(Publicada en revista literaria Kairós)
Un beso es el principio del canibalismo
La historia del canibalismo es, cuanto menos, grotesca. Se plantea como un tema
tabú por ser capaz de remover el asco, la repulsión y el miedo ante la idea más
radical del concepto. Sin embargo, en la actualidad, la cultura ha desenterrado el
término para ponerlo al servicio del arte como una representación metafórica del
amor. Y es que, aunque puede parecer complejo, ambos están más vinculados de lo
que se puede entrever.
Más allá de su etimología, este concepto se desarrolló a partir de la descripción que
Cristóbal Colón otorgó en sus diarios a los indígenas, taínos y arawak, mostrándolos
como seres que rompían los márgenes normativos, degollaban a sus enemigos y se
bebían su sangre. La práctica del canibalismo se remonta hasta el Homo
Antecessor, realmente. Descubrimientos en Atapuerca han confirmado que el
canibalismo se daba en todo tipo de individuos y con mayor frecuencia de la
estimada. Del mismo modo que garantizó la supervivencia durante siglos, el
canibalismo también se ligó a la religión, concibiéndose como rituales funerarios en
los que el acto de ingerir los órganos de los fallecidos permitían potenciar el vínculo
con ellos. Aunque se mantienen las similitudes, llegados a este punto, es imposible
no percatarse de la búsqueda de un contacto.
La psicología explicó que la manifestación de ambos parte del mismo punto, de ahí
su extraña relación. Quizá, estés recordando que has usado expresiones
expresiones como “rico” para definir el aspecto de una persona o que has apretado
los puños o mordido tus labios cuando algún niño te ha parecido “adorable”. Pues
bien, he ahí una muestra de este deseo interno.
El vampiro, la raíz de la exploración de la metáfora
«—¡Ah, sir! Ustedes los habitantes de la ciudad no pueden penetrar en los
sentimientos de un cazador.» –Drácula, Bram Stoker
Se puede ubicar el inicio de metáfora en la literatura gótica, en el siglo XIX, a través
de la figura del vampiro. Esta representación mitológica ha nutrido la cultura de los
países eslavos por excelencia, pero también la de zonas como Filipinas con los
aswangs. El vampiro, a su vez, es una metáfora social, el símbolo de la lucha
interna, la inmortalidad y la alienación. La existencia del vampiro está condicionada
por el consumo de sangre humana y, aunque no hay un rito canónico establecido, lo que garantiza esta es el llamado el “beso” y el “abrazo”, en otras palabras, el mordisco y el alimento al humano.
Es cierto que la figura del vampiro contemporáneo ha roto con muchas de las
“reglas” de estos seres mitológicos, desde Carmilla, Lestat, Edward Cullen, pasando
por todo tipo de personalidades (más románticas, sujetos que prefieren beber
sangre animal…). Lo que todos ellos comparten, sin embargo, es ese carácter de
introspección, ese deseo inmutable de exploración, la cuestión de una sexualidad no
binaria cohibida.
Lo que todos ellos comparten, sin embargo, es ese carácter de introspección, ese
deseo inmutable de exploración, la cuestión de una sexualidad no binaria cohibida.
Pero en este sentido, el canibalismo como representación del romance expone
vulnerabilidad; un deseo erótico igualitario, ser consumido y consumir. El atractivo
de esta metáfora reside en la carnalidad, en la fragilidad y en la muerte.
Canibalismo en la era contemporánea
Amor, amor
En la actualidad, el canibalismo se balancea entre el tabú y un elemento que
enriquece la narrativa de terror. Desde la imagen de caníbales representativos como
Hannibal Lecter, hasta la concepción del canibalismo como un acto de libertad o
rebeldía basado en la ira femenina, como en Un Hambre Insaciable. Lo cierto es
que a través de los medios diferentes medios, los lectores conectan con un
personaje plagado de instintos y es precisamente la emotividad lo que le conduce a
esa insaciable necesidad de continuar leyendo, observando.
“Algunos hombres necesitan presenciar la ira femenina para creer en su amor.
Algunas mujeres necesitan enojarse para experimentar ese amor.” — Chelsea
G. Summers, Un Hambre Insaciable
Un enfoque peculiar
Quizá, por otra parte, el canibalismo se ha consolidado como metáfora del amor,
más allá que por ese deseo interno de amar obsesivamente, porque resulta más
sencillo tratar la violencia que el deseo sexual.
De una forma u otra, esta representación tan profunda y visceral del amor arroja
nuestros deseos más profundos a la intemperie. Así, muestra la pasión contenida.
Que la relación simbiótica entre ambos hayan creado tal arte, solo es un reflejo más
del poder de creación. Una concepción tan descarnada que desvela una pasión
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.