lunes, septiembre 7 2026

Perfeccion perturbadora by Rafalé Guadalmedina

Mientras el personal estaba distraído con el cambio de hora y el eclipse solar, me preparaba para una misión de alto riesgo. Después de montar la cama de la pequeña E uniendo 126 maderos con sus correspondientes 244 clavos y tornillos, una vitrina para guardar utensilios de bebé atascaba la habitación. No hubo más remedio que ponerla en Wallapop. Por mi escasa experiencia, diría que vender algo de segunda mano es lo más parecido a extraerse un pólipo: necesario, pero preferirías no tener que hacerlo.

Hice unas fotos con desgana y adjunté una descripción vaga. El precio fijado era de 50€, pues suficiente me parecía que nos libraran de aquel muerto. A los pocos minutos recibí el interés de un usuario llamado Juan R. Sorprendentemente su mensaje no contenía ni una falta de ortografía. Afirmaba que estaba dispuesto a recogerlo el mismo día. Acordamos una hora a la tarde y cerramos el trato.

Todo aquello resultó demasiado fácil. Además de la buena comunicación, me resultó extraño que Juan R. no intentara regatear. Debía ser un usuario nuevo. O quizá se echaría atrás con una excusa absurda o se presentaría con alguna extravagancia. A la hora acordada Juan R. tocó el timbre. Me sorprendió que el tipo luciera una pinta normal: pantalones vaqueros, camiseta cómoda y un peinado sin excentricidades. Le enseñé la vitrina y él aprobó con un gesto cómplice. No hizo ademán de abrirla ni revisar la resistencia de cada una de las baldas.

A continuación le ofrecí ayuda para bajarla a la calle. Aquel mueble debía pesar unos cien kilos. Antes que nada Juan me pagó la cantidad acordada. Que en ese momento no intentara regatear me pareció que rozaba la descortesía. Insistí: «¿Seguro que el precio te parece bien?». «No te preocupes, está perfecto», respondió con una sonrisa. Guardamos el mueble en su coche, nos despedimos con un apretón de manos y, en menos de diez minutos, Juan R. ya me había dejado una valoración positiva.

Esta perturbadora perfección solo apunta a que Juan R. va a usar la vitrina para almacenar pólipos.


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