LOS TSUNAMIS by Mercedes Unzeta

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Ya han pasado las felicitaciones, los buenos deseos, los vinos espumosos, los mariscos, las sonrisas continuas y las alteraciones anímicas. Respiramos hondo.

Acabamos de despedir al tsunami festivo y nos aparecen varios tsunamis de otro tipo. Tenemos a la naturaleza algo rabiosa. Grandes perturbaciones naturales sacan a los ríos de sus cauces invadiendo, a su paso torrentero, campos, cosechas y casas. A esa agua invasora le acompañan vientos devastadores, que con su poderosa velocidad arrancan de cuajo grandes árboles  ya debilitados en sus raíces por las inundaciones. Los broncos ruidos del viento, que avanzan anunciando su velocidad, tumban a los árboles, que caen en cadena crujiendo con estrépito llevándonos a pensar en los sonidos de las trompetas de Jericó anunciando la llegada del fin del Mundo.  Pero no, no llega, por fortuna, el fin del Mundo, tan sólo el fin de la chopera. Supongo que todo pasa por aquello de la armonía de los contrarios: festejos /catástrofe.

Y el otro tsunami viene anunciándose con tiempos apretando y aflojando según el día y la hora y el estado anímico del mayor hacedor de tsunamis que imaginarse pueda en el ‘aquí y ahora’.

Naturalmente me refiero al tsunami internacional provocado por los caprichos ególatras de un personaje tan histriónico como peligroso. Vergüenza da oír lo que piensa que es lo que dice sin pudor. ¿Cómo es posible que el Mundo pueda estar a merced de un excéntrico manipulador, un presuntuoso arrogante ambicioso e individualista? Pues estamos, y el tsunami  Mister Trump parece que no ha hecho más que empezar. ¿Cómo es posible que no se pueda retirar de la circulación a un personaje de tal calibre? ¿Cómo es que la tan alabada Democracia no tiene previsto métodos para afrontar las múltiples infracciones del Derecho Nacional e Internacional de un loco que pone al Mundo patas arriba? Algo falla. No debería valer todo amparado por la Democracia.  No es comprensible que un ‘tipo’ irracional tenga el derecho y la posibilidad de ponerse el Mundo por montera y desequilibrar la estabilidad mundial. Creíamos que ese frágil  orden mundial estaba ya protegido ante locos como este pero se ve que no, que vuelven a surgir después de los años. Y ahí tenemos a Putin, Netanyahu y Mister Trump, como cabecillas de este tsunami internacional con poca posibilidad de ver su fin. ¡Qué desalentador!

 Y no nos olvidemos que a las alegres fiestas domésticas también estaban aderezadas por el sempiterno tsunami político nacional de naturaleza bronca y apocalíptica. Insultos, irritables y coléricas palabras, y equívocas afirmaciones cruzadas han sido los cánticos políticos imperecederos que no han sabido, o querido, hacerlos más dulces, algo navideños.

Ni el Portal de Belén, ni las comidas de colegas (que supongo que tendrían), ni los vinos, ni las langostas, ni los Reyes Magos consiguieron amainar durante estas fiestas la convulsión política en la que los señores de este colectivo están metidos.

En las casas, como cada año, se decora, se cocina, se recibe a los hijos, familiares, amigos, se come mucho, se bebe más, se canta y hasta se baila. Los niños se disparan, enloquecen un poco con tanto trajín y regalos y tanto dulce que llevarse a la boca, también alguna que otra rabieta y desesperación de los jóvenes padres, pero todo dentro de los cauces habituales de estas intensivas fiestas hogareñas que tanta satisfacción (y tanto afán) dan cada año al pequeño reino familiar.

Los adornos navideños están ahora de retirada. Con qué alegría, y esperanza de alegría, se han sacado de los baúles, o cajas, y se han colocado por la casa decorándola como el año anterior pero renovando algún motivo, y con qué pereza y desidia se obliga uno a desmontar las lucecitas, los árboles y todos los elementos decorativos para guardarlos para el año próximo. Porque los decorados navideños fuera del tiempo adecuado producen una sensación francamente deprimente.

Y pasadas las fiestas empezamos el nuevo año con ilusión de que algo cambie. Por lo menos pedimos un mayor bienestar social, lo más importante, porque si todos somos felices la economía, que es lo que mueve el mundo (por desgracia) irá mucho mejor, las personas trabajarán con alegría y gastarán con alegría. Los políticos si son felices, les desaparecerá el ansia de poder personal sobre todas las cosas que exhiben continuamente sin pudor, y aunarán sus fuerzas y sus ocurrencias para conseguir el bien común. Y España lejos de romperse como anuncian los coléricos estará unida con vainica doble y adornada con bodoques como un bonito mantel de Navidad. No habrá  broncas que aporten malestar, ni rencores, ni hostilidades, ni enemigos. ¡Viva el bienestar social!

Y la vida sigue esperemos que más feliz y más contenta.

O témpora o mores


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