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Los poderes mágicos de Luli by MAC

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Este relato está construido a partir de un naipe -j re crivello

El pueblo estaba en crisis.  Doña Eulalia, la curandera y bruja protectora del pueblito Sortilegios había fallecido hacía ya una semana. Ocurrió muy de repente.  Al morir, sus poderes mágicos debieron de haber sido recogidos de inmediato en un amuleto y luego prontamente transferidos a su segunda nieta, Luli. Se trataba de un naipe que había sido embrujado para que sirviera de transporte a los poderes mágicos que habían sido de Doña Eulalia, de sus ancestros y luego, serían de sus herederas.

Estos poderes estaban destinados a ser utilizados únicamente para el bien del pueblito.  Serían heredados siempre por la segunda hija de cada generación cuando ésta cumpliera veinticinco años. En el pasado, hubo circunstancias especiales.  Luli era la segunda nieta de Doña Eulalia, la heredera legítima de los poderes.  Lo único distinto y tal vez enigmático era que la madre de Luli había fallecido al dar a luz a la niña. Luli había sido criada por su abuela, quien tuvo que retomar los poderes mágicos cuando falleció su hija.

El gran problema era que al no ser recogidos por el naipe, los poderes de la abuela andaban por ahí, por todos lados, haciendo travesuras.  La gente del pueblo estaba asustada por tantas travesuras, se estaban enfermando y las cosechas estaban secándose.  La ropa en los tendederos, de repente cobraba vida y se iba bailando por ahí.  Las sartenes y los trastes brincaban por todos lados en las cocinas.  Las herramientas de las fincas volaban por los aires, o se ponían a trabajar solas.  Los caballos y las vacas, hablaban…

Luli se encontraba desesperada buscando en el desván de la casa de su abuela.  Por lo menos sabía lo que buscaba, aunque no sabía dónde buscar.  Buscaba  entre cajas, libreros viejos y baúles, sin éxito alguno.

Se oía un tumulto frente a la casa.  Luli se asoma por la puerta y ve a la gente del pueblo arremolinándose frente a ella.  También estaba Don Estanislao, el alcalde.

—¡Luli, están pasando cosas horribles!  ¡Será tu culpa si perdemos las cosechas y si alguien muere! —gritaba la gente.

Mientras, Don Estanislao quiso hablar con Luli en privado y entró en la casa con ella.

—La gente es peligrosa cuando está así.  ¡Tienes que hacer algo ya! —dijo Don Estanislao.

—Sólo tengo quince años y mi abuela tenía que esperar hasta que cumpliera veinticinco años para transferirme sus poderes —responde Luli.

—¿Queeeeé?  Me estás diciendo que no puedes hacer nada hasta dentro de diez añoooossss? —responde incrédulo Don Estanislao.

—No, Don Estanislao.  Cuando suceden situaciones como ésta, los poderes se pueden transferir siempre y cuando ellos acepten a la receptora.  Yo estoy preparada para manejar la situación.  ¡Tengo que seguir buscando, si usted y la gente del pueblo dejan la histeria por un rato! —dijo Luli bastante enfadada.

—Mira Luli, nosotros no podemos tolerar esa actitud tuya.  Como alcalde, exijo que busques y encuentres una solución isofacto.  Si no resuelves esta situación para mañana al mediodía, te vamos a exiliar del pueblo y a derrumbar esta casa.  Es la única manera para que estos poderes realengos se vayan del pueblo.  Estoy seguro de que se irán en busca de otros lares si sienten que ya no pertenecen aquí —contesta Don Estanislao de mala gana.

—¡Mire, viejo majadero, váyase de mi casa y llévese a esos locos de allá afuera! ¡Y no piense que me asusta, tendré quince años, pero tengo mi cabeza bien puesta!  ¡Mi abuela me preparó para este tipo de emergencias y estoy haciendo lo que tengo que hacer para resolver esta situación! —responde Luli malhumorada.

—¡Quedas advertida! ¡Ya sabes, hasta  mañana al mediodía, o voy a cumplir lo advertido! —responde groseramente Don Estanislao.

—Usted sabe que si cumple esa amenaza, será la destrucción del pueblo.  Las cosechas no se darán y la gente enfermará hasta morir.  Sortilegios dejará de existir.  ¡Nosotros no somos como ellos! —responde Luli furiosa y a la vez con un tono de preocupación.

La pobre Luli se quedó molesta y aturdida por las actitudes de la gente del pueblo y el egoísmo de Don Estanislao.  Pero no podía quedarse patinado en esto.  Tenía que buscar algún indicio sobre dónde podía estar el naipe.  Recuerda que su abuela se la describió como sigue: era un dos de espadas con un recuadro y unas florecitas  de varios colores en  la parte inferior derecha.  Su abuela le había dicho que el número dos representaba la segunda hija de cada generación en línea directa. Mientras, que las flores colocadas de una forma informal y juguetona representaban la naturaleza de los poderes cuando estaban sin dueño.  La espada representaba la valentía y la lucha sin cuartel de la heredera de los poderes en bien de la gente del pueblo y su supervivencia.

De repente, miró hacia el fondo del desván y allí, como si nada y sin propósito, estaba el naipe encima de una mesita.  La tomó en sus manos y salió hacia afuera.  Levantó sus brazos sobre su cabeza, murmurando un encantamiento secreto.  Aquellos poderes realengos se convirtieron en un pequeño torbellino de color azul verdoso que viajó por los aires hasta el naipe.  Los poderes, al ser recogidos por el naipe, transformaron su color a un hermoso  azul cobalto.

Acto seguido, Luli coloca el naipe encima de su corazón.  Ésta era la prueba de fuego, tanto el naipe, como los poderes tenían que aceptar a Luli como la única heredera de aquella mítica fortuna.  Luli tenía dudas por su edad.  Si el naipe no transfería los poderes hacia ella, sería el fin de Sortilegios.  Existía un gran secreto que sólo las herederas de los poderes conocían.  Sotilegios no era un pueblo real, ni la mayoría de sus habitantes, era un lugar mágico que existiría solamente mientras existiera el linaje de protectoras que hacía siglos habían sido escogidas por el Gran Concilio de Brujas.

Con el pavor que resulta de la responsabilidad de tantas vidas, Luli coloca temblorosamente el naipe sobre su pecho.  Luego de unos segundos de profundo silencio,  el naipe se torna de un color rojo intenso, se escuchan los latidos del corazón de Luli. ¡Los poderes mágicos la aceptaron!  Ella comienza a recitar el encantamiento de transferencia.  Los poderes mágicos se transfieren al corazón de Luli, donde reposarán hasta que llegue el momento de ser transferidos a su segunda hija.

El alcalde y la gente del pueblo están felices.  La normalidad, si se puede llamar así, regresará.  Luli ha heredado los poderes de su abuela y ahora la salud, las cosechas y el bienestar del pueblito de Sortilegios han sido garantizados por otra generación.

 

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