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La bondad en Selfie by Awilda Castillo

Fotomaton

Awilda Castillo

—¡Que mi bondad es una de las virtudes más resaltantes que tengo! Mi tono de voz es una mezcla de súplica y firmeza, y mientras afirmo esto a través de esta videollamada, pongo además la cara más convincente, esa misma que he aprendido en las clases de actuación que tomé en un tiempo  y que ahora imparto como toda una experta. Y es que me he convertido en una experta en aparentar lo que no soy.

Razón tenía la tonta aquella que hace unos cuantos años me dijo: “Deberías dedicarte a la actuación, porque eres muy histriónica”. Ni más faltaba, que pueda yo reconocerle alguna virtud a ella, pero debo admitir que la pegó.

Esto es lo mío, pararme ante la vida como en un escenario y representar mi papel. Y digo mi papel, porque en realidad lo que otros ven, está bien lejos de lo que yo soy en realidad. Todos tienen por supuesto, el deber de aplaudirme en mi representación diaria. Yo simplemente doy lo que quieren y obtengo provecho de ello.

—Créeme Luis, lo que acabo de decirte es cierto. Puedes confiar en mí. Sería un gusto conocer a tu esposa y servirles en lo que pueda. Cuelgo la llamada y vienen los pensamientos a mi mente.

Este hombre me gusta, pero ante mis insinuaciones vestidas de piedad, no ha entendendido el mensaje, por tanto no ha caído en mis redes pero debo actuar con cautela, en atención de cuidar la reputación que tengo. Tanto en la cuenta de  Facebook, Instagram y el resto de las redes que manejo a nivel personal e institucional, me consideran como un dechado de virtudes.

Todos los días temprano, le envío a mis seguidores y al mundo,  mi aporte.

Va mi foto (una que elijo entre cientos que me tomo), con un mensaje que no es mío, pero que la mayoría de los casos me lo “fusilo” y funciona. Muchos dicen que son las palabras que esperaban; suerte que no las habían encontrado antes, junto a su verdadero autor.

Las reacciones o respuestas empiezan a llegar y los “likes” comienzan a subir mientras que mis cuentas se fortalecen.  Soy el sueño de más de un hombre y la envidia de más de una mujer. Tal como lo muestro  en las fotos que subo a diario.

Un matrimonio ejemplar y de apariencia feliz. Las imágenes que a diario tengo  colgadas por todos lados, así lo certifican. Ese que posa conmigo es mi compañero perfecto. Yo brillo, mientras él hace la sombra necesaria para que así sea.

Soy una mujer multitarea, capaz de coordinar y gobernar todo (y a todos). Sonrío mientras voy calculando mi próximo paso a dar.

—Permiso, Blanca. Están esperándote en la sala de juntas.

—Enseguida voy Clarita. Le regalo una sonrisa, pero por dentro pienso  “que manera tan estúpida la de esta niña de entrar a mi oficina”.

Busco mi ángulo favorito, el que ya conozco y hago clic en al menos diez ráfagas. De  ahí saldrá la toma perfecta.

Al subirla diré: “Empoderada y segura. Iniciando las labores del día”.

Trabajo para esta institución educativa desde hace nueve años. Cuando empecé,  nadie imaginaba que llegaría a ser parte de la Junta Directiva como la Asesora General.

Originalmente existían divisiones en las diferentes áreas de orientación. Antes teníamos un orientador encargado  quien debía guiar a los jóvenes, en especial a los que estaban próximos a ingresar a la universidad. Esa era la orientación académica y vocacional.

Par el resto del personal existía también quien les diera orientación de forma profesional ante cualquier dificultad que presentaran en el proceso de transmitir conocimiento.

Y en la junta directiva, los dueños o socios tenían quien les  asesorara  en la toma de decisiones para el desarrollo de cada uno de los proyectos estudiantiles y hasta de inversiones para el mejor funcionamiento.

Cuando ingresé. Cada una de estas áreas trabajaba por separado. Hoy, todos dependen de mí.

Me hice de la confianza absoluta del accionista mayoritario. Descubrí cuál era su debilidad y al final pude sacarle provecho. Él es vulnerable ante cualquier chica que esté bonita y sobre todo joven, y yo valiéndome de este conocimiento, serví de  mediadora en el último episodio protagonizado por este accionista y una ex alumna que se encontraba  en su último año para ese momento, pero que solo, contaba con dieciséis años.

Conseguí que la chica estuviera conforme con una beca para ingresar a una de las mejores universidades de la zona  y madre quedó tan agradecida por el apoyo, al punto de hacernos un reconocimiento público por nuestra loable labor. La chica solo tuvo que acceder de buena gana a los caprichos que debajo de su falda quería satisfacer Ernesto. Yo, la benefactora de todos, porque al final todos salieron ganando.

Desde entonces mis consejos han subido de nivel. La Junta Directiva se reúne, con el tono más humilde que he podido aprender a lo largo de los años, los manejo  por completo.

Tengo un horario flexible desde hace dos años, en los cuales abrí junto a un equipo que yo misma elegí, unos talleres de actuación. Eso me sirve para proyectar aún más mi imagen.

Es allí, donde he dado rienda suelta a todo este  disfraz de mi bondad. Diariamente los selfies de mi bondad, inundan mis redes sociales.

—La madre Teresa de Calcuta te hubiese incluido dentro de sus colaboradoras más cercanas, por tu gran bondad y servicio. ¡Eres tan buena! Es lo que he escuchado decir repetidas veces, luego de mi interpretación de ese mismo personaje en una función que realizamos hace poco.

Yo acepto todos los cumplidos, con mi cara de humildad, y en el fondo ruego porque no me toque acercarme mucho ni siquiera a esos niños cuya nariz está continuamente goteando, porque realmente no lo, soporto.

Al día de hoy, tengo todos los secretos de los padres de los alumnos conflictivos o de los que me llaman la atención, conmigo. Antes de hablar con el sacerdote del Colegio, hacen una primera entrevista conmigo y allí con la mayor discreción, puedo obtener la información necesaria por mover los hilos como quiero.

Sé cuándo los matrimonios están tambaleándose por alguna causa y si el hombre que me lo cuenta me gusta, simplemente le aconsejo y más de una vez he terminado consolándole de la forma más ardiente, entre las sábanas.

La excusa oficial para seguir con mi marido y que ninguno de los que han pasado por  mi cama digan nada, es su enfermedad. Si bien tiene su condición cardiaca (controlada) ninguno de ellos sabe que está totalmente estable y sin ningún riesgo. Así que mantengo mi vida “sacrificada” ante ellos. Yo tengo sus secretos y puntos débiles, además de tenerlos de mi lado cada vez que así lo quiero.

Un día más de decisiones, de consejos, de salvar la situación a más de uno.

—Muy buenos días, tengan todos. Disculpen la demora, tuve que atender una emergencia telefónica con uno de los padres de nuestros estudiantes… ya saben cómo es.

Ernesto me mira de reojo, comprendiendo más que ninguno la necesidad de mi intervención en alguno de los casos.

—Tranquila Blanca, todos sabemos que tan ocupada estas y lo agradecido que estamos de contar con tus consejos en todas las áreas. Estábamos evaluando lo del contrato del transporte para el próximo año escolar. Ya sabes que es una inversión significativa y tenemos tres propuestas de las cuales consideramos la número dos como la mejor. Por favor échale un vistazo y danos tu opinión.

Me acomodo en la silla y mientras lo hago, mi falda se sube un poco, y a propósito la dejo; ya que justo al frente está Miguel, quien es el socio más antiguo del plantel y sé que siempre me ha tenido ganas, pero mi condición de mujer recatada y de buena reputación ante todos, no le ha permitido acercarse nunca, pero yo, a propósito le permito una erección a expensas de lo que pueda ver cuando mis piernas se abren y la falta sin querer se sube. Miro que pone sus manos frente a la cremallera de su pantalón, y me doy por satisfecha. Es un regalo para ese señor, poder tener una erección conmigo,  a su edad.

—Me inclino por la tercera opción, la de la empresa del Señor Urbaez. Amplia trayectoria, unidades nuevas, padre responsable de una de nuestras mejores estudiantes. He conversado varias veces con él y tuve oportunidad de visitar las instalaciones de su empresa y realmente son la mejor opción.

—No se diga más, dice Ernesto y Miguel lo secunda. Vamos con la opción que propones Blanca.

El Sr. Urbaez es Luis, el que me habló hace un rato a mi celular. Es un hombre muy atractivo, casado con una mujercita insegura de esas que van 10 horas al gimnasio y aun así, no consiguen estar como para hacer que un hombre pierda la cabeza por ellas. Es que más que otra cosa, es cuestión de cómo se siente una por dentro. Y eso ella no lo tiene.

Así que mientras ella trata de quitarse la inseguridad en el gimnasio, yo quiero quitarle la ropa a su marido y jugar con él un rato.

Salgo de la sala de Juntas y mientras voy rumbo a mi oficina decido llamar a Luis.

—Luis, nuevamente buenos días. Te llamo porque tengo una buena noticia  que contarte, así que me encantaría que pudiéramos reunirnos esta tarde.

—Agradezco mucho la llamada, Blanca. En la tarde estoy ocupado, porque estoy programando un viaje, pero si me aceptas la invitación, podemos almorzar juntos.

Le oigo decir la palabra “juntos” y muchas ideas vienen a mi mente, así que no puedo perder la oportunidad.

—Déjame revisar mi agenda y te aviso en unos minutos.

—Está bien, espero oír tu confirmación entonces.

Cuelgo, la llamada y no evito para nada la expresión en mi rostro. Estoy parada frente a mi oficina y el vidrio de la puerta hace reflejo de mi rostro el cual sonríe, de solo pensar que ya tengo a Luis, más cerca de donde lo quiero.

Vuelvo a tomar el teléfono en mi mano y hago otra llamada, esta vez nada excitante, al menos no realmente.

—¡Alo cariño! Soy yo. Te llamo para decirte que la junta que teníamos pautada a primera hora, fue pospuesta para final de la maña, por tanto esto se va a extender y es probable que terminemos comiendo algo frío en medio de la reunión, así que no vamos a poder vernos a esa hora, y luego al salir de aquí me voy a la academia, porque voy a abrir una clase nueva de talleres de actuación, así que necesito ajustar los horarios. —Te veo en la noche, mi amor. Chao.

Sin preguntas inoportunas, ni contratiempos. Omar sabe que yo soy lo mejor que le ha pasado en la vida. Su disfunción eréctil (que no acepta que la tiene) va bien conmigo. En esos momentos hago mi mejor representación, el cree ser un hombre completo y yo simplemente mantengo la apariencia y mi satisfacción me la busco a la carta. Miro lo que hay en el menú, escojo y ordeno. Las redes sociales me han servido mucho para esto.

Dejó transcurrir unos minutos y marco el teléfono de Luis nuevamente.

—Cuéntame Blanca ¿almorzamos?

—Sí, perfecto a las 12: 00 nos vemos en el restaurante que tiene el Hotel Puerto Mar. Se hace un silencio de unos segundos y lo rompo diciendo: Es que es lo que tengo más cerca de la Academia donde dicto los talleres de actuación.

—Por supuesto, me imaginé que habría una razón justificada para esto.

¡Lo tengo! Espero con ansias el momento de verlo suplicándome que vaya al encuentro con él. Ha sido un tanto esquivo, pero al final sé que va a caer como el resto.

Transcurre el resto de la mañana y un poco después de las once, me dispongo  abandonar el plantel. Mi sorpresa viene al encontrarme con Cecilia, la esposa de Luis justo en la puerta de salida.

—¡Licenciada Blanca! Qué bueno encontrármela aquí, justamente iba a pedir una cita con usted.

—Sí por supuesto Cecilia, dígame. ¿En qué puedo ayudarla?

—Me contó Luis que había estado hablando con usted en estos días. No queremos afectar a nuestra hija con las cosas que a veces ocurren en nuestro matrimonio.

—Claro, entiendo. Me imagino que está aquí por su hija.

—No, estoy aquí por usted.

Esta murjecilla ¿qué es lo que quiere? ¿Que llegue tarde a la cita que tengo con su marido?

—Con gusto puedo atenderle en otra oportunidad  Cecilia, ahora voy de salida.

—Por favor, atiéndame aunque sea unos minutos. Hago todo lo posible por verme bien, para que mi matrimonio se mantenga, pero no lo estoy logrando. Temo que esto pueda afectar a nuestra hija.

¡Bingo! Pienso mientras  me acerco más a ella, como mostrando interés. Lo que saque de esta conversación, me permitirá tener un mejor encuentro con Luis, seguidamente.

—No sé  si usted lo sabe, pero en los últimos dos años he perdido alrededor de  15 kilos, y me esforzado mucho para verme bien. Pensé que esto haría que mi marido se sintiera contento y atraído, pero en el fondo creo que me hace falta verme mejor. ¿Usted no cree? Lo dice y me da un poco de lástima. Tanto esfuerzo y su propia configuración física, no le permitirá verse esbelta jamás. Si perdió 15 kilos debió parecer un balón medicinal anteriormente.

—Te ves genial, Cecilia. Simplemente genial. Luis debe estar muy complacido contigo.

—Bueno, yo no sé si él lo está, pero yo aún no lo estoy. Me sigo viendo sin la forma adecuada en  el espejo.

Ya tengo suficiente para saber el camino que voy a recorrer con el hombre que me espera dentro de poco. Cecilia va a ser más fácil de anular, que lo que yo me esperaba.

—Hagamos algo Ceci, vamos a vernos dos veces por semana en este mes e iremos conversando. Seguro que tú superarás todo, sin ningún problema.

—Muchas gracias licenciada. Definitivamente es como todos dicen: — Usted es de mucha ayuda.

Ayuda, la que me da el haber estudiado la conducta humana en mis clases de psicología, así voy entendiendo mejor cómo hacer para lograr lo que quiero. Una cita más en agenda, otro secreto que también será mío.

Voy a a subir a mi vehículo para encontrarme con Luis. Saco mi teléfono y tomo otra selfie. “Atentos a escuchar para poder servir” —con ello etiqueto a Cecilia y subo la foto a las redes. Ella inmediatamente da el primer “like”.

Llegó a mi cita y  mientras subo las escaleras que conducen al restaurante del hotel, pienso que debería estar yendo más bien hacia una de sus habitaciones, con Luis esperándome para pasarla bien. Pero es un bocado que me comeré, poco a poco.

Mientras mi bondad y dedicación, sigue estando expresada a través de mis selfies.

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