Un acercamiento a la lectura del Quijote
“Cuando Cervantes tenía 57 años, el mundo se moría de tedio…” (León Felipe) y posiblemente el propio Miguel de Cervantes estuviera o estuviese más que harto de ver cómo otros colegas suyos, léase Lope de Vega, por ejemplo, triunfaban en el teatro, en la poesía e, incluso, en los lances de amor con las damas. Le quedaba la ingrata labor de recaudar impuestos, la incomodidad de estar fuera de casa, la fatalidad de tener una mano inútil y la incertidumbre de no saber qué hacer con su vida. Quizá le viniera bien que le encarcelaran en Argamasilla de Alba para descansar un poco de tantos sinsabores.
Y, quizás allí, comenzara la más famosa novela de todos los tiempos, pero nunca se sabe, porque no quiso acordarse. Aunque lo que sí es cierto es que la conocida obra de Don Quijote de la Mancha es la más extraordinaria historia creada por un autor. Hasta el punto que sus personajes, siendo ficticios, están tan arraigados en la idiosincrasia popular española, que muchos creen que realmente existieron.
Es Miguel de Cervantes, un Quijote muy hidalgo, que juega, mezcla, propone, y nos planteamos si Cervantes fue en parte Alonso Quijano o si don Quijote tenía mucho de Cervantes.
Nos preguntamos si Miguel de Cervantes no tuvo reparos en inventar historias y aventuras para lucimiento y mofa del personaje y, al mismo tiempo, reflejar ideas, pensamientos, resquemores, supersticiones, y salir del aturdimiento.
Deberíamos hacer un repaso por diferentes capítulos de la obra, y constatar distintas lecturas, por diversas posibilidades de su interpretación para sacarnos a nosotros mismos del tedio. Siempre recomiendo a mis alumnos y a la gente en general, que no se lean el Quijote desde el principio al fin. Sino que se abra un capítulo al azar y recrearnos con él de manera independiente y por el simple placer de su vocabulario y sus hechos. De esa manera, sería como una serie de éxito cuyos capítulos vamos viendo a demanda, cuando realmente nos apetezca. Cada capítulo tiene su trama, su nudo y desenlace. Toma nota de las palabras ya poco usuales, e incorpóralas a tu vocabulario, asombrarás a más de uno. Haz lo mismo con los refranes de Sancho, seguro que alguno siempre te viene a mano para un diálogo o tertulia jocosa.
Imaginad los capítulos como una puesta en escena teatral: con máscaras de locura, de tragedia y comedia, de la comedia del arte, con teatro de sombras, a modo de títeres de madera, donde los caminos de La Mancha son las tablas y cada venta es un escenario improvisado. Al fin y al cabo, Cervantes siempre quiso ser hombre de teatro; al no lograr el aplauso en los corrales de comedias, transformó su novela en el mayor espectáculo del mundo, dándole a su hidalgo el papel protagonista que él mismo nunca pudo interpretar. Pensad qué músicas y canciones le pondríamos para ambientarlo, hacerlo poesía, y pasión, convencimiento, amor por el teatro, por la lectura, por la imaginación. Y leedlo en voz alta, ¿por qué no?, representando aspavientos, poniendo diferentes voces, como si tuviéramos enfrente un público real y verdadero.
De esta manera, creo, se haría amena y rítmica la lectura, desde otro punto de vista y, por otro lado, recuperamos ese tiempo que no tenemos porque estamos demasiado preocupados por otras cosas de suma importancia, pero que nos quitan el sueño.
Abran el libro por cualquier página, dejen que Don Quijote embista su propio molino y descubran que, en el fondo, todos somos un poco hidalgos buscando nuestro propio escenario.
Y también a la lectura desearle ¡Mucha mierda!, convirtámosla en un espectáculo.
@Alberto Morate
@Imagen Pinterest
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