lunes, julio 6 2026

11 | Moby-Dick, de Herman Melville by félix Molina

Ahab, la duda, el fin

 

El Capitán Ahab, ceñudo y metafísico,

rozando con su arpón la idea rotunda y triste

de un cetáceo, cebada por la jovial enciclopedia

de Melville,

el hombre solo de sí mismo,

derramando su sombra marinera

sobre las trascendentales casas

de Nantucket, mientras envidia

el descanso de los suyos,

la paz imposible que se cierne

en jergones inmundos pero dichosos.

 

Carne de inmensidad y de camarote,

su alma, su conciencia, su pesadilla blanca

es el rendido cachalote de su razón,

esa que se arrastra entre el jolgorio

de los balleneros y la cachaza de las tripulaciones.

Se sabe perdedor, por eso gana a la muerte

el tiempo justo, tan solo el necesario,

antes de que la nada o la alegría,

el desbordado y contemporáneo amor a la vida de Ismael,

inunden con luz nueva, blanquísima,

la vieja oscuridad del Pequod.

 

© félix molina, La prosa en verso, 2024


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