El Libro de la Buena Vida por María José Luque Fernández

Estimated read time 5 min read

«Sabiduría oriental para no perder la calma en este mundo loco»

¿Alguna vez te has detenido en medio del caos diario —el tráfico, los correos sin leer, las notificaciones que no paran— y te has preguntado: «¿Así se supone que se vive bien?» Bueno, hay un texto que, aunque no figura en los grandes tomos del taoísmo clásico, podría darte una pista muy valiosa: El Libro de la Buena Vida (Shōrō Jukugo, en japonés).

No, no es una guía para hacerse rico en tres pasos ni una receta mágica de felicidad instantánea. Es más bien una brisa suave entre tanto vendaval moderno. Y aunque no nace del taoísmo, muchos de sus principios hacen eco, y fuerte, con esta filosofía milenaria que invita a dejar de luchar contra la corriente y empezar a flotar con el río de la existencia.

¿Qué es eso del Tao y por qué debería importarme?
En términos simples (y evitando caer en charlas de ascensores espirituales), el Tao es el camino natural, el ritmo del universo, la danza invisible que mueve todo. No puedes verlo ni tocarlo, pero si te detienes un momento, puedes sentirlo.

El taoísmo nos dice algo radicalmente liberador: no hay que forzarlo todo. Vivir bien no es ganarle a la vida, es bailar con ella. Como dice el Tao Te Ching de Laozi:

“El hombre sabio no lucha; por eso nadie puede vencerlo.”

Y es ahí donde el Libro de la Buena Vida y el Tao se dan un fuerte apretón de manos.

¿Y qué enseña este “Libro de la Buena Vida”?

Aunque no tenga copyright taoísta, este texto promueve valores que parecerían haber salido directamente del bosque donde medita Laozi. Vamos por partes:

1. Simplicidad: menos drama, más calma

Tanto el Tao como el Libro de la Buena Vida nos recuerdan que andar persiguiendo cosas innecesarias es como tratar de llenar un colador con agua. Cuanto más quieres, más se te escurre. En palabras de Laozi:

“Conocer la suficiencia es ser rico.”

Y si lo piensas… ¿Cuántas veces lo que nos pesa no es lo que falta, sino lo que sobra?

 2. Fluir con la naturaleza: como el agua, sin estrés

Imagina el agua: no se queja, no empuja, no frena. Simplemente… fluye. Esa es la vida que propone tanto el taoísmo como esta obra japonesa. No se trata de rendirse, sino de confiar en que todo tiene su curso. O como dice el Tao Te Ching:

“El supremo bien es como el agua, que beneficia a todas las cosas sin competir con ellas.”

En tiempos donde todo parece exigir velocidad y control, esta filosofía es como un botón de “pausa” mental.

3. Equilibrio: ni todo espiritual, ni todo material

Ni irte a vivir a una cueva, ni perderte en el shopping. La buena vida es un balance: trabajar, sí; disfrutar, también. Cuidarte, meditar, compartir, crecer. El Tao nos regala el símbolo del Yin y el Yang como recordatorio constante de que los opuestos se necesitan y se equilibran. Como noche y día, descanso y acción, silencio y palabra.

 4. Virtud natural (Te): ser sin pretender

El Te es esa virtud que no se finge, que no se compra ni se aprende de memoria. Es la autenticidad que brota cuando estás alineado con tu naturaleza, cuando dejas de actuar y simplemente eres. El Libro de la Buena Vida también honra esta idea: que vivir bien es vivir fiel a lo que somos por dentro. Laozi lo dice así de bonito:

“El que se conquista a sí mismo es poderoso.”

¿Y qué hay del budismo y Confucio?

Pues, como en toda buena reunión familiar de sabiduría oriental, hay matices. El budismo pone énfasis en soltar el deseo, el sufrimiento y el ego. Confucio, por su parte, se enfoca más en la ética social, el deber, la armonía en la comunidad.

Pero todos —el Tao, el Buda y el buen Confucio— coinciden en algo clave: la vida buena no es tener más, sino ser mejor. Ser más sabio, más humano, más presente.

Entonces… ¿Cómo se vive bien, según esta filosofía?

No hay una sola receta. Pero sí hay ingredientes comunes: la sencillez, el fluir, la autenticidad, el equilibrio, el silencio interior, la conexión con la naturaleza. No se trata de hacer más, sino de ser más tú. Y de recordar, como diría Laozi, que:

“Aquellos que saben no hablan. Aquellos que hablan no saben.”

Así que… menos ruido. Más vivir.

Conclusión:

la buena vida no se encuentra, se practica

El Libro de la Buena Vida no es un manual de autoayuda al uso. Es más bien una invitación a vivir con los pies descalzos sobre la tierra, los ojos abiertos al cielo, y el corazón en calma. Y si de paso te inspiras en el Tao para lograrlo, mejor que mejor.

Porque al final, como decía Laozi:

“Un viaje de mil millas comienza con un solo paso.”

Y tal vez hoy sea ese paso.

Pd:: Comencé a leer este libro junto a otros que os iré comentando cuando me fui adentrando con la edad de 18 años en la filosofía del Hatha Yoga y me acompañan en mi caminar a veces con mucho acierto, he de decir.

@María José Luque Fernández

Imagen; letras y composición María José e imagen tomada de Pinterest


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

You May Also Like

+ There are no comments

Add yours

Deja un comentario