domingo, julio 12 2026

Mujeres en femenino y en plural.- Cosmeticorexia, el rechazo del propio cuerpo por Lucía Pastor Dueñas

La belleza como mandato

En el CCCB, Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, puede verse la exposición El culto a la belleza, comisariada por Janice Li, Blanca Arias y Júlia Lull Sanz, en colaboración con la Wellcome Collection de Londres.

La muestra recorre la historia de los ideales de belleza desde la antigüedad y pone de relieve que cada época ha fabricado su propio canon o estereotipo. Y casi siempre esa carga ha pesado más sobre las mujeres.

La exposición reúne objetos históricos, obras de arte, cosméticos, perfumes y rituales de rejuvenecimiento, ya que la obsesión por modificar el propio cuerpo viene de antiguo. La gran diferencia es que antes los cánones duraban siglos y ahora se mueven a la velocidad con la que lo hacen las redes sociales.

El cuerpo bajo examen

La cosmeticorexia es la obsesión por el cuidado cosmético del rostro y del cuerpo en general: piel perfecta, juventud indefinida, prevención del deterioro. Una presión que convive con trastornos alimenticios como la anorexia o la bulimia, y que transita por géneros y edades, haciendo que el cuerpo pueda convertirse en tu peor enemigo.

Esta presión empieza cada vez antes y cada vez encontramos más niñas hipersexualizadas a más corta edad, enseñándoles que su valor irá ligado a su aspecto. Así nos encontramos con niñas que, en lugar de estar jugando, están ocupadas en aprender a posar, gustar, compararse, maquillarse y vigilarse.

Esta misma tendencia la hallamos también en libros actuales. Clara Nuño, en Las niñas bonitas no pagan dinero, habla de esa educación corporal que muchas mujeres reciben desde niñas, hecha de belleza, obediencia, hambre, comparación y deseo de agradar.

Azahara Nieto, en La culpa engorda, pretende desterrar la idea de que “para presumir hay que sufrir” y dejar de medir el valor propio según una talla.

Esther Pineda, en Bellas para morir, llama por su nombre a la violencia estética: una violencia sexista, racista, gordófoba y edadista. Anna Freixas, en Yo, vieja, reivindica la vejez de las mujeres frente a una sociedad que todavía confunde juventud con valor. Y Maura Gancitano, en Espejito, espejito, recuerda que la belleza también puede ser una forma de poder.

Ampliar la mirada

En ese examen permanente, los cuerpos no normativos se llevan la palma: cuerpos gordos, viejos, enfermos, con discapacidad, racializados, trans, con cicatrices, con marcas. En definitiva, todos aquellos que no “encajan” con los patrones de la moda establecida.

En ese sentido, la exposición se abre con la figura de Lorenza Böttner, artista chilena que perdió ambos brazos siendo niña, rechazó las prótesis, aprendió a pintar con la boca y con los pies, y convirtió su cuerpo en creación, presencia y resistencia. Todo un ejemplo para una sociedad que se muestra tolerante cuando la diferencia está en el arte, pero a la que le incomoda que esté a nuestro alrededor.

Seguramente ese es el camino: no se trata de rechazar el cuidado, ni el maquillaje, ni el deseo de vernos bien, sino de aceptar nuestro cuerpo sin complejos y sus cambios con naturalidad, desde la comprensión y el cariño. Entender que una arruga, una cicatriz, una talla, una edad o una diferencia no nos hacen menos dignas, sino más humanas.

@Lucía Pastor Dueñas
@Imagen Pinterest


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