miércoles, julio 29 2026

El adversario- Emmanuel Carrère

fotografía de Feliciano F. González.

Hoy traemos en la sección de relatos breves, género negro y de suspense, a Emmanuel Carrère. Carrère pasa por ser uno de los principales narradores actuales, con un estilo propio que navega entre la ficción y la no-ficción, hasta el punto de levantar dudas sobre la categorización de sus obras. Carrère insiste en que la narrativa puede muy bien no ser de ficción y exponer hechos que han ocurrido en la realidad. El autor pone en juego sus propias experiencias en el proceso de desarrollar la historia que cuenta. Hemos elegido unos párrafos extractados del libro El adversario (Editorial Anagrama, 2024) en los que puede apreciarse muy bien la tensión narrativa que imprime desde el comienzo mismo de la historia, que nos dice ser no-ficticia, y el planteamiento impecable de la trama.,  Toda la novela es un juego escalofriante de sucesos y reflexiones sobre la psicología, la identidad de los protagonistas, y especialmente del personaje principal. ¿Cómo entender las motivaciones de un crimen brutal? ¿Qué rincones de la psicología del criminal le empujaron a la brutalidad?

Fragmentos de la novela El Adversario

A Luc Ladmiral le había despertado el lunes, poco después de las 4 de la mañana, una llamada de Cotín, el farmacéutico de Prévessin. Había un incendio en casa de los Romand y estaría bien que los amigos fuesen a salvar los muebles que pudieses. Cuando Luc llegó, los bomberos evacuaban los cadáveres. Se acordará toda su vida de los sacos de plástico gris, precintados, en los que habían metido a los niños: horripilaba verlos. A Florence la habían tapado solamente con un abrigo. Su rostro, ennegrecido por el humo, estaba intacto. Al alisar sus cabellos, en gesto de adiós desolado, los dedos de Luc tropezaron con algo extraño. Palpó, giró con precaución la cabeza de la joven y luego llamó a un bombero para mostrarle la llaga abierta más arriba de la nuca. El bombero dijo que probablemente le haría caído encima una viga: la mitad del desván se había desplomado. A continuación, Luc montó en el camión rojo donde habían extendido a Jean-Claude, el único miembro de la familia que aún estaba vivo. El latido de su pulso era débil. Estaba en pijama, inconsciente, quemado, pero ya frío como un muerto.

Llegada la ambulancia, le transportó al Hospital de Ginebra. Era de noche, hacía frío y todo el mundo estaba empapado por el chorro de las mangueras contra incendios. Como no había nada más que hacer en la casa, Luc fue a secarse a la de Cottin. A la luz amarilla de la cocina, oyeron hipar la cafetera sin atreverse a mirarse. Les temblaban las manos al levantar las tazas y al remover las cucharillas, que hacían un ruido horrible. Después Luc volvió a su casa para comunicar la noticia a Cécile y a los niños. Sophie, la mayor, era la ahijada de Jean-Claude. Pocos días antes, como tantas otras veces, se había quedado a dormir en casa de los Romand; de haber dormido allí esa noche, ahora también ella estaría dentro de un saco gris.

(…)

No habían dejado de verse desde que estudiaron juntos medicina en Lyon. Los dos se habían casado casi al mismo tiempo, y sus hijos habían crecido juntos. EL uno lo sabía todo de la vida del otro, no sólo la fachada sino también cuando Jean-Claude le confesó que estaba viviendo una aventura amorosa y le habló de mandarlo todo a paseo, Luc le hizo entrar en razón: «Para que te desquites, cuando me toque hacer a mí el gilipollas». Una amistad semejante se cuenta entre las cosas preciosas de la vida, casi tan valiosa como el éxito en el matrimonio y Luc siempre había tenido la certeza de que un día tendrían setenta, setenta años y contemplarían juntos, desde la altura de esa edad, como desde una montaña, el camino recorrido (…) ¡Qué irrisorio era ahora! ¡Qué frágil es la vida! Ayer, sin ir más lejos, había una familia unida, feliz, personas que se amaban, y ahora, por culpa de una caldera que falla, había en el depósito cadáveres carbonizados.

(…)

Al abrir su consulta, dos gendarme le esperaban. Sus preguntas le parecieron extrañas. Querían saber si los Romand no tenían enemigos declarados, actividades sospechosas… Como Luc mostró sorpresa, los gendarmes le dijeron la verdad. El primer examen de los cuerpos probaba que habían muerto antes del incendio, Florence de heridas infligidas en la cabeza por un instrumento contundente , Antoine y Caroline abatidos por balas.


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