Un thriller corto con una trama muy bien trazada y resuelta. El choque psicológico de los personajes, bien definidios, dota de sentido al desenlace.
El sol se estaba hundiendo en el horizonte cuando la noticia sacó del letargo al viejo pueblo.
Doménico, el escultor cuyo talento y fama puso al pueblo en el mapa, había desaparecido.
Un artista que un día decidió descolgarse del mundo y se fue a vivir a una cabaña en medio del bosque, solo con sus esculturas y estatuas.
Emilse, una humilde mujer del pueblo iba los sábados para llevarle alimentos y encargarse de los quehaceres domésticos.
Esa mañana de sábado, llegó e ingresó a la vivienda como siempre, minutos antes de las nueve. Sintió la soledad en su pecho y le llamó la atención el silencio pues el señor estaba acostumbrado a escuchar música clásica. De muy temprano ponía los vinilos en la bandeja.
Lo llamó por su nombre pero no respondió, algo que la extrañó sobremanera porque Doménico no se había alejado de su casa en años.
De inmediato llamó a la policía la cual llegó una hora después. Emilse les contó y comenzaron a inspeccionar cada rincón de la casa. En el cuarto no hallaron signo alguno de violencia, solo ropa interior tirada en el piso, colillas de cigarrillos apagadas y una botella de whisky sin terminar.
Revisaron el perímetro hasta que un oficial encontró a una mujer desnuda caminando por la orilla del lago. Le ordenaron llevarla a la estación de policía.
Una vez allí, la sentaron, le prestaron una manta para tapar su desnudez y le sirvieron un café. Estaba en shock.
Luego de un rato, sin que se lo pidieran comenzó a hablar.
—Mi nombre es Sonia y soy modelo de Doménico desde hace mucho tiempo. Ayer por la tarde llegué temprano. Como siempre al entrar al atelier, el olor a lluvia fresca sobre el suelo seco de la arcilla me embriagó. La luz de la tarde entraba por la ventana sucia, cortando la habitación en jirones de penumbra donde las estatuas siempre me miraban con sus ojos muertos.
Estaba contenta y cuando lo vi, lo saludé con un beso en la boca.
—Hola—fue su escueta y fría respuesta.
—Ok, es un mal día. Dime qué te sucede.
—Nada, desnúdate y acuéstate en el sillón, en la pose de siempre. Mantente lo más quieta posible por favor. Estamos terminando y debo fijar bien los detalles de tu cuerpo, rostro y gestos. Mantén la cabeza bien erguida.
—Dame cinco minutos que voy al baño. Cuando pasó por la mesa de la cocina vi una tablilla de cera que me llamó la atención. Cuando la leí, mis vellos me alertaron: “TE VAMOS A MATAR, DOMÉNICO”.
Regresé al atelier en silencio, dándole vueltas a la nota en mi cabeza. Conocía bien su mal genio; por eso, evité discutir y obedecí, no dije nada pero me quedé pensando.
—Quítate ese vello púbico—ordenó él sin mirarme, concentrado en la arcilla—. Es una distracción.
—¡Ok, ok, luego me afeito! ¡Qué mala noche tenemos! —grité. Él no se inmutó.
A las dos horas aproximadamente, Doménico se detuvo.
Estaba agotada y caí pesadamente del sillón al piso provocando un fuerte estruendo.
Doménico corrió a asistirme. Me tomó en sus brazos y me dejó en la cama para que recobrara fuerzas. Me trajo una jarra con agua fresca.
Cuando abrí un ojo, lo vi preocupado, por lo que abrí los dos. Me preguntó qué había pasado.
No dije nada, fue tan solo una jugarreta para saber hasta dónde era capaz de llegar.
Al despertar lo miré y lo abracé con mucho deseo. Mi desnudez lo terminó de encender, algo que aproveché
deslizando mi mano por su entrepierna, dejando claras mis intenciones que no fueron desoídas ni rechazadas.
Comenzamos a besarnos, él se desnudó e hicimos el amor por horas en todas las habitaciones.
En un descanso, fumamos y conversamos.
—Fue un ardid el desmayo. Querías que te dejara desnuda en mi cama para provocarme.
Solo atiné a sonreír.
—Es que era la única forma de acercarme a ti. Estoy enamorada desde que era una adolescente. Te amo como nunca amé a nadie.
—No digas eso, niña. Tengo cincuenta años, tú veintiocho. Te enamorarás mil veces más, no seas idealista, no soy ideal para nadie y menos para una muchacha joven y bella, inteligente y sensible. Yo qué soy, tan solo un ermitaño ¿A ver? ¿Qué tengo de especial?
—Tú lo quisiste: eres precioso, tienes los ojos más dulces y tristes que vi en mi vida. Tu sonrisa encandila, tu seriedad da seguridad, haces el amor como un adolescente, eres todo talento, escultor, pintor y hasta me animo a decir que podrías escribir los versos más bellos. Vives la vida sin miedo, no quieres involucrarte con nadie pues no quieres sufrir más de lo que ya lo hiciste. ¿Sabes qué ? El resto de nuestros vidas pueden comenzar hoy. Me quiero casar contigo y no acepto un no por respuesta—dijo emocionada y decidida.
El hombre se levantó de la cama, encendió otro cigarrillo y se sirvió un trago de alcohol.
Regresó al lugar donde estaba la joven, que lo miraba profundamente.
—No, Sonia, no puedo.
La joven se quedó inmóvil. Luego cubrió su desnudez con una sábana blanca y le preguntó.
—¿Acaso hay otra? Sí, hay otra…¡Que estúpida soy!—dijo con lágrimas en los ojos.
—¿De verdad quieres saberlo? Sí Sonia, hay otra. ¿Quieres conocerla?
Ella asintió con la cabeza y con el llanto ahogado.
—Aquí está, su nombre es Fedra y es la viva imagen la mujer de Teseo, el héroe ateniense.
En ese instante descubrió la estatua de una mujer perfecta que estaba cubierta con un lienzo negro, cuando el resto estaba tapado por lienzos blancos.
—Es mi mayor creación, estoy enamorado y pronto será mi mujer. Un alquimista me vendió la fórmula de la vida. Y ella será mi amante y la mujer que cerrará mis ojos. No morirá jamás.
—¡Hijo de puta! ¿Por qué me haces esto? Estás loco de remate ¿Sabías? Encima me lo dices después de cogerme. No puedes enamorarte de una escultura y menos esperar a que viva.
—Tú qué sabes, joven imberbe. Siglos han transcurrido para descubrir como la materia inerte se convierte en un ser viviente. Yo tengo la fórmula y el conocimiento.
— ¿Y a qué precio, idiota?
—Sé que en algún momento lo pagaré. Seguramente será en muchos años pero todo el tiempo que me queda será para amar a mi bella Fedra, le haré el amor todo el día y la eterna noche.
Hoy comienza su vida a mi lado. El único problema que no resolví aún es la persecución de Teseo por robarme su mujer. Me está amenazando de muerte desde que Fedra ha traído su cuerpo hacia mi, falta su alma. Pero basta, aguárdame unos minutos que te la presentaré.
Salió del cuarto y regresó con una vieja vasija que contenía una pócima milenaria, según el alquimista. Primero bebió él y luego mojó los labios de la estatua.
De pronto, la oscuridad se adueñó de la habitación y espeluznantes gritos rompieron en pedazos los retazos de sombras.
Cuando todo se calmó y la luz regresó, lo que había ocurrido allí no podía ser más escalofriante.
Sonia no halló a Doménico. Desesperada comenzó a buscarlo y halló en el atelier una nueva estatua: era Doménico en posición de desafiar al cielo.
Y en el piso yacía Fedra, una mujer concebida de una forma increíble, su desnudez dejaba al descubierto su perfección.
Pero dentro de su cuerpo no había nada, solo vacío. Encontrarán en su cuarto cientos de pedazos de algo. Es ella, la reconocerán por algunos trozos de arcilla.
Esto es lo que ocurrió señores. No tengo más que decir. Sé que es difícil de creer, pero cuando vean a la mujer vacía tendrán que aceptarlo.
Era solo un cascarón precioso de nada.
Y en el atelier podrán ver a Doménico. Una triste y melancólica estatua en un rincón…
—¿Que hacía caminando desnuda por el lago, señorita?
La mujer levantó los hombros.
—Cuando vi todo aquello, decidí largarme, estaba aterrada y confundida. Todo fue una locura.
La policía la dejó bajo custodia hasta tanto comprobaran su increíble relato.
A los pocos días la dejaron en libertad, no había pruebas de que había sido ella..
La joven, al salir, fue hasta su casa, tomó lo necesario, subió al auto de Charlie y se marchó del pueblo para no regresar jamás.
Antes de partir pasó por la casa y desde la ventana vio la escultura de Doménico.
—Debiste casarte conmigo y no con una fantasía. Todo fue un engaño, las cartas, mi amigo Charlie, actor y un genio de puestas en escena. Hasta yo me asusté con los gritos, me costó distinguir el sonido del balazo.
Querías la belleza perfecta para toda la vida y eso no existe, mi amor, una mujer que no hablara, que no envejeciera, que no te contradijera. Querías un cascarón vacío, pero te olvidaste de que son fríos y se rompen al primer golpe. Adiós…
Unos días después.
La policía siguió investigando el caso y fue el mismísimo comisario que encontró pisadas tenues sobre la tierra y como si alguien hubiera arrastrado un bulto pesado a su paso desde la casa.
Siguió la huella y detrás de unos arboles encontró a medio enterrar, un cadáver. Era Doménico.
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