No paraba de contarme toda su vida cada noche, después de que cerraran las puertas del local y ella se pusiera a limpiar. Yo asentaba con la mirada pues no me dejaba decir ni una sola palabra. Después se daba media vuelta y se marchaba, dejándome solo y con los cristales sucios. Siempre se olvidaba de limpiarlos, pero sí o sí tenía que escuchar sus problemas.
¡A ver cuando me limpiará los cristales del acuario y me deje descansar!.
Neus Bonet i Sala
https://elplumierdenenuse.wordpress.com
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