Hoy, domingo, dormimos de más.
Lo olvidado y lo indecible pujan por salir del cajón de las fotografías. Lloran a los gritos, negocian sin cartas, fingen roncar. Nadie los socorre. Ante el horizonte plateado del lunes, las hormigas de las piernas se inquietan. Nos acalambramos, giramos, pataleamos. Juntos descendemos a las profundidades del somier, donde habitan los resortes que pretenden devorarnos.
Cierro los ojos y dejo que tu aliento me empañe el pecho, mientras los hongos forman constelaciones en las paredes. La falta de oxígeno me regala los sueños más vívidos. Para vos, en cambio, todo es negrura.
Duerme, corazón mío, envuelto en mis hilos de seda. Ojalá nos reencontremos, al otro lado del hastío, en las pupilas fijas de algún carancho.
NATALIA DOÑATE
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