Ahab, la duda, el fin
El Capitán Ahab, ceñudo y metafísico,
rozando con su arpón la idea rotunda y triste
de un cetáceo, cebada por la jovial enciclopedia
de Melville,
el hombre solo de sí mismo,
derramando su sombra marinera
sobre las trascendentales casas
de Nantucket, mientras envidia
el descanso de los suyos,
la paz imposible que se cierne
en jergones inmundos pero dichosos.
Carne de inmensidad y de camarote,
su alma, su conciencia, su pesadilla blanca
es el rendido cachalote de su razón,
esa que se arrastra entre el jolgorio
de los balleneros y la cachaza de las tripulaciones.
Se sabe perdedor, por eso gana a la muerte
el tiempo justo, tan solo el necesario,
antes de que la nada o la alegría,
el desbordado y contemporáneo amor a la vida de Ismael,
inunden con luz nueva, blanquísima,
la vieja oscuridad del Pequod.

© félix molina, La prosa en verso, 2024
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.