Lectores.- Crónica por Jesús Cello

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Aunque no parezca, detrás de éste universo de pantallas hay un mundo de miles de avezados lectores. Honestos lectores formados en otros tiempos más fecundos, que construyeron su intelecto con generosas lecturas solitarias e independientes, alejados de la mediocridad y frivolidad, tan comunes en estas épocas.
Con buenos libros de buenos escritores fueron formando un paladar exquisito y exigente que no resiste ni tolera medias tintas, muchos de ellos clásicos, sí, pero también han sabido disfrutar de agradables sorpresas que su curiosidad les deparaba. A esos buenos lectores les basta por esa gimnasia de años tan solo leer un par de líneas para darse cuenta desde lejos, porque lo perciben siempre antes, que ese autor es bueno, o que por el contrario no vale la pena seguir perdiendo el tiempo dentro de su supuesta obra.
También existen lectores advenedizos, desprevenidos, » fácilmente infiltrables » como cito hace poco con esa terminología de espionaje, tan común a él, que paradójicamente llegó a Presidente de un país sin saber leer de corrido correctamente, sólo por los misteriosos vericuetos y designios de la naturaleza del azar y el poder económico, que se confabularon para el desastre ecológico de la cultura de una nación. Estos gurúes de la buena onda consideran a la «autoayuda » como un género literario y salen corriendo a comprar el último libro del psicólogo de moda, en tropeles de urdas enloquecidas de consumo que las justifican como seres vivos, pero no pensantes, motivadas por la caja boba de la televisión, las redes maniqueístas, la magia de la publicidad, y las siempre activas leyes corruptas del mercado.
Hace años ya, Ricardo Piglia nos había advertido sobre este fenómeno decadente con su libro » El último lector», y sólo muy pocos por no decir los de siempre, coincidimos con dolor que éramos una especie en extinción porque la verdad es que la gente no lee, porque no tiene tiempo ni dinero para una industria cada vez más pobre en contenido artístico y más opulenta en temas banales.
El escritor de editoriales se ha convertido en un » ghoswriter «( escritor fantasma ),altamente corrompible y desechable, los libros se han convertido en un producto cuyos contenidos se digieren en forma rápida y eficaz, como si fueran golosinas sin efectos posteriores ni contraindicaciones, se los receta como paliativos a la ansiedad y el strees, ( autoayuda ) y se los evita si son difíciles de leer, ( clásicos).
Borges ya me lo había confesado con su perversa ironía la vez que conversamos en 1982,antes de marcharme a la Infantería de Marina. » Esta bien que el escritor solo reciba el 20% del precio de tapa al fin de cuentas lo único que hace es escribir el libro «.
Las listas de Best Sellers siguen siendo desde la nefasta década de los 90 en Argentina ,encabezadas por tarotistas, cocineros ocasionales, astrólogos y ex asesinos y ladrones que sobrevivieron a los infiernos de los presidios, según ellos por la palabra del señor de oscuras religiones.
Las Editoriales quisieron convencerme, de que yo escribo gracias a que ellos existen y que esta bien que se queden con mi obra bajo un contrato leonino. Yo les dije y les digo que es exactamente al revés, las Editoriales existen porque existen los escritores, personas difíciles de explicar pero necesarias.
Como son necesarios los lectores, que en mi caso no me han abandonado nunca y ahora quiero rendirles mi más sincero homenaje de agradecimiento con estas humildes palabras. A diferencia de otros autores yo puedo saber a través de sus reacciones y comentarios, quienes son y de qué país de habla hispana provienen y eso a través del tiempo a construido una red cada vez más grande que me enorgullece. Ustedes me hicieron recordar, crear, imaginar, a través del impetuoso viaje de la memoria.
@Jesús María Cello

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