Los colores pintados dulcemente en el cielo hablaban de un día azul y caluroso, de
esos poco apropiados para largas caminatas. Sin embargo Mario estaba decidido, no cejaría en su firme empeño.
A la hora de la salida del bus lanzadera el calor conseguía hacer sudar a todos los viajeros. Con ciertas dificultades logró subir al transporte y sentarse junto a sus dos muletas y a su equipo de oxígeno portátil guardado en su mochila de montaña.
Tras una grave crisis respiratoria había decidido hacer la ruta antes de que fuera tarde para ello. Mario accedió a ir acompañado por su buen amigo Andrés, un médico de reconocido prestigio.
Los primeros metros en pendiente desde Puente Poncebos le costaron bastantes sudores y varios parones para retomar energías. Por fin llegaron al camino más llano. Su plan inicial era llegar hasta Caín comer con tranquilidad y regresar al último autobús que los llevaría hasta Arenas de Cabrales.
A pesar de sus noventa y tres años, por el llano su paso era más ligero incluso que el de su amigo Andrés diez años más joven. La brisa que comenzó a circular entre las paredes de piedra, y a través de los túneles de la Ruta del Cares era para él mejor terapia que cualquier tratamiento médico. Ni Andrés que iba a su lado se lo podía creer. Cómo si de un milagro se tratara, Mario revivía paso a paso hasta el punto de dejar de utilizar sus muletas.
Los poderes mágicos que Mario creía que poseía la garganta del Cares parecían darle la razón. Quizás el aire del río, los aromas de la flora del camino e incluso el vuelo de las aves hacían lo suyo.
¡Vamos Andrés que ya falta menos! le dijo Mario a su amigo al ver palidecer su semblante. Sentados al amparo de una sombra picaron unos tacos de queso, por supuesto de queso de Cabrales. Éste refrigerio les dio el impulso necesario para alcanzar Caín, descansar lo justo y volver a Poncebos.
De regreso, Mario le decía a Andrés nunca dejes de hacer lo que deseas por miedo a lo que puedan decir los demás.
El respirar la brisa, sentir esa vida entre montes, esos aromas únicos, incluso el vuelo de las aves…puede hacer que vivas plenamente de cuerpo y alma.
Camina siempre.
@Carlos Cubeiro relato
@ Jesús RG imagen
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