sábado, abril 4 2026

¿El mapa no es el territorio? por Miguel Alcaide

Aquella tarde, tras visitar a mi neurólogo, comprendí que la realidad no era algo fijo.

Era editable.

Desde niño supe que mi percepción no coincidía con la de los demás.

El limón sonaba amarillo agudo.

Las palabras ásperas tenían bordes rojos.

El miedo era gris y granuloso, como polvo suspendido en una habitación cerrada.

Lo llamaban sinestesia. Yo nunca lo discutí.

Pero durante aquellas sesiones de Programación Neurolingüística ocurrió algo distinto.

No se trataba solo de aceptar cómo percibía.

Podía reorganizarlo.

Si el café era azul, podía volverlo dorado.

Si un recuerdo dolía, podía cambiar su textura, su distancia, su temperatura.

Si una melodía me rozaba la piel, podía intensificar esa caricia hasta convertirla en refugio.

—Recuerde —decía mientras dibujaba líneas que conectaban palabras—, el mapa no es el territorio. Solo es la representación que su mente construye.

Trazó círculos, flechas, pequeños nudos.

—Son anclajes —añadió—. Asociaciones. Hilos que sostienen una idea y la atan a una sensación.

Observé el dibujo.

Hilos.

No pude evitar sonreír.

Él levantó la vista. Fue apenas un segundo. El bolígrafo dejó de moverse.

—¿Qué ha entendido exactamente? —preguntó.

Yo seguía mirando el esquema.

Si eran hilos… alguien podía tensarlos.

Y si podían tensarse… también podían soltarse.

El neurólogo hablaba de anclajes.

Yo acababa de descubrir que tenía acceso al telar.

Comprendí entonces que podía modificar la forma del dolor.

Ahí supe que había cruzado una frontera.

No fue euforia.

Fue claridad.

Un universo entero cabía en una manzana.

Un rayo de sol podía desplegar una sinfonía.

Una hoja al caer era un tratado completo sobre el tiempo.

Al principio intenté explicarlo.

Después dejé de hacerlo.

Ahora me preguntan si entiendo por qué estoy aquí.

La habitación es blanca, dicen.

Yo la percibo en una gama cálida que cambia según mi respiración.

Las cerraduras suenan como intervalos armónicos perfectos.

Las voces del pasillo son corrientes de aire que puedo modular.

Algunos creen que he perdido contacto con la realidad.

Yo creo que he aprendido a diseñarla.

Quizá sea un trastorno.

Quizá sea el siguiente paso.

Las mutaciones evolutivas rara vez piden permiso.

Al fin y al cabo, si el mapa nunca fue el territorio, ¿qué impide que alguien aprenda a crear el suyo?

Dicen que solo Dios puede crear o destruir un mundo.

Yo solo he aprendido a redibujarlo.

Pero si el mapa responde…

¿Cuánto tiempo tardará el territorio en obedecerme?

@Miguel Alcaide


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