Sucede en un poema
que la palabra es una disolución de vida en el lenguaje,
un algoritmo parlante,
una oración surgida que, en nada,
escapa por el sumidero de un corazón sin patio.
Se lee un poema
como quien pela una palabra
y se la come con las manos…
Se canta, se suspira,
se quema en el brasero de unos ojos que aprenden
con un croquis, la caligrafía del cielo.
No hay nada más
que un renglón que se ríe de sí mismo,
una amnesia que festeja la vida
mientras ausculta el poeta el desorden de un verso
que resuena en la prisa de un latido.
Se levantan siempre los poemas
más temprano que el poeta
y esperan que las manos que forjen sus cimientos
no demoren demasiado la luz de la mañana.
@Juan Jesús López Espinosa
@Imagen Pinterest
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