Saldremos siendo mejores, decían durante la pandemia. El mundo será un lugar mejor. Miren a su alrededor, ¿se lo parece? A mí tampoco. Más les valía a algunos haberse quedado un par de lustros más metidos en casa. Pero si en vez de mirar, escuchan, entonces sentirán que, efectivamente, el mundo sí es un lugar mejor: ha salido una nueva canción de los Beatles. A alguno le podrá parecer una frivolidad, con la que está cayendo, decir que hoy todo es mejor por una canción, pero qué quieren que les diga, nunca me he tomado por un cagalástimas, esos que prácticamente necesitan la curación del cáncer y el fin del hambre en el mundo para comenzar a estar un poquito satisfechos con el rumbo de las cosas. Yo soy de los que aprecian las pequeñas cosas, y una canción nueva de los de Liverpool no es poca cosa precisamente. Sobre todo cuando la mitad de ellos ya hace años que cría malvas. Pero los otros dos no, más bien apuntan maneras para quedarse por aquí un par de décadas más, de modo que, a pesar de los años y la hasta ahora insalvable situación vital entre ellos, uno debe tomarse como una buena noticia el que aparezca nuevo material. ¿Verdad?
Pues verán, no. No todo el mundo está conforme con esto de que vayan resucitándose a los muertos para tomarse la última. Si uno lee cualquier artículo al azar, es muy probable que desde el mismo titular se señale que la IA ha sido la encargada de llevar a cabo con éxito esta nueva canción, algo que ha escandalizado a no pocas personas. Lo ven como una forma desalmada, en el sentido más literal de la palabra, de crear algo tan serio como una canción de la que continua siendo la banda más importante e influyente de la historia de la música. Y sin embargo, esto no es del todo cierto. A tenor de lo que se lee, uno pudiera pensar que han escrito toda una serie de parámetros, han llamado a Paul y a Ringo para que canten un poco y voilà, canción al canto. Pero la realidad es mucho más interesante y creativa que eso.
Años después de que asesinaran a Lennon, los tres Beatles restantes se acercaron a Yoko Ono para preguntarle si había dejado algunas canciones por algún lado en las que pudieran trabajar. La historia cuenta que ella encontró una cinta de cassette en la que ponía For Paul. Ahí habían grabadas tres demos en las que cantaba Lennon y de las cuales, después de trabajo en estudio y sesiones de grabación con los demás Beatles, se recuperaron dos. La restante, debido a problemas técnicos insalvables para separar la voz de Lennon del piano que tocaba, quedó sin acabar y acabó guardada en algún cajón. Hasta que hace un par de años el director de cine Peter jackson les informó que esa pequeña vicisitud ya estaba solucionada y que podían disponer de la voz de Lennon cantando la canción como si lo tuviesen allí mismo cantándola. La IA se encargó de separar esa voz de la demo del piano, y hasta ahí llegó su intervención. ¿Lo demás? Paul y Ringo haciendo lo que mejor saben hacer, tomas de guitarra del ya desaparecido George Harrison que grabó en los frustrados intentos de mediados de los noventas y nuevas incorporaciones musicales para rematar el asunto. Todo realizado por seres humanos vivitos y coleantes, para no ofender al ciudadano medio.
El uso de las nuevas tecnologías en la música es algo que siempre ha levantado ampollas y más de una ceja entre los más puristas. Los mismos Beatles fueron pioneros en la implementación de nuevas técnicas de grabación, y de eso ya hace casi sesenta años. Sin embargo, y a pesar de que bandas tan consagradas como Pink Floyd llevaron más allá de la luna sus sonoridades, siempre se vio con ojeriza el que se utilizaran instrumentos tan normales hoy día como son los sintetizadores. En los setentas u ochentas, ver a bandas compuestas únicamente de personas tras montañas de teclados, como Depeche Mode o Kraftwerk (y estos ni siquiera tenían un cantante correteando por el escenario como sí lo tenían y tienen los Depeche), provocaba odios sin precedentes. Aquello no era música, decían. Y sin embargo, tuvieron éxito y sobrevivieron a todas las críticas. Trent Reznor, la mente genial detrás del proyecto Nine inch Nails, dijo que si alguien se pensaba que era fácil hacer música con un ordenador, que se sentara y lo intentara. Yo mismo les puedo asegurar que es más fácil sacarse una carrera universitaria. De modo que ya desde casi mediados del siglo pasado nos venimos encontrando con los mismos agonías que no ven más allá de la guitarra eléctrica o el piano, y que hoy no ven con buenos ojos que una máquina depure una vieja cinta de cassette para sacarle brillo a una voz y hacerla sonar como lo hizo cuarenta años atrás. Mientras tanto, más de cincuenta años después, los Beatles van camino de conseguir un nuevo número uno, y eso, viendo el panorama, sí que es una buena noticia.
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