miércoles, mayo 27 2026

Carta 9: Rosa, dentro de una rosa by Félix Molina

Esta rosa no se desmenuza entre los dedos, sino que nos comunica el polen de su aliento de página a página, con la fiebre de lo diáfano, de lo que luce bajo el sol porque es y siente.

Esta rosa tuvo la fortuna –no como aquella Cecilia– de no tener que ser Fernán, o Caballero, o vasallo de nadie, porque pudo ser ella misma, en la literatura.

A esta rosa, que yo conocí (como lector suyo) ya ajada por fuera, con sus gafas de soñadora, abuelita que me leía los cuentos inteligentes, vivos, que yo quería escuchar (en el sentido puro y bueno de inteligencia y de vida por el que se partió Unamuno el pecho en la Universidad cuando a alguien se le ocurrió asesinarlas), la venero por muchas cosas, pero sobre todo por el uso del idioma, que hace del castellano –su español es castellano– una lámina transparente, luminosa.

Yo me adentré en esta rosa por Leticia Valle y sus memorias. Un libro tan íntimo como moderno, puesto que su primer párrafo, escrito desde los ojos cerrados de su personaje-voz, nos habla de nuestra honda preocupación, del tránsito y del descubrimiento:

El 10 de marzo cumpliré doce años. No sé por qué, hace ya varios días que no puedo pensar en otra cosa. ¿Qué me importa cumplir doce años o cincuenta? Creo que pienso en ello porque, si no, ¿en qué voy a pensar?


Rosa Chacel (1898-1994), novelista y prosista, influida por la literatura y la cultura españolas (Valle, Unamuno, Ortega), debe muchísimo también a sus lecturas francesas y al monólogo joyceano, en el que profundiza a su modo en su obra novelística (Memorias de Leticia Valle, o el thriller filosófico La sinrazón). Son deliciosos sus cuentos, reunidos en 2003 por su hijo Carlos. Le pasó como a Hardy, que escribió (o publicó) poesía antes de todas sus novelas (A la orilla de un pozo, 1936) y después (Versos prohibidos, 1978). Quizá porque su prosa ya es poesía, en lo esencial, más allá del verso. Escribió también la más bella de las autobiografías en lengua española (o castellana, como digo en la troquelación): Desde el amanecer. Se casó con Timoteo Pérez Rubio, pintor a quien debemos, por su cargo, el traslado forzoso de las obras del Museo del Prado en la Guerra (In)Civil española. Se la adscribe al grupo de Las Sinsombrero, o a la Generación del 27, sin más.


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