A Vicenta Márquez Núñez
La esperanza de María
suena desentonada en las cornetas infantiles.
El tamboril retumba en el cielo con autoridad
y provoca a los cirros.
Llueve.
Ha tiempo que llueve.
El aire gira la rosa
y el Cerro muta.
El arcoiris se dibuja en el horizonte conocido
y ha tiempo estaban las lágrimas
recorriendo tus mejillas en la despedida.
El sudario del caldo rodea mi copa.
Tu figura cobriza con manos abiertas
acompaña las preguntas vespertinas.
Y ha tiempo.
Y ha tiempo que miro al día
como resurrección del alma.
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