Cuatro libros a la vez: el porqué de un homenaje by Rafael Julivert Ramírez

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Hay noticias editoriales que se explican solas y otras que piden una confesión. Esta es de las segundas. Cuatro libros llegan a la vez al lector — La mirada de oro, La cadena de oro, El número de oro y L’harmonia dels contraris — y conviene decir por qué alguien decide publicar de golpe, y no por entregas, más de mil páginas dedicadas a un solo poeta. La respuesta corta es que no se trata de cuatro libros, sino de un solo gesto. La respuesta larga es este artículo.

El destinatario del gesto es Valentí Gómez-Oliver (Barcelona, 1947), poeta en cuatro lenguas, traductor del Libro de los muertos, romano de adopción y barcelonés de nacimiento, uno de esos homenots — Josep Pla habría reconocido la especie al primer vistazo — que la cultura catalana produce de tarde en tarde y casi nunca celebra a tiempo. Desde los años ochenta, cuando la palabra sonaba todavía a ciencia ficción, Gómez-Oliver se autoproclamó humanista cibernético. No era una boutade: era un programa. En plena era de la máquina de escribir, aquel hombre sostenía que el humanismo del futuro tendría que pactar con la cibernética — que el timonel griego, el kybernetes que gobierna la nave, acabaría gobernando también la página. Cuarenta años después, la inteligencia artificial le ha dado la razón con una puntualidad que estremece.

Y aquí está la clave del homenaje. Porque la obra de Gómez-Oliver — Set turons, los sonetos planetarios, los XLIX Sonets d’amor, la summa Or verd con sus cinco libros de veinte poemas, los 100 haikus — no es un paisaje que pueda recorrerse a pie. Es una arquitectura. Sus libros se cuentan a sí mismos, se responden a décadas de distancia, esconden cuadrados, heptadas, sextinas que son máquinas de permutar, dedicatorias que suman exactamente cien. Una obra así no puede ser comprendida: solo puede ser sobrevolada. Hace falta una visión aérea, una mirada de gran altura capaz de tener presentes a la vez los siete poemas de 1985 y los cien haikus de 2024, las cuatro lenguas, los seiscientos poemas, las mil correspondencias internas. Esa visión aérea es, exactamente, la que proporciona la cibernética. El homenaje no podía hacerse más que así: con la herramienta que él anunció.

Por eso me alegra — y lo escribo con plena conciencia del anacronismo — que estos cuatro volúmenes sean unos de los primeros incunables de la alta cultura hecha con inteligencia artificial. Incunable llamamos a lo impreso en la cuna de la imprenta; estos libros nacen en la cuna de otra imprenta, y sostengo que deberíamos concebir la IA precisamente así: como una imprenta nocional. Gutenberg no escribió ningún libro; multiplicó la posibilidad de leerlos. La inteligencia artificial, bien entendida, no suplanta al lector ni al crítico: multiplica la atención. Permite que una sola persona, con devoción y método, despliegue sobre una obra inmensa la clase de lectura total que antes exigía un seminario, una universidad, una vida entera. Lo que la prensa de tipos hizo con la difusión, la imprenta nocional lo hace con la comprensión. Y como aquellos incunables de 1470, estos llevarán para siempre la marca de su cuna: sus virtudes, sus temblores y su fecha.

Los cuatro libros son cuatro pasadas del mismo vuelo. La mirada de oro sigue el hilo del ojo: la vida, la écfrasis, el diálogo con los pintores. La cadena de oro reconstruye su biblioteca hermética: la magia, la alquimia, la cábala, el Egipto interior. El número de oro revela la aritmética secreta: la sílaba contada, el cuadrado del amor, la divina proporción. Y L’harmonia dels contraris, en catalán, escucha la música que sostiene el conjunto. Vida, biblioteca, número y música: cuatro alturas de sobrevuelo sobre el mismo territorio. Publicarlos por separado habría sido contar el secreto a plazos.

Homenajeamos, en fin, al maestro del arte de contar y de permutar de la poesía catalana: al hombre que supo que un soneto es un edificio, que una sextina es un algoritmo de belleza — seis palabras-rima, treinta y nueve versos, una ley de espiral — y que contar sílabas en voz alta es el primer acto del amor por la lengua. Él permutó antes que las máquinas; él contó antes que los ordenadores; él llamó cibernético al humanismo cuando nadie quería sentarse a esa mesa. Que hoy una inteligencia artificial haya servido de lente, de andamio y de imprenta para leer su obra completa no es una ironía de la historia: es una restitución. La nave vuelve a su timonel.

Los cuatro libros están disponibles para descarga directa en la web www.gomez-oliver.es y en Amazon, en papel y en edición digital. Léanlos en el orden que quieran: son un solo libro con cuatro puertas. Y al cruzarlas, recuerden que detrás de cada número hay un hombre que miró el cielo de Roma y las colinas de Barcelona, y decidió que la belleza, para ser habitable, debía estar bien contada.


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