martes, septiembre 1 2026

Donde muere la luz. by María Casquero Revilla

El cielo comenzaba a clarear con tonos dorados en el horizonte, como si el sol derramara su alma líquida sobre el océano.
Desde lo alto del acantilado, la atalaya luminosa aún conservaba las sombras tibias de la noche.

Nemo despertaba con lentitud, envuelto en el murmullo rítmico de las olas. Para él, desde niño, aquel sonido era un arrullo: el canto que definía su hogar.
Había heredado el puesto de su padre, quien le enseñó a amar la brisa salada, a leer el lenguaje del soplo marino y a encender la luz como quien prende el alma dormida del mundo.

Era el último farero.
Un joven solitario y huérfano que eligió la torre como refugio y encontró, en esa soledad, su más fiel compañía: un diálogo constante entre el viento y el agua rompiendo en las rocas.
Nunca había necesitado más visitas que la danza lejana de los delfines al atardecer y el latido regular de la lámpara, girando como un corazón ardiente en medio de la oscuridad.

Ahora, el gobierno le ha enviado una carta breve. Le agradecen los servicios prestados y le informan que, desde ese momento, la automatización se hará cargo de su trabajo.
Su vida laboral —dicen— ha concluido, y recibirá una pensión compensatoria.

Nemo no se enfada. Solo siente un vacío extraño. No tiene otro lugar al que ir, ni nadie que lo espere.
Su casa está allí, entre esas piedras que crujen bajo sus pies descalzos, en la mirada del firmamento que aprendió a leer noche tras noche, entre constelaciones y estrellas.

Después de horas de silencio, tomó una decisión serena.
Dejaría todo en orden y, cuando el sol comenzara a caer y el cielo se tiñera de fuego, bajaría por el sendero hasta la orilla, y se internaría en el mar, para fundirse con él y volverse uno con el vaivén eterno de las olas.

Solo una gaviota blanca dio vueltas en el aire, como buscándolo.

Y entonces, cuando cayó la noche, el faro —a pesar de estar automatizado— no giró.
La lámpara quedó inmóvil. Como si el alma misma de la torre hubiese dejado de latir.

 

 


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