El colosal escritor argentino Leopoldo Marechal es una de las voces alzadas del silencio. La censura que le impusieron por razones políticas no pudieron acallarlo y su obra se mantiene, aunque las mordazas en su momento, empañaron la difusión que debía haber tenido. Marechal nació en 1900 y en 1948 escribió lo que muchos consideran su obra maestra: Adán Buenosayres.
Adán Buenosayres
La publicación de Adán Buenosayres recién en 1948, exceptuando el comentario elogioso de Julio Cortázar y de algunas otras voces entusiastas —como las de los poetas Rafael Squirru y Fernando Demaría, a quienes dedicaría respectivamente la Alegropeya y la Poética de su Heptamerón—, pasó en principio completamente desapercibida. Las cuestiones políticas no fueron ajenas a los motivos: considerando la abierta simpatía del escritor hacia el peronismo. Marechal, por su parte, declaró:
Al escribir mi Adán Buenosayres no entendí salirme de la poesía. Desde muy temprano, y basándome en la Poética de Aristóteles, me pareció que todos los géneros literarios eran y deben ser géneros de la poesía, tanto en lo épico, lo dramático y lo lírico. Para mí, la clasificación aristotélica seguía vigente, y si el curso de los siglos había dado fin a ciertas especies literarias, no lo había hecho sin crear sucedáneos de las mismas. Entonces fue cuando me pareció que la novela, género relativamente moderno, no podía ser otra cosa que el sucedáneo legítimo de la antigua epopeya. Con tal intención escribí Adán Buenosayres y lo ajusté a las normas que Aristóteles ha dado al género épico.
Últimos años, fallecimiento y legado
En 1951 estrenó la obra teatral Antígona Vélez (basada en la Antígona, de Sófocles). Por esa pieza teatral, recibió el Primer Premio Nacional de Teatro. Escribió dos novelas más: El banquete de Severo Arcángelo (1965) y Megafón, o la Guerra (1970) —esta última, publicada de manera póstuma
—. Tras el Golpe de Estado en Argentina de 1955 fue censurado y obligado al ostracismo intelectual, a la soledad y al olvido por parte del régimen militar. Durante las sucesivas dictaduras de Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, permaneció proscripto, militando activamente en la resistencia peronista.
En 1956, Marechal redactó junto con el general Juan José Valle una proclama «al pueblo de la Patria». Toda su obra después de 1955 fue proscripta por la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu y desterrada de los manuales de literatura y de las librerías.
Fue perseguido por el régimen de la Revolución Libertadora debido a sus ideales políticos y a sus denuncias públicas acerca de las torturas del régimen de facto, por lo que decidió exiliarse brevemente en Santiago de Chile.
Recién a mediados de la década de 1960 volvió a publicar. En 1965 editó la novela El banquete de Severo Arcángelo y el ensayo La autopsia de Creso. En 1966 publicó Heptamerón y Cuadernos de navegación. Si bien no era reconocido en el exterior —a excepción de en Cuba, adonde el poeta viajó en 1967— fue invitado por el gobierno cubano para ser jurado del premio anual de literatura que otorga la Casa de las Américas.
Murió el 26 de junio de 1970, en su hogar, a causa de un síncope. Tras la muerte del escritor, las hijas del poeta crearon la Fundación Leopoldo Marechal, la cual tiene como objetivo preservar y difundir la obra de Marechal y de los autores de la generación de la revista Martín Fierro.
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