Utopías.- Crónica por Jesús Cello

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Tengo dentro de mi corazón una colección privada de utopías secretas que a menudo visito para regocijarme con la imposibilidad de su concreción, motor indispensable para que empiece a luchar por ellas, ya que son imposibles para todo el mundo y más que factibles para mí imaginación porfiada y soñadora.
Algunas de esas utopías las veo por la calle, otras me las robaron el diablo y el tiempo, otras las perdí en el camino por exceso de equipaje. Otras me llaman de vez en cuando para recordarme que todavía me están esperando ya que han desistido de la construcción de nuevos destinos y me regalan de vez en cuando también, las sonrisas efímeras del azar con números de fantasía.
Todas esas utopías a veces se complotan contra mí y se vuelven inalcanzables pero no desaparecen del todo, se dejan ver fugazmente con un pequeño brillo, con un destello casi imperceptible en la distancia. Y así, lentamente me van empujando al escritorio, acercándome una silla, acomodando y abriendo mi cuaderno, incluso insertando la lapicera entre mis dedos.
Y se me quedan con los brazos cruzados mirando el reloj del tiempo con ojos de impaciencia. Una de esas utopías se atrevió a sentenciarme que nunca es tarde cuando se escribe y comencé a olvidarme del tiempo y de las cosas y de sus parientes lejanas, las postradas quimeras, siempre mal vestidas y olvidadas. Entonces comienzo a creer que mi abuelo esta debajo del escritorio, con su oído y su corazón pegado a la madera escuchando el leve ruido del trazo de lo que escribo, leyendo sin los ojos cada palabra hija del amor y esclava de la utopía.
@Jesús María Cello

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