Después de todo por Vanessa Zamora Acosta

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Aquella mañana nadie esperaba encontrarme allí, pero no podía hacer otra cosa que ir al funeral del padre de mis hijos.

—Flipo con la gente, de verdad. ¿Qué pretenden? ¿Que, por habernos divorciado y no acabar bien, no vaya a dar mis condolencias a su familia? Siempre me trataron como una hija más y se pusieron de mi lado cuando Miguel tuvo un affaire con su secretaria. Él siempre fue un padre ejemplar. Marido no, pero padrazo sí. Quería acompañar a los chicos; Valeria me lo había pedido. Mi niña estaba muy unida a su padre, era su superhéroe. Sin embargo, Nacho nunca se lo perdonó —le contaba a Teresa, nuestra antigua terapeuta matrimonial y amiga.

—Tranquila, Luisa, entiende que la situación les resulte violenta.

—No le guardo rencor. Miguel fue el hombre del que me enamoré, con quien soñé envejecer y tener hijos. ¡Claro que me dolió su traición! Lloré noches enteras preguntándome qué había hecho mal, hasta que comprendí que su decisión no definía mi valor.

Miré hacia el féretro. Valeria lloraba desconsolada y Nacho ocultaba su dolor. Abracé a mi niña. Mi hijo tardó unos segundos, pero finalmente apoyó la cabeza en mi hombro.

—No tienes que perdonarlo, cariño, pero tampoco dejar de quererlo. Cada uno lleva su dolor como puede.

Su familia me abrazó agradecida. También había sido mi familia y no pensaba borrarla de mi vida por un matrimonio fracasado.

Con el tiempo, Miguel y yo recuperamos el cariño. Por nuestros hijos aprendimos a hablar sin reproches, compartir cumpleaños y preocupaciones e incluso a reírnos juntos. Nuestra relación acabó rozando la amistad.

Algunas heridas tardaron en cerrar, pero Miguel seguía siendo el padre de mis hijos y el hombre al que una vez amé profundamente.

Comprendí que perdonar no significa justificar ni olvidar, sino dejar de vivir encadenada al dolor. Nuestra historia no tuvo el final que soñé, pero eso no convertía en mentira los momentos felices.

Porque algunas personas dejan de ser nuestra pareja, pero no tienen por qué convertirse en extrañas. No siempre podemos elegir cómo termina una historia de amor, pero sí decidir si dejamos que termine también el cariño.

@Vanessa Zamora

@Imagen Pinterest


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