Hoy os traigo a alguien diferente, pero también una voz incómoda. Porque, aunque Lilith nunca existió como persona real, su figura ha sido tan fascinante como controvertida, un símbolo poderoso de autonomía, de rebeldía y, en consecuencia, de silencio impuesto. Su historia se une a esas muchas voces que han sido borradas, invisibilizadas o demonizadas simplemente por atreverse a cuestionar el orden establecido. Y por ello, le dedico mi artículo del mes.
La referencia a este personaje aparece por primera vez en textos mesopotámicos sobre mitos,
donde se refieren a espíritus femeninos nocturnos, vinculados a la oscuridad y al viento. Los lilītu,
cono se les conocían, eran entidades que podían hacer daño a recién nacidos o a hombres dormidos.
Se asociaban, por lo tanto, con lo temido.
Estos antiguos relatos evolucionaron en la tradición judía medieval. El texto más famoso sobre Lilith se encuentra en el Alfabeto de Ben Sira (siglo VIII–X), donde esta figura se ha convertido en una mujer, la primera, creada del mismo polvo que Adán. Tenía, sin embargo, una particularidad: la que debía ser una compañera se negó a someterse al primer hombre y reclamó igualdad. Al serle negada, abandonó voluntariamente el Edén.
Ese acto la convirtió en un ser demoníaco que rondaba la noche como castigo a su libertad. Es decir, la mujer rebelde fue transformada en un «demonio», una transformación que no ha dejado de repetirse a lo largo de la historia: las voces, en este caso, femeninas (ya vimos en el número anterior que también se atreven con niños y con hombres) que desafían a la autoridad o a la norma son silenciadas, borradas y/o demonizadas. Muchas (demasiadas) culturas castigan la independencia femenina; el castigo o la demonización ha sido el mecanismo usado para mantener a las mujeres en unos roles impuestos con los que ellas no se identificaban.
Hoy, Lilith resurge como símbolo de resistencia y autonomía, un arquetipo de la mujer que dice «no», que lucha por ser ella más allá del rol que la intenta definir. Es tomada como fuente de inspiración para crear obras que desafían las normas y que dan voz a quienes han sido invisibilizadas durante siglos.
Como las intelectuales que formaron el Lyceum Club, la adolescente Claudette Colvin y el niño Iqbal Masih, la voz de Lilith fue intencionalmente silenciada. Pero la historia de estas personas (y de este personaje), nos enseña que el silencio impuesto no es siempre definitivo.
Las voces olvidadas pueden resurgir y convertirse en el motor para seguir rescatando y escuchando a quienes la historia trató de callar.
Sigamos visibilizando a esas voces que merecen ser escuchadas.
@Encarna Pérez
@Ilustración realizada por Lia NCL .- Registrados derechos de autor
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