jueves, mayo 14 2026

1926.-Destino Tánger.- Capítulo 3 por Carlos Cubeiro

Rumbo a Tánger

La carretera por la que circulaba la joven se hallaba completamente desierta. Ni un sólo automóvil, si siquiera un ser humano o animal se veía por los alrededores. El polvo amarillento que levantaba a su paso se empeñaba en cambiar su color rojo intenso. De todas formas ella continuaba su viaje sin darle demasiada importancia, aún cuándo éste le dificultaba la visión en numerosas ocasiones y hasta se le colaba en el cuerpo pegándose a su piel.

La misma tarde del día de Navidad Salomé detuvo el Fiat a la entrada del puerto. A pié recorrió la zona en busca de alguna naviera para contratar el transporte que la llevaría con su coche hasta Tánger. Poco tardó en ver un pequeño edificio en cuya fachada, sobre la dos ventanas había un cartel de madera bastante deteriorado por el tiempo: “ Compañía de Transportes Marítimos Ramón Álvarez Jimeno. Fundada en 1875”. A duras penas se podía leer en la casi total oscuridad. Salomé trató de mirar a través de los cristales queriendo averiguar si la oficina estaría en uso. El polvo acumulado, quizás desde su fundación se lo impedía. A un lado de la puerta un aviso manuscrito y casi ilegible decía: “ Cerrado”. Teniendo en cuenta que era Navidad decidió volver a la mañana siguiente, por lo que fue hacia el centro en busca de un lugar para dormir. Junto a una hermosa plaza le llamó la atención la lujosa fachada de un hotel. Sobre la puerta y en letras doradas se leía “ Gran Hotel Calima”. Detuvo el Fiat delante de la entrada y se quedó admirando su belleza y la de todo el edificio con dos siglos de antigüedad. A los pocos minutos, un amable empleado se ofreció a guardar su vehículo en el garaje privado del establecimiento, si deseaba quedarse a dormir. Por supuesto, Salomé aceptó y éste se hizo también cargo de su equipaje.

Cuando nuestra protagonista entró en la habitación 33S se quedó maravillada. La decoración hacía que la estancia pareciera mucho más grande, un pequeño palacio. Cierto es que la letra indicaba que se trataba de una suite. Lo primero que hizo Salomé fue dejarse caer sobre la cama para recuperar las energías perdidas en el largo viaje. Un baño relajante envuelta en esencias de mil aromas la ayudó a sentirse plenamente dichosa. Más de dos horas duró aquel baño aromatizado. Luego se vistió fué al “Restaurante Bahía Blanca “ situado en el corazón del hotel y de los mismos propietarios. Bajó las escaleras vestidas de alfombras azul y plata. Llevaba un vestido de seda rojo bastante escotado. Sus cabellos claros caían suaves por encima de los hombros ocultando en parte la piel que quedaba al aire. Coronaba su melena una tiara con incrustaciones de diamantes y rubíes que Isauro da Silva le había regalado el día de su partida. Una auténtica princesa de cuento parecía pisando los escalones
alfombrados. Ante la mirada sorprendida de los demás comensales se sentó a una mesa junto a los ventanales. Un variado menú se le ofrecía en la lujosa carta. Salomé aprovechó la ocasión para pedir platos que nunca había tenido la ocasión de saborear.

Por otra parte, la bodega del Bahía Blanca le ofrecía una de las mejores cartas de vinos del país, que ella decidió aprovechar aquella noche tan especial pidiendo uno de los más reconocidos reservas. Una noche es una noche, se decía. Además nada podía hacer hasta el día siguiente. Para completar la cena, él maître le ofreció una selección de turrones y postres navideños elaborados por el pastelero del hotel y regados por un genuino cava producido en exclusiva para el“Gran Hotel Calima’ por su dueño.

La orquesta comenzó a tocar y dos parejas abrieron el baile en el salón “ Amanecer”.Salomé se levantó para escuchar de cerca la selección de valses, boleros y temas andaluces. Una a su espalda le dijo:“ Hermosa y dulce princesa¿ Me concedería usted el próximo baile?. Ella estaba deseando bailar y sin mirar atrás respondió: Sí, encantada. Al dar la vuelta para iniciar el baile tenía ante ella a un joven con semblante triste pero en general bien parecido. Un tango, un vals, un mambo y al fin…una lenta. Momento que ambos aprovecharon para contar someramente sus historias.

Salomé y Ricardo, así se llamaba él, salieron del recinto para tomar un poco de aire. Pasearon por las calles y plazas profusamente iluminadas de la ciudad. Durante el camino Salomé aprovechó para preguntarle a Ricardo si sabía algo de aquella naviera que había visto o si conocía los movimientos portuarios de mercancías con destino Tánger. Ricardo Montenegro estaba informado de la quiebra de aquella compañía hacía ya más de diez años. Al oír éstas palabras Salomé se entristeció mucho, al
apreciar su bajo estado de ánimo se brindó a cooperar con ella para conseguir un adecuado transporte.

Las estrellas que ocupaban el firmamento de aquella mágica noche se diluían rápidamente en medio de un sin fin de gruesas nubes. La luna también decidió ocultarse para no mojarse. Salomé y Ricardo apresuraron el paso, aunque sabían que la lluvia los mojaría antes de llegar al hotel. Los truenos se
escuchaban cada vez más cercanos y los relámpagos brillaban en la oscuridad por encima de las luces de colores. Una gruesa gota cayó impetuosa en el mentón de Ricardo que seguía las evoluciones de las nubes. Otra más terminó su andadura en el párpado derecho de Salomé. De dos en dos, de cien en cien, de mil en mil… de momento se refugiaron bajo el alero de un tejado, pero no bastaba para proteger a los dos del aguacero torrencial que caía en esos momentos. Corriendo calle abajo se abrió
una plaza ante ellos. La rodeaban blancas casas con balconadas llenas de macetas con sus plantas colgantes. En el centro, dos palmeras y dos bancos de madera.

Milagrosamente debajo de estos el suelo se hallaba completamente seco. Sin pensarlo dos veces los dos se metieron bajo uno de aquellos esperando que dejara de llover con tanta fuerza. De pronto, tras un relámpago y antes de notar el estruendo del trueno las luces, todas ellas se apagaron de repente. En ese instante y quizás por efecto del retumbar del trueno, Ricardo perdió el equilibrio arrimándose sin querer al cuerpo mojado de ella. Él en un impulso repentino acercó sus labios para besarla. Salomé que sólo pensaba en Óscar lo rechazó girando la cabeza cómo pudo. Al instante Ricardo,
sabiendo que había errado con sus intenciones le pidió perdón y la cosa no pasó de debajo del banco. Salomé supo que Ricardo Montenegro era el actual propietario del hotel. Lo había heredado tras la muerte de su padre. El hotel y los viñedos dónde producían el cava. Según le había confesado a Salomé sólo le faltaba para ser feliz una mujer que se fijara en él y que lo amara plenamente. Si fuera en otras circunstancias tal vez pudiera ser, pero ahora era Óscar y sólo Óscar el que ocupaba sus pensamientos y todo su ser y por muy rico que fuera Ricardo no dejaría jamás sólo a su querido amor.

Así se lo hizo saber Salomé al joven propietario de la forma más diplomática que pudo. Una vez cesó la lluvia los dos regresaron al hotel cuando las primeras luces del alba asomaban en el horizonte. Tal cómo le había prometido, Ricardo Montenegro la esperaba en el pasillo para ir con ella al puerto y buscar la embarcación que pudiera cargar el vehículo. Ni un minuto durmieran ninguno de los dos pero no importaba, lo primordial era hallar el barco que la llevará a Tánger.

En el Fiat, llegaron al puerto a preguntar a un amigo de Ricardo si conocía de un próximo barco con ese destino. Éste se había hecho mayor y se había alejado de las actividades portuarias. Veréis, dijo dirigiéndose a su amigo, cómo os comenté yo no puedo ayudaros pero hace tiempo me hablaron de un marinero llamado Orlando Jiménez que al parecer es quién lo sabe todo en lo relativo a los barcos que entran y salen del puerto y a donde van. La pinta y su forma de ser no me merecen excesiva
confianza pero si Salomé tiene prisa quizás sería bueno hablar con él, allí veis, en la “Taberna del Bucanero “ donde se pasa casi todo el día, concluyó diciendo el viejo amigo de Ricardo. Tras unas horas de búsqueda al final dieron con el lobo de mar. Ese día precisamente había llegado tarde a su reunión matinal con la botella de aguardiente. Entraron en la vieja taberna y allí sentado estaba aquel hombre de aspecto desaliñado y voz ronca. Vestía chubasquero color verde y jersey de cuello alto
y botas a juego. Allí estaba, cómo no, delante de su botella que el tabernero le guardaba de un día para otro. Su tez ajada por las inclemencias del tiempo y su pelo gris lo hacían parecer mucho más viejo de lo que era en realidad. Los dos se acercaron a la mesa donde estaba Orlando Jiménez y pidieron otra ronda más para él. Extrañado de aquella invitación preguntó el motivo. Ricardo le comentó por encima los planes que aparentemente los dos tenían para llegar a Tánger en barco, sólo los concernientes al propio viaje. Después de varios tragos de la botella que ellos mismos le pusieron en la mesa se decidió a hablar y les dijo: en dos días llegará un carguero con destino Tánger, debía estar hoy aquí pero algo lo retrasó. Llegará, tiene que hacerlo, en él, embarcaremos unos amigos y yo. Ya estoy harto de éste lugar, iremos a dónde el barco nos lleve nos da igual. En éstas circunstancias y por un módico precio hablaré con él capitán para que acceda a llevarlos, coche incluido. Todos los clientes parecían atentos a la conversación pero no intervenían¿ Quizás miedo a Orlando Jiménez?.

Ésto los dos jóvenes no lo sabían. Ricardo le dijo a Orlando, por el dinero no creo que tengas problemas siempre y cuando puedas viajar con nosotros el Fíat. Sí, si no hay problema, no hay barco más grande por esta zona y en éstas fechas.¿ Cómo sabremos cuándo llega? preguntó Salomé. No sé preocupe señorita, usted me dice un lugar y yo la aviso cuando esté en puerto. Salomé miró a Ricardo como pidiendo permiso para utilizarlo como enlace. Al momento, Ricardo le dijo a Orlando, cuando llegue dejas aviso en el “Hotel Calima' ¿ Ese tan lujoso? Preguntó Orlando. Sí, él mismo, confirmó Ricardo.

A Orlando se le abrieron los ojos cómo platos al tiempo que murmuró para sus adentros, “umm, el Gran Hotel Calima”.

Continuará…

@Carlos Cubeiro

@Imagen Pinterest


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