A mi abuela Luisa,
con todo el cariño
que me cabe en el corazón.
“Yo tengo un tío en Berlín Borlán…”,
repetía para entretenernos.
Siempre atenta,
mediando en toda discusión
con su afinado sentido de justicia,
me gusta pensar
—con predilección por mi persona—
que decía:
“Garapita, garapitagorlán”.
Luisa no sabía leer.
Distraerse era
ver la tele,
hacer el mejor té del mundo
y la lotería.
¡La lotería! .
“Y me han dicho que ni me embirle
ni me emborle
ni me garapitagorle…”
Nunca le dije
que repetía siempre
las mismas historias
de juventud.
Ya sabía cada giro,
cada pausa.
Aún así, yo,
y reaccionaba
con fingida sorpresa.
“Pero me han llamado a decir
que si yo me embirlase,
me emborlase
y me garapitagorlase…”
Vivía con nosotros,
en nuestra casa:
en su casa.
Yo, su nieto,
me convertiría
en embirlador,
emborlador
y garapitagorlador.
Con qué orgullo
llevaría hoy
esos títulos.
@Pedro Ruíz Hidalgo
@Imagen Pinterest
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