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ACORDES by Carlos Moya

Era esa hora en la que ya ni es hoy, ni aún se llega mañana. Bajo el cenotafio octogonal plagado de símbolos arcanos. La puerta permanece oculta tras una espesa zarza. La reja cede con herrumbrosa facilidad emitiendo un leve quejido durante en cada uno de los grados que sus goznes giran. Do sostenido. Un angosto pasadizo penetra bajo el templo, traza un pétreo sendero erizado de esquinas.

Re menor. Apenas una decena de metros y la pequeña cripta se muestra a la vista en su escasa extensión. Mi sostenido. Cuatro pasos desde la entrada. En un rincón, la hornacina ofrece acomodo a una jarra tallada en translúcido cristal de roca. Fa mayor. El interior emite el color de rosa roja encantada, pulsa el brillo de dos corazones entrelazados, sincronizados laten al unísono. Sol minorLos observo y me retiro con silencioso respeto, siguiendo el mismo camino. La mayorInstalo el nuevo candado y recorro meditando el amanecer. En el húmedo suelo, sólo resuenan unos pasos. Sí mayorSilencio es la regla. A veces la justificación de tanto, sólo es otro milagro. 

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