Caminas por las calles empedradas de la ciudad vieja cualquier mañana de domingo, de cualquier estación.
Las recorres en un ambiente de calma ya que apenas hay gente a esa horas tempranas.

Llegas a un espacio único, una plaza cuadrada, o casi, pequeña y recogida cómo guardando su tesoro más preciado, el convento de clausura de Santa Bárbara ( Madres Clarisas).

Tras admirar su sencilla fachada en la que destaca su relieve del juicio final del siglo XIV te sientes arropado por sus pétreos muros de su pórtico.
Entras en otro mundo, el mundo del silencio.Un lugar de recogimiento y adoración, lugar dónde el tiempo parece detenerse cada día.
Es su capilla, sencilla, hermosa…

@ Carlos Cubeiro fotografía y texto
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.