en un saludo que hubieras dejado con el acento en su sitio, pero manifiestas que te gustaba su forma de ser, de hacer y lo estás gritando al transformar un apelativo ya tierno en algo más íntimo. Y el “decidió” manifiesta propiedad sobre los actos, no dices tuvo que o empezó a, formas donde podrían quedar dudas sobre si se vio obligada o tomó la decisión por propia voluntad. Así que Yoli manda en sus cosas.

Te daba miedo o no querías reconocerlo, (¿Acaso porque asusta que una amistad pueda devenir en amor que juzgamos siempre menos generoso?) por eso lo camuflabas en un idioma que los demás no conocían. Yoli tampoco. Pero lo disfrazabas acaso con la esperanza de que ella llegase a descubrirlo. Aquí dudo entre la cobardía por tu parte o que fuese algo así como una clave para iniciados, como el reto del delincuente que no va a confesar su delito pero deja pistas que sólo sabrá seguir quien esté realmente preparado, lo merezca: Esto puede ser pretencioso, pero guarda un juego que no deja de ser un desafío para la inteligencia.

El orden en que nombras a los intervinientes: Primero el grupo, luego Yo, a continuación Ella y en la última línea implícitos Ella a Mí. Así que en cuanto Yoli tenga constancia, que lo sepan los demás te da lo mismo o tal vez no pero en cualquier caso será asunto de vuestra sola incumbencia. El uso de los pretéritos, vistos en el contexto, indica que la situación ha cambiado parcialmente. Hay un presente en la última línea y el modo sintáctico que usas es una indicación de que algo viene ocurriendo desde un cierto momento: desde que Yoli se dio cuenta. A los demás ya no los nombras porque o bien no se enteran o bien porque no te (os) importa. Pero entre vosotros ya hay una interacción particular: Un acento sugerente y una mirada distinta: Es un comienzo

Así que también a ella le gustabas.(Seguramente te ha estado observando para excluir la casualidad, -otra que tampoco se lanza-) De no ser así, no hubiera cambiado a mejor su modo de mirarte (que tú percibiste y supiste que era para ti) -cuando advirtió que en tu forma de acentuar su nombre había una declaración de especial afecto-… escribes: “desde la primavera”: o sea, desde el deshielo, el florecimiento, la promesa de un verano en que todo habrá de madurar… así que las semillas fructificarían…”

—¿Qué más quieres contar? A partir de aquí todo es predecible así que mejor déjanos a los lectores que fantaseemos con vuestra historia de amor…

—¡Pues muy bien Sr. Forense de la Metáfora! -respondió Aka no sin cierto cabreo- Acabas de hacer una disección estupenda de mis cuatro líneas. Yo no habría sabido explicar tanto, pero es que tampoco quería… Resumen: ¡Me acabas de estropear un cuento!

—¿Qué pasa? ¿No sabes lo que habías escrito?

—Pues sí, pero no era esa la intención. Claro que habría que contar todo eso pero suavemente, bordeando la poesía y tú has hecho ¡un comentario de texto! Sólo te ha faltado hablar de fricativas y palatales cuando yo quería hablar de las caricias del amanecer, de los dibujos en las nubes….¡En prosa pero un poema!

—Sí, ¡eh!… Pues has tenido un año… ya podrías…¡digo yo!

—Eso también es cierto -convino Anthul y afirmó:- Debe pagar el café el que destroza el cuento

—¡No!–dijo Yaco- Ha de pagarlo el vagozángano que no lo escribió.

—No lo escribió porque… pero ya había empezado y en algún momento…

Iniciada esa discusión, el trabajo de aquella tarde quedó pospuesto una hora o así mientras se les pasaba, de modo que sólo quedaba bajar al bar de la esquina donde seguirían exponiendo argumentos, implicando a algún conocido y solicitando al final la intervención del camarero en un a cara o cruz que decidiera a no ser que alguno de los dos introdujera el factor ¿y si cae de canto? en cuyo caso…

De «Anthul Klaus: Anthulogía y Klausualidades»


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