sábado, agosto 22 2026

EL VUELO DE LOS PÁJAROS DANZANTES by LUIS NELSON RODRÍGUEZ CUSTODIO

            Una noche, reviviendo cosas del pasado, recordé algo curioso que me había pasado en la infancia.

Son esas pequeñas aventuras que te dejan recuerdos por el resto de la vida.

En realidad, no sabría explicarlo, pero hay cosas, a veces intrascendentes, que permanecen en la mente hasta el final.

Y después de éste, nadie sabrá nunca que nos espera. Ésta es la simple historia:

 

          EL VUELO DE LOS PÁJAROS DANZANTES

 

      La primera vez que los vi fue al comienzo del verano de aquel lejano año de 1971.

Yo tenía trece años, y recién llegado al desolado lugar para pasar las vacaciones, había escapado, sin el permiso de mis padres, para recorrer aquel frondoso bosque que desafiaba mi curiosidad de niño.

Temí perderme, por lo que tomé la precaución de marcar con tiza algunos árboles por los que iba pasando.

Estos eran enormes, y formaban una cromática pintura de infinitos tonos de verdes y dorados, bailando al compás del viento.

Recuerdo que pensé que me estaban saludando.

Las flores silvestres eran pequeñas, alegres manchas que adornaban y perfumaban el agreste paisaje.

Los pocos rayos de sol que lograban traspasar entre las ramas pintaban fugaces dibujos amarillos sobre el pasto, desapareciendo en segundos por el movimiento del follaje.

Yo me sentía un explorador, y en mi fantasía esperaba cruzarme de un momento a otro con algún oso o león, que por supuesto no habitaban en aquellas latitudes.

Al llegar a un claro me topé con un pequeño cerro, y para mi sorpresa, éste tenía en su ladera norte una emocionante gruta.

Acercándome más, noté una bandada de pájaros multicolores revoloteando y jugando sobre la entrada de dicho lugar.

Entre asombrado y curioso me senté sobre el pasto, tras un árbol, evitando que me vieran.

Parecían contentos, danzando graciosamente.

«La felicidad completa no existe» —decía mi padre.

Pero ellos parecían felices, gozando de su libertad y celebrando la vida.

Pasado un rato se fueron, perdiéndose en el inmenso azul.

Yo aproveché para curiosear dentro de la gruta, esperando encontrar algún motivo para su alegría.

Pero no encontré nada. Sólo paredes de rústica y fría piedra.

Regresé al sitio muchas veces en aquel verano, y cada día los hallaba, más o menos a la misma hora, en su misteriosa fiesta.

Ya pasaron más de cincuenta años de esto y el misterio me sigue acompañando.

¿Qué hacían aquellas aves, jugaban o celebraban la vida?

Lo cierto es que, aunque ya fueron devoradas por el tiempo, sin proponerse ni proponérmelo, me dejaron una enseñanza que me acompañó para siempre:

«Hay que tomar la vida con felicidad, usar las alas de tu imaginación y volar con alegría; a pesar de las rocas que encuentres en el camino, como aquellos pájaros danzantes…»

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https://facebook.com/luisnelson.rodriguezcustodio3

  

 

 


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