Ya no tengo tiempo para rencores, envidias ni viejos enfados. Los dejo atrás, como hojas secas que el viento se lleva sin esfuerzo.
Ahora solo deseo salud para seguir caminando, una mente lúcida para contemplar la vida con serenidad y un corazón en calma que sepa distinguir lo esencial de lo pasajero.
Quiero guardar mis fuerzas para aquello que verdaderamente importa: tender la mano a quien la necesite, compartir lo que soy y agradecer cada día que aún me regala luz.
Porque, al final, la paz vale más que cualquier batalla y la bondad deja una huella más profunda que cualquier victoria.
Albacete, 4 de junio 2026.
María de los Ángeles Díaz-Marta ha sido librera y escribe (madiazmarta@gmail.com)
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