sábado, septiembre 5 2026

El altar de las Cenizas Vivas por Esther Martínez Carne

Bajo el párpado de un siglo que bosteza olvido,
el mundo encierra vergeles de espinos,
bosques de sombras, donde el tiempo se devora a sí mismo.

Y en estas cuatro pareces que huelen a nosotros,
refugiados del mundo y su voracidad de hierro.
En el naufragio del día,
cuando la fatiga te doblega y el frío es un cuchillo.
Tú sostienes un cuerpo que es apenas un mapa de cicatrices,
una figura de barro que busca su antigua esencia de estrella.

Eres refugio y latido.

Escribimos la palabra «vida» con la ardiente pluma de un sentimiento,

sobre la piel del aire, desafiando a las deidades del polvo.

Mientras afuera se ensancha una grieta del tamaño del odio,
un desierto de cal donde la esperanza perece de sed.

Sin embargo, emerge de tus dedos esa ternura humana,
que es mar de agua, tendido sobre un volcán que intenta dominar su furia.

Reconozco en mi pecho las huellas de unas manos,
que no son carne, sino surcos de luz en la penumbra,
rastros de un Dios pequeño que insiste, en habitarnos.

Y allí, donde el alma finalmente mece un suspiro,
somos el milagro que sostiene el peso de dos astros heridos,
un hilo invisible nos une a la vida,

justo cuando el universo…

¡olvida cómo pronunciar nuestros nombres!

Somos el altar de las cenizas vivas.

@Esther Martínez Carne

 @Imagen Pinterest


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