Actualmente, es muy común encontrar libros con temática LGTBIQ+. No obstante, este tipo de obras no son exclusivas del siglo XXI. Numerosos autores de tiempo atrás han tratado en mayor o menor medida este género en sus escritos. Por ello, como forma de conmemorar este próximo 28 de junio, día internacional del orgullo LGTBIQ+, pretendo a través de este artículo, realizar una trayectoria a lo largo de la historia sobre la representación de este colectivo en las obras literarias.
La Antigüedad: una representación marcada por el mito
A lo largo de la época antigua, diversas culturas plasmaron en sus mitologías pequeñas insinuaciones de representación de relaciones homosexuales. Sin embargo, es en la Grecia clásica donde realmente se encuentran fragmentos en los que se habla de relaciones homoeróticas de una manera menos ambigua. Un ejemplo es el mito de Apolo y Jacinto en el que el dios del sol se encapricha de un mortal, llegando incluso a desatender sus obligaciones divinas. Otro muy conocido es el de la relación de Aquiles y Patroclo, compañeros en la batalla y a la vez amantes, que está presente en la Ilíada, epopeya de Homero. Ambos mitos son prueba de la representación del colectivo LGTBIQ+ en la literatura de la Antigua Grecia.

Pero, estas representaciones no solo están en la mitología, sino también en la poesía. Una autora destacada es la poetisa griega Safo (s. VII a.C.) considerada como la mejor poetisa de la historia griega e incluso Platón la llegó a llamar “la décima musa”. Gran parte de su obra lírica está dirigida a mujeres, algunas discípulas suya, con las que se cree que mantenía relaciones amorosas y sexuales. De hecho, el origen del término “lésbico” proviene de ella, pues hace alusión a la isla de Lesbos de donde es originaria esta poetisa.
Cambio de paradigma con la llegada de la Edad Media
Con el fin de la Antigüedad, llega la Edad Media marcada por profundos valores tradicionales y religiosos. Esta etapa de la historia trajo consigo un cambio de mentalidad, pues la homosexualidad empezó a ser perseguida y castigada. Esto obviamente provocó que no se realizara literatura de este género o que si algún autor lo hizo no haya quedado registrado.
Así pasaron los siglos, y llegó el Renacimiento, un periodo de transición que supuso una gran apertura cultural, pero en el que todavía era necesario ser cauto a la hora de escribir ya que las autoridades religiosas seguían ejerciendo un gran poder. No obstante, esto no impidió que el célebre escritor inglés William Shakespeare compusiera diversos sonetos que de forma indirecta hablaban de una manera afectuosa de un joven, según las investigaciones, de sus 154 sonetos, los primeros 126 estarían dirigidos a ese varón.
Por otro lado, adentrándonos en el teatro del s.XVI , nos encontramos con la obra Eduardo II escrita por Christopher Marlowe y que ha quedado para la historia de la literatura como el texto precursor del amor homosexual, dado que trata el gran afecto que se profesaban dos hombres: el monarca inglés Eduardo II y su favorito Piers Gaveston.
“El amor es un firme faro
eternamente fijo
que ve las tempestades
sin nunca estremecerse
es la estrella que guía
a los barcos sin rumbo…”
– Soneto 116 W. Shakespeare.
S.XIX llegada del Romanticismo con representaciones Queer ocultas en la literatura
A lo largo del siglo XIX, el movimiento del Romanticismo fue adquiriendo cada vez más relevancia. Esto fue clave para la representación del colectivo LGTBIQ+ en la literatura ya que esta corriente literaria provocó que se llegara a un punto de inflexión.
Por un lado, en la lírica destaca la poetisa estadounidense Emily Dickinson, autora de más de 1800 poemas de los cuales 300 están dirigidos a Susan Huntington Gilbert, la esposa de su hermano, a la que numerosos historiadores consideran el gran amor de Emily. Se trata de una poetisa que ha tenido una importancia inmensa en la literatura universal, debido a su poesía innovadora y original, que desafió las convenciones poéticas de su época.
“¿Quién te ama más, quién te ama siempre, quién piensa en ti cuando los otros duermen?”
–Emily Dickinson.
Mientras que en la narrativa, nos encontramos con obras muy importantes como Carmilla de Sheridan Le Fanu (1872). Esta novela, perteneciente al género gótico, se trata de una de las obras más tempranas de la literatura de vampiros, antecediendo 25 años a la famosa obra de éxito Drácula de Bram Stoker, quien se basó en muchas características de esta novela para escribir su obra. La trama de Carmilla es un ejemplo claro de representación LGTBIQ+, dado que manifiesta el amor lésbico entre una vampiresa y su víctima, situando además a la historia en una temática homoerótica.
Otra obra destacada es el retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, que aunque la historia no aborda directamente la homosexualidad, ya que las partes más explicitas fueron censuradas por el propio Wilde debido a la polémica que causó, sí que es cierto que la relación cercana entre Dorian Gray y el pintor Basil Hallward a lo largo de la novela, así como las alusiones a la belleza masculina y la juventud eterna, llevan originalmente a una lectura queer de la obra.

Auge de la literatura queer en el siglo XX
Como se ha podido ver, a finales del s.XIX empezaron a vislumbrarse algunos cambios en la literatura LGTBIQ+. Esta evolución proseguirá en el siglo siguiente ya que con el surgimiento de movimientos sociales en favor de este colectivo y corrientes literarias como el Modernismo, se produce un auge de la literatura queer y diversos autores empiezan a tratar temas que aún eran considerados tabú.
De esta manera, nos encontramos con obras como En busca del tiempo perdido, novela de ficción con aspectos autobiográficos escrita por Marcel Prost. Esta obra cuenta con la representación de personajes homosexuales y bisexuales que viven con total libertad y que ejercen un papel central en la trama.
A medida que el siglo avanza, nos encontramos con ejemplos aún más atrevidos como Orlando de Virginia Woolf, considerada como una obra icónica de la literatura queer. En esta obra la autora desafía las normas sociales y las expectativas de género propias de la época. Además, cuestiona las ideas convencionales sobre el amor y la identidad de género ofreciendo así una visión de la sexualidad y el género revolucionaria para su tiempo.
«Quien nos roba nuestros sueños nos roba la vida”
–Orlando
Para finalizar, es necesario mencionar a Federico García Lorca considerado como el gran poeta español del s.XX, pues varias de sus obras reflejan una sensibilidad hacia la diversidad sexual y la lucha contra la homofobia. Destaca, su obra lírica sonetos del amor oscuro publicada de forma póstuma, esta se trata de una colección de sonetos dedicados a sus parejas masculinas y escritos durante sus últimos años de vida. El propio Lorca no se atrevió a publicarlos en vida debido a la mentalidad de la época, pero es una suerte que aún los conservemos y podamos así apreciar la riqueza literaria de este poeta y dramaturgo tan talentoso.
“Tu nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz penetrante de acero
Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo
(…)
Pero sigue durmiendo, vida mía
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¿Mira que nos acechan todavía!”
–El amor duerme en el pecho del poeta de Federico García Lorca
Y así, después de muchos siglos y siglos en los que la representación LGTBIQ+ en la literatura estuvo camuflada entre sociedades llenas de prejuicios culturales y discriminación a este colectivo, llegamos a nuestro tiempo, en el cual la literatura queer se ha convertido en un instrumento de cambio social que es leído por una gran variedad de lectores.

Escrito por María Bonilla Jiménez Pajarero
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