Ramón, solterón empedernido y bajista de fe dudosa, murió una noche sin luna al volver a su pueblo tras un concierto de rock. Amaba la música y la imprudencia con idéntica devoción. La moto no daba para heroicidades, pero él insistía. El impacto contra un árbol rebelde lo dejó tendido entre efluvios de gasolina y alcohol. El casco abollado salió despedido hacia ningún lugar del pedregoso arcén. De hecho, reposaba sobre un barril de cerveza en la cocina de su casa. La muerte fue tan repentina que Ramón se incorporó, se sacudió la moto de encima y se limpió los vaqueros rotos. Cuando fue consciente de su nueva realidad, volvió a su casa contemplando la noche estrellada. No se apercibe de que le faltaba la bota izquierda.
La humilde morada de Ramón se había quemado dos años atrás sin estruendo, sin titulares. Era un cortijo de muros encalados y techo cansado, como los viejos que la habitaban: sus padres. El fuego empezó despacio, como si pidiera permiso a los recuerdos. Después lo tomó todo. Las llamas lamieron las vigas con una paciencia atroz. Crujieron los años. El humo salió a la calle como un animal herido y el pueblo miró desde lejos, con esa mezcla de pena y costumbre que resulta habitual cuando el desastre no es nuevo.
Y, sin embargo, quedó Ramón. Al llegar a ese esqueleto de cortijo, su espíritu se adentra en la casa y se dirige a lo que fue una cocina de madera de pino y suelo de barro cocido. Ya, un triste fogón y unos bloques de cemento para asentar el abatimiento y el desánimo. Allí estaban sus padres, Agustín y Marisa.
―Hijo, llegas tarde hoy ―se manifestó el espectro de Marisa algo enfoscado.
―Perdona madre, he tenido un pequeño percance.
―Se te ve distinto ―observó Agustín―. Ese halo… y esos ojos tan negros.
― Sí. Veo que aún necesitáis vuestras gafas.
― ¿Qué insinúas hijo? ―intervino Marisa.
―Que ya soy uno de los vuestros, madre, un espíritu. ¡Larguémonos ya este maldito cortijo que nos retiene!
Tras la exclamación de Ramón, la casa se desplomó sin alharacas y con hartazgo, aliviada al fin de tanta memoria.
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours