domingo, abril 5 2026

DE LA VIRGINIDAD Y OTRAS INVENCIONES. Por Mara Amo

Desde la Sección: CON VOZ Y VOTO. Escriben nuestras jóvenes

La virginidad sigue aún hoy siendo un tema algo delicado. En algunas culturas todavía se comprueba el estado vaginal de una mujer cuando va a contraer matrimonio y se le exige mantener su castidad estando soltera. Pero, ¿a qué se deben los prejuicios, el tabú? ¿Qué es exactamente la virginidad: una parte de nuestro cuerpo, un estado, algo biológico? Nada de eso: la virginidad, tal y como la conocemos, no existe, no está aceptada por la ciencia, pues no es más que un constructo social, una norma establecida que da pie a mitos y confusiones.

En la cultura gitana, la virginidad de la novia se comprueba a través de «la prueba del pañuelo»

Se entiende que una persona «virgen» es aquella que nunca ha tenido relaciones sexuales, pero no todo el mundo tiene el mismo concepto de la virginidad. Por ejemplo, muchas personas creen que se deja de ser virgen cuando el himen (un tejido fino y carnoso a la entrada de la vagina que se estira) se rompe por la penetración. Esto es un mito, ya que el himen tiene un orificio (por el que suele pasar la sangre de la menstruación y por el que se introducen los tampones, por ejemplo) que lo único que hace es expandirse, lo que sí puede provocar algo de dolor y sangrado, pero no que se rompa. Además, hay muchas personas que nacen con el himen naturalmente abierto (como en otras ocasiones menos comunes se encuentra cerrado) o que se ha expandido al realizar alguna actividad física (como montar en bicicleta o a caballo), al ponerse un tampón o al masturbarse. También hay que tener en cuenta que la penetración vaginal y, por tanto, ese concepto de virginidad, excluye a las personas homosexuales, por lo que sería algo ilógico considerar que alguien es virgen al no tener relaciones con una persona del sexo opuesto. Y, dicho sea también, si el himen está relacionado con la virginidad, ¿los hombres no la tendrían? Por lo tanto, el himen no es un elemento que pueda confirmar si una persona ha tenido o no relaciones sexuales. Porque, asimismo, tener sexo no debe reducirse a la penetración vaginal, ya que hay muchas formas (como el sexo oral, la masturbación, la estimulación) de sentir placer a través de los cuerpos. 

Además, también es importante el trasfondo religioso que contiene la palabra «virginidad». En el dogma cristiano (y, seguramente, en muchos otros) la castidad hace a las personas virtuosas, por lo que solo pueden llevarse a cabo actos sexuales en el matrimonio y con el único fin de reproducirse, de tener hijos. Si fuese de otra forma se estaría sucumbiendo a los deseos carnales, a

En la religión cristiana se alaba la perpetua virginidad de María, la madre de Dios, a través de la simbología en la Biblia, entre otras cosas.

la lujuria, y eso sería un pecado. Por ende, la religión nos afirma la virginidad como una señal de pureza, de respeto hacia el futuro cónyuge. Como el ejemplo perfecto se tiene a la virgen María, la madre del hijo de Dios y Mesías, la cual se quedó embarazada sin mantener relaciones sexuales, por eso es adorada en todo el mundo. Y, a lo largo de la historia (sobre todo la de nuestro país), la religión católica ha sido determinante para las costumbres, las creencias, los prejuicios y, en general, las normas sociales, así pues disfrutar de la vida sexual nunca ha estado bien visto, pero esto poco a poco está cambiando y, en la actualidad, está comenzando a tratarse con normalidad.

Sin embargo, respecto a la virginidad y a la sexualidad en general todavía existen ciertas diferencias entre ambos sexos. Charo Altable, experta en educación sexual, sostiene que las jóvenes de hoy en día se ven sometidas a presiones sociales contradictorias: por un lado, la de tener relaciones sexuales lo antes posible, ya que eso te hace más madura y supuestamente plena, y, por otro lado, la de ser considerada una chica «facilona» y puta, en resumidas cuentas. Y es que no se insulta, se critica o se hace objeto de burla a un chico que ha mantenido relaciones sexuales, tenga la edad que tenga, pero a las mujeres sí. Lanzo la siguiente pregunta: ¿un padre sentiría la misma preocupación por su hijo estando a solas con su novia que si fuese su hija la que estuviese con su novio? Por supuesto que no: todavía el hombre respecto a la sexualidad tiene una imagen y un rol, el de ganador, y la mujer se ve reducida o bien a «fresca» o a «mojigata». Y el concepto de virginidad a lo largo de la Historia ha contribuido a estos marcados roles y estereotipos que deben ser suprimidos.  

Entonces, sabiendo todo esto y apartándose de la visión machista, arraigada en la sociedad, la virginidad se nos presenta como una expresión, una forma de nombrar la inexperiencia en el ámbito sexual. Pero la realidad es que, partiendo de esa base, las personas (y, sobre todo, los jóvenes) tenemos diferentes opiniones, distintas perspectivas.

Desde mi punto de vista, joven y occidental, la sexualidad se ha ido aceptando poco a poco y cada vez es más común escuchar hablar abiertamente de ello, lo cual supone, a mi parecer, un avance y una buena manera de hacer conscientes a los jóvenes de ese tema. Y, siendo consciente de que la virginidad no es más que una construcción social y se resume en la falta de experiencia, me inclino a pensar que la primera vez que se mantienen relaciones sexuales es tan especial como cualquier otra. Es decir, que no debe dársele tanta importancia, tan solo hay que estar completamente segura de querer y poder tener sexo, estar preparada y cómoda con quien se vaya a mantener relaciones, pero tanto la primera vez como la siguiente. Es cierto que hay que tomar precauciones, ser cuidadosos al ser la primera vez y tratar de disfrutar lo máximo posible, que es ese uno de los motivos por los que se tiene sexo. Sin embargo, debemos ser también conscientes de que hay muchas personas que ven la primera vez como algo único, especial, y deciden esperar a la persona y la situación correcta, lo cual es igual de válido que cualquier otra decisión.

Al igual que todo lo mencionado, el consentimiento por ambas partes es fundamental para mantener un relación sexual.

En estos temas y en el feminismo en general, la clave está en plantearse, en cuestionarse a uno mismo por qué se piensa de aquella manera u otra, para así llegar a una conclusión y saber qué se desea llevar a cabo. Es importante atender a unas razones propias y no a ciertas presiones sociales. Por eso, creo principalmente en la educación desde la pre adolescencia: tratar el tema con el profesorado, al igual que con familiares, puede prevenir alguna mala experiencia, una decisión de la que arrepentirse o, sin ir más lejos, un embarazo no deseado.  

Educar desmintiendo todos los mitos que envuelven y empañan la primera relación sexual sería fundamental para cambiar la perspectiva social pero, sobre todo, para ser conscientes que la virginidad no es un concepto científico, sino social e incluso cultural que en cierto modo condiciona la vida sexual de las personas y concretamente de las mujeres.

 


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