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El Regreso del Halcón by Williams Nuñez

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La noticia causo un impacto. En nuestro País, sacudió los corazones de quienes estuvieron directamente involucrados en aquella cuestión y de quienes, después de tantos años, conocían del tema. Primero fue estupor, luego esperanza, paz, alegría, poco a poco apareció la desconfianza y la crítica. Más tarde, en algunos, el escepticismo, en los menos…el temor. Sin embargo, siguieron apareciendo algunos detalles importantes, agregados por pseudos cronistas, que lograban mantener en suspenso a los receptores de semejante anuncio.

El Coronel retirado, Augusto César, cerró con suavidad el matutino. Sus manos, mientras se iban crispando sobre el papel, temblaban. ¿Furia, Miedo…? Sintió un leve mareo. Se sentó. En los inmensos sillones de cuero, de la espaciosa biblioteca, no había ni una mota de polvo. Los pisos de madera estaban impecablemente lustrados y una gran alfombra persa, decoraba el centro de la sala. En medio, una mesita de vidrio y caoba, dispuesta para la ocasión. Whisky, dos vasos, agua, hielo y unas carpetas. Con un detalle más, flores blancas dentro de un jarrón chino.

Cerró los ojos con fuerza. Como en una vieja y clásica película, en fracción de segundos, vio las caras ateridas de frío de jóvenes soldados, casi niños, hundidos en el barro, apretando sus fusiles, mirando idiotizadamente el mar. Escuchó sus súplicas, llantos y gritos de dolor. Vio su propia mano, volarse una rodilla con su 9 milímetros«La única manera de escapar a tanto horror…» Volvió a experimentar irrefrenables deseos de orinar. Se levantó y llamó a la mucama.

-¡Erika…! Voy al baño…Apenas llegue el teniente Raúl, servíle un trago,sin hielo para él. Arriba de la mesita hay una carpeta y el diario, que vaya leyendo.¿Oíste…?-

-¡Sí señor…!- Contestó Erika desde la cocina contigua, al escuchar la atronadora orden.

El teniente Raúl yacía muerto al costado de la ruta desolada. Medio cuerpo boca abajo, sobre una zanja de agua podrida. Una bala había penetrado limpiamente por detrás de su oreja derecha y al explotar, salió por la mitad de su cara, arrancándole parte del pómulo y un ojo, agujereó el techo y se perdió en el aire. Tardaron algunos días en hallar el cadáver, semi oculto por los altos yuyales del lugar. Las huellas del coche parecían haberse detenido allí, para luego retomar la ruta. Efectivamente, un soberbio Mercedes Benz, color gris, con vidrios oscuros, entraba momentos después a la ciudad de Paraná.

Erika cantaba y el sonido del timbre la sacó de sus ensimismados pensamientos.

-Buenas noches, Ud. es…?- Preguntó la mucama.

-Soy el Teniente Raúl.-

La voz de aquel hombre era seca, fría, sin tonos particulares. Erika lo miró unos segundos, tratando de reaccionar ante lo imponente de aquel cincuentón alto, ojos verdes, semi rapado y enfundado en un sobrio impermeable azul oscuro. Creyó haberlo visto antes. Imposible. Hacía sólo un mes que ella trabajaba ahí.

Lentamente lo dejó pasar, cerró la pesada puerta del frente y cuando intentó indicarle dónde estaba la sala, éste ya se dirigía resueltamente a ella. Como si conociera la casa perfectamente.

El Coronel salió del baño para volver a la sala. Se había mojado la cara y la nuca con agua fría, se tomó un sedante y reprimió un intenso deseo de llorar. Pensó en pedirles a ciertos camaradas de armas que aún manejaban algo de“inteligencia”, que le confirmaran la noticia. Sólo era cuestión de tiempo. En este país, últimamente ocurría cada cosa, no sería nada raro que ciertos fantasmas, volvieran a inquietarlo.

Al entrar, él estaba parado frente a la chimenea, de espaldas al Coronel, por eso no lo reconoció, además, a su edad y sin los anteojos, se le hacía más difícil aún.

-¿Cómo está Coronel?-

La pregunta lo petrificó en el lugar, junto al sillón grande.

-¿Quién es Ud? No es el Teniente Raúl!- Balbuceó el Coronel.

-No…No soy su Teniente.- Dijo la figura y giró, enfrentándolo.

-Soy sólo un viejo soldado…que vuelve.-Terminó la frase.

Levantó la mano derecha a la altura de la cintura. Dentro del bolsillo se oyó un chasquido y se elevó una nubecilla con olor a pólvora. El disparo dio justo en el corazón. El cuerpo robusto y macizo del General hizo un paso atrás y soportó el golpe, cayó luego hacia adelante, con los ojos desorbitados y la boca abierta de estupor…Muerto.

Erika cantaba en la cocina y la sombra al alejarse, como tal, no hizo mucho ruido al salir. Quince minutos después, la mucama descubrió el cadáver y antes de que empezara a gritar, vio el titular del periódico sobre la mesita de vidrio.

UN ANTIGUO SECRETO

“…desde Inglaterra, periodistas de esa Nación, intentan develar ante la opinión pública, el reclutamiento de soldados que fueron hechos prisioneros durante el conflicto con Argentina por las Islas Malvinas. Según los mismos, luego de haber estado encerrados en viejas prisiones, fueron preparados física y síquicamente, para ser utilizados como frías máquinas de matar. (Asesinos a sueldo.) Existen fotos, documentos y testimonios grabados confirmándolo. Este hecho pondría en vilo a la sociedad británica y argentina, tal vez tensando aún más, las relaciones entre los dos países…” (Clarín- 24 de Marzo de 2019.)

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