viernes, septiembre 4 2026

KEFREN AIR: VUELO FINAL.- Capítulo II.- por Carlos Cubeiro

Aquella sustancia altamente viscosa se deslizaba por el suelo derritiendo lo que encontraba en su camino, dejando huecos del tamaño cada vez más grandes en el interior de la aeronave. Disolvía como si fuera mantequilla al calor incluso los asientos.

Si no aterrizaban de inmediato el pasaje acabaría cayendo a la bodega de equipajes. JM inició el protocolo de emergencia intentando comunicarse con los aeropuertos alternativos que les pudieran prestar ayuda. Sin embargo, ninguno contestaba debido a la multitud de interferencias. Después del undécimo intento los pilotos en consenso tomaron la decisión de regresar al punto de partida, la que consideraban cómo única opción viable para salvarse todos. Así pues, pusieron rumbo a las pirámides. Nadie se podía explicar lo que sucedía. Tampoco el origen de la sustancia o él cómo había
llegado al avión recién fabricado. Se preguntaban, sin creerlo posible, si sería parte de un sabotaje de alguna compañía de la competencia para deshacerse de ellos. Éstas y otras preguntas se sucedían en las mentes de JM y de Hassan sin lograr una respuesta convincente.

Por otra parte, las cosas en la cabina de pasajeros lejos de mejorar iban empeorando cada minuto. Mareos, vómitos, diarreas y picores por todas partes del cuerpo se sucedían sin que nadie lo pudiera evitar haciendo insostenible aquella situación agravada por algunos ataques de historia y pánico.

Parecía imposible porque habían despegado con los depósitos llenos, pero el indicador de combustible señalaba la reserva. Aquel pitido continuo les avisaba que no llegarían sanos y salvos a El Cairo. Debían buscar un lugar apropiado para un aterrizaje de emergencia, pero encontrar uno para un 747 lo veían imposible. Los cuatro motores dejaron de funcionar al tiempo sin explicación. Además el tren de aterrizaje tampoco estaba operativo lo cual convertía esa misión en suicida y cómo
menos catastrófica realizar un amerizaje. JM estaba más que preparado para ello, siempre había superado las pruebas del simulador con la nota más alta y con el calificativo de extraordinario en situaciones como ésta. Mientras tanto Hassan no perdía detalle de la evolución de la sustancia corrosiva. En la cabina de mando se sucedían los contratiempos. Ninguno de los pilotos indicadores ni las agujas funcionaba.

El cielo se alejaba y el mar parecía más cercano, mucho más a cada segundo. Sin la ayuda de un milagro rozarían las aguas del Mediterráneo en menos tiempo del que se tarda en desenvolver un caramelo de fresa. Se hacía necesario mantener nivelado el aparato a fin de lograr un impacto lo menos fuerte posible. Desde hacía tiempo Karim y Shalima estaban más pendientes de ayudar al piloto y al copiloto que del propio terror que sentían.

El radiante azul del cielo se había esfumado, sólo veían las olas salpicar los cristales del 747. Los asientos de cola habían desaparecido y también el suelo, bajo sus pies podían ver las maletas de todos ellos. Tripulación y pasajeros sintieron de pronto un zumbido muy intenso al rozar el aparato la superficie del agua. Una fuerte vibración acompañó el inicial zumbido mientras el fuselaje se deslizaba a gran velocidad por el fondo marino sin control alguno. Sólo les quedaba esperar que el avión perdiera impulso y detuviera su alocada carrera en aguas no muy profundas.

Instintivamente todos cerraron los ojos ocultando sus aterrorizadas miradas a lo inevitable. Segundos que parecieron horas, las más largas de sus vidas…

@Carlos Cubeiro

@Imagen Pinterest


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