Margot por Ricardo Mazzoccone
Octavio estaba aburrido en su oficina esperando que el teléfono sonara. Cuando se cansó de mirar las nubes negras en el cielo, tomó una vieja revista y comenzó a leer la historia de Margot Echegoyen.
Ella era una bailarina que se hizo conocida en los años sesenta, bailando chachacha en todos los night clubs de moda. Bella, delgada, con una sonrisa hipnótica y movimientos gráciles y sugestivos, seducía a hombres y mujeres. Siempre vestía faldas de tubo y calzaba zapatos de tacón aguja. Cuando no bailaba, bebía con cuanto hombre le invitara un trago, fueran solteros, casados, a punto de casarse, separados. Siempre elegía a uno para acostarse en el hotel más caro.
Fue un cineasta seducido por ella, que le propuso trabajar en películas para adultos. Aceptó sin pensarlo y a la semana estaba filmando. Su desnudez desvergonzada cautivó de inmediato al publico y ganó una extraordinaria popularidad. No había cine para adultos que no pasara un film de Margot.
Poco tiempo después, era una exitosa actriz porno, millonaria, viviendo en una mansión cerca del río…sola.
Por las tardes se entretenía con las cartas que le llegaban, todas de hombres desesperados por casarse con ella o acostarse una noche. Las invitaciones de viajes en barco o avión se caían del escritorio.
Un día, leyó una carta que la dejó pensando. Era de alguien conocido en el mundo del hampa. Le decían “El padre”, según Elda, su asistente. En ella hablaba sobre casamiento, hijos, de millones de dólares, de negocios.
Ella sonrió y la desestimó pero a los tres días, se detuvo en la puerta de su mansión, un Lancia Aurelia color cielo noche.
—Es “El Padre”, Margot—anunció Elda, algo nerviosa.
—Sabía que vendría, hazlo pasar y dile que me aguarde.
El hombre accedió a la mansión y se sentó en uno de los sillones estilo Louis Philippe.
Luego de media hora apareció Margot, enfundada en un vestido negro ajustado, que no dejaba nada librado a la imaginación. Su perfume francés se desvanecía lentamente en la habitación, dejando una estela de jazmín y cuero crudo.
Se sentó frente a él y al cruzar las piernas dejó entrever su lencería.
—¿A qué se debe el honor de su visita… cómo debo llamarlo?
—Me conocen como “el Padre”, pero usted puede llamarme Nino. Estoy aquí, seducido por su belleza y gracia y porque quiero hacerle una propuesta.
—¡Qué atrevido! A ver, dígame de que se trata.
Ambos sonrieron.
—¡Me encantan las mujeres directas, hermosas, osadas! Permítame darle este presente.
El hombre sacó de su bolsillo un estuche de terciopelo azul y se lo entregó. Ella al abrirlo encontró un anillo de diamantes. Lo miró, sonrió levemente y se lo colocó en el dedo anular de la mano derecha. Nino, satisfecho, comenzó a hablar.
—Margot, sé que es la mujer perfecta para un hombre como yo y sé que soy para usted el hombre indicado, gentil y amoroso. Le prometo lujos que jamás soñó, nos veo rodeados de muchos hijos y el mundo será pequeño para nosotros. ¿Quiere navegar un año? ¿Quiere una isla para usted sola? ¿Quiere la mansión más grande y lujosa del mundo? Solo cásese conmigo.
Margot estaba deslumbrada y quiso saber más sobre Nino.
—Creo que es suficiente con lo que le dije. Tengo muchos negocios, varias empresas en las que no dejo se inmiscuya familia alguna. Usted solo tiene que disfrutar a mi lado, regalarme noches inolvidables y días maravillosos. Sus veintiún años y su belleza son armas letales con un hombre.
Margot lo pensó unos segundos y dijo.
—¿Cuándo es el casamiento? ¿Te puedo pedir que la ceremonia sea en una isla griega? Siempre fue mi sueño — el hombre asintió y le preguntó si podía besarla.
Margot se levantó de su sillón y dejó caer su vestido.
—Dónde tú quieras.
Horas después, se vistieron y fueron al restaurante más caro de la ciudad. Allí se conocieron un poco más, conversaron, rieron, compartieron algunas anécdotas y un par de inocentes secretos.
El casamiento se celebró en Mykonos el día diez de julio.
La boda fue por demás lujosa, moderna y multitudinaria ya que fueron más de doscientos los invitados. Margot se había acostumbrado a que cada movimiento de Nino o suyo, fuera seguido por un ejército de guardaespaldas.
Al día siguiente comenzó el periplo alrededor del mundo que duró un año.
Al regresar, Nino le propuso buscar el primer hijo. Estaban entusiasmados.
Luego de dos meses decidieron ir al médico: “Es estéril” fue el diagnóstico.
Al salir del consultorio, Nino se fue solo sin decir nada mientras Margot regresó a su casa, llorando. Esa noche durmió sola, también las noches siguientes.
Cerca de la medianoche de un jueves, se escucharon pasos por el pasillo. Era Nino caminando hacia uno de los cuartos de huéspedes. Luego de unos minutos ella entró y lo encontró sentado, fumando y bebiendo.
—Por favor, Nino ¿Qué está pasando? ¿Tan grave es que no pueda tener hijos?
—Sí, mujer, sí, porque Nino tiene que tener descendencia, no es de hombre no tener hijos, aunque sea por tu culpa.
Margot irrumpió en llanto y corrió hacia su cuarto mientras Nino la seguía.
—No terminé de hablar, carajo. Quiero decirte lo que haré contigo: volverás a trabajar de puta como antes, dirás que estamos distanciados y que nos estamos separando. Las películas deben ser lo más pornográficas posibles. Todo eso atraerá a cuatro “amigos”, cebados también por ser mi mujer. Cuando se comuniquen, tendrás que llevarlos a la cama. Nosotros nos encargaremos del resto—dijo, caminó hacia la puerta y la cerró de un portazo.
Margot creyó que hacerle caso era lo mejor ya que si intentaba escapar, las chances de seguir viva eran pocas. Se durmió pensando en el error que cometió al casarse con Nino, sabiendo que era uno de los jefes de la mafia más peligrosos del mundo.
A los pocos días llamó a su productor para volver a filmar. No fue problema conseguir un papel en una nueva película. Margot grababa y cuando terminaba, regresaba sola a la mansión, con el rimel deslizándose por sus mejillas.
El filme fue un éxito, tanto que a los pocos días, la llamó por teléfono un tal Manuel. Nino, al enterarse le dijo: “Es el primero”. Luego Elda le contó que era el dueño de un banco y testigo en uno de los juicios contra su esposo, Sin inmutarse, hablaron y quedaron en encontrarse en un hotel de lujo. Cuando se vieron, él le dio un fajo enorme de billetes. Ella lo aceptó, Manuel despidió al custodio y fueron al cuarto. Margot pidió ir un instante al baño y se encontró con uno de los guardaespaldas de Nino, que le hizo un gesto de silencio. “Quédate aquí y no salgas”. Aguardó media hora, salió y no había nadie. Solo halló dos gotas de sangre en una de las almohadas. Respiró profundamente, se vistió y se fue.
Al entrar en su casa, se llevó una sorpresa: Nino conversaba con un hombre alto, corpulento, de unos sesenta años y traje caro.
—Hola, mi amor—dijo con sarcasmo.
—Ven que te presento a un viejo amigo, Leo. Trabajamos muchos años juntos.
Luego de un caluroso apretón de manos, se sentaron a conversar. Cuando Leo fue al baño, Nino le apretó el brazo a Margot y le susurró al oído: “Ahora me van a llamar y me voy a ir. Él te propondrá acostarte y tú le dirás que sí por lo que debes llevarlo al Plaza, habitación quinientos dos. Ya sabes que hacer”
Al rato, Nino se fue y como predijo, Leo le confesó sus intenciones. “Aquí tienes un cheque, pon tú la cifra”
Margot, desplegó toda su seducción, tomó el cheque y salieron.
—Vamos al City—dijo el hombre.
—No, mi amor, al Plaza, allí me pongo más caliente.
Al rato estaban en la habitación del Plaza. Luego de media hora de estar en el baño, salió. No había nadie por lo que se vistió y se fue.
Al dia siguiente, despertó en su cama y encendió el televisor.
Estaban dando la información sobre el asesinato de un empresario y de un delincuente vinculado a la mafia. Uno apareció muerto en el río, el otro en un descampado. La policía prometía encontrar al/los culpables. Sospechaban de que una mujer estaba detrás de las muertes.
En un momento entró Nino al cuarto.
—Leo era un traidor y un ladrón. Se lo buscó.
—Pero Nino, soy cómplice de asesinato, no puedo seguir haciendo esto. Tengo mucho miedo, por favor, no quiero hacerlo más. Por favor, por favor—suplicó.
—Ok, no quieres hacerlo más, no lo hagas, eso sí, no gastes más en bikinis ni lencería pues dejarás de necesitarlas… mañana hablamos del próximo.
Margot, desesperada comenzó a armar su maleta con lo indispensable y guardó todos sus ahorros entre sus ropas. Buscaría el mejor momento para huir a Sudamérica y para ello debía urdir un plan.
Casi que no durmió. A la mañana temprano, Nino la hizo llamar.
—Siéntate. Jonathan Martin es uno de los jefes del norte y hace poco me robó un cargamento de drogas que venía en un contenedor desde México. Tiene sus oficinas en Manhattan por lo que debes ir a verlo y seducirlo. Un buen inicio es proponerle que financie tu próxima película. Es un adicto al cine, especialmente pornográfico por lo que seguro te conoce. Llévalo al Riu Plaza. Hazlo bien y tal vez reconsidere nuestra vida juntos.
—Si, sé quien es pues me ha escrito un par de cartas y nunca le respondí.
—Excelente.
En horas de la tarde, deslumbrante como siempre se subió al Mercedes Benz de Nino con destino Manhattan. Al llegar se hizo anunciar y luego de unos minutos la recibió Martin en su lujosa oficina. Deslumbrado la invitó a sentarse, le ofreció bebidas y le preguntó el motivo de su visita. Margot, frente a él se cruzó de piernas tan lentamente que dejó al descubierto su dorada pelvis.
—Tú me escribiste hace un tiempo y tonta de mi, no te respondí…eres muy guapo. Bueno, vayamos al punto: quería, además de proponerte que financies mi próxima película, ser amigos y para ello tenemos que pasar una noche juntos en el Riu. Es un sueño que tuve ayer y siempre, siempre, cumplo mis sueños. ¿Quieres?
—Quiero pero…¿Acaso no eres tú la esposa de Nino?—preguntó con desconfianza.
—Ex, mi querido. Vivo con él por las apariencias pero dormimos en cuartos separados. Soy estéril y eso me hace una inútil para Nino, no tengo futuro a su lado. Me matará en cualquier momento.
El hombre se quedó en silencio por largos minutos pensando, mientras seguía contemplando el secreto entre sus piernas.
—Ok, vamos al Riu y allí discutimos lo de la película. A continuación levantó el teléfono y le pidió a Ana su secretaria, que preparara el auto.
—No hace falta mi amor, mi chofer está aguardando abajo.
—Cancela lo del auto y todas las reuniones hasta mañana, Ana.
En el ascensor comenzaron las caricias por encima y debajo de las ropas.
Llegaron al cuarto práctimente desnudos. Se abalanzaron sobre la enorme cama redonda y comenzaron a hacer el amor. El fuego encendía las luces de la habitación.
Luego de los primeros orgasmos, Margot fue al baño donde encontró al asesino enviado por su esposo. Ella se quedó mirando con tristeza en el espejo mientras secuestraban y mataban al hombre con el que había estado pocos minutos antes.
Al rato salió y corriendo se fue al auto. “Date prisa”, le pidió al chofer y luego de darle un fajo de billetes le dijo “NO HABLES”. Cuando llegó, subió al cuarto, se cambió de ropas, tomó la maleta, su dinero y fue hasta el garaje donde se subió a uno de los autos de Nino y se fue a toda velocidad hacia el aeropuerto. Compró un boleto de avión a Perú. Asustada y nerviosa abordó y la nave despegó. Más tranquila, repasó el plan de escape.
Cuando llegó a Lima, se deshizo de su pasaporte americano y compró, vendiendo uno de sus anillos, una identidad falsa que la convirtió en una trabajadora textil rumbo a las minas de Bolivia.
En un pueblo intermedio se bajó del colectivo que las llevaba y caminó hasta llegar a una humilde granja. Allí le pidió al campesino que la llevara a la frontera con Argentina a cambio de unos cuantos dólares. El hombre no dudó y preparó su desvencijada camioneta. Durante el trayecto, la tierra, el calor y los insectos, hicieron que comenzara a desprenderse de la máscara del lujo y la opulencia. Cruzó la frontera con Argentina por Aguas Blancas en un bote. Otro viejo auto la llevó hasta el Paso de Jama por donde cruzó a Chile donde tomó un ómnibus con destino Caleta Tortel.
Recién a mitad del viaje, dejó de sentir en sus espaldas, al ejército de asesinos de Nino.
Llegó. Nunca más, alguien supo algo de ella, solo el recuerdo de su cuerpo desnudo en las películas quedó vivo, pero tan solo por un tiempo…
Octavio, antes de cerrar la revista, buscó al autor de la nota: decía ANÓNIMO.
Luego cerró la revista y dijo en voz alta: “Tengo que conseguir alguna de sus películas”
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