Soy sobreviviente de esta marea llamada,
«el existir».
Luchadora de la vida que me ha tocado,
sin elegir.
Entregada a la revuelta,
del no acomodo.
Sufriente del camino escogido
y no ansiado.
Deseosa de ganar en una ruleta
en la cual no supe jugar,
siempre me ganaron.
Aún sin saber sus nombres,
puse velas a todos los santos.
Recogí vientos
en donde solo había tempestades.
Llegué tarde a las estaciones,
sin piedad partieron mis trenes,
sin esperarme.
Lloré en cubos de arena,
aquellos que absorben todo
y no dejan huella.
Creí que las hadas existían,
descubrí que solo eran eso
ganas de que existieran.
Vestí ropas duras,
encorsetadas,
aceptadas por miradas extrañas.
Seguí la partitura,
sonaron risas o carcajadas,
sollozos o lágrimas gritadas,
bailé cuando tocaba.
Parí,
varias veces
y como buena hembra,
cumplí.
Llegué, a ese final de camino
en el que uno se sienta a pensarse.
Me vi, me sentí.
Y sí, creo que sobreviví.
Ahora me toca elegir.
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