Cabalga sobre el lomo
de un caballo de cartón
cuya crin serpentea mecida por una brisa suave.
En el lienzo azul del cielo
pinta nubes,
y con la estela blanca que suelta la pintura
-como una rebaba-
traza pentagramas
en los que con esmerada caligrafía
escribe corcheas, semicorcheas,
fusas, semifusas,
y hasta sofisticadas claves de sol.
La sombra del árbol
como un fantasma bueno
al que perdió el miedo hace décadas
ya no vigila,
y ríe y ríe.
Mientras ella sigue pintando nubes.
Cuando se cansa
entierra en diminutos paneles de abeja
los pequeños tesoros de la tarde:
una margarita sin deshojar,
un canto,
un matojo de hierba,
una sonrisa,
la renuente clave de sol que, esquiva, se resiste a volver a casa.
Despierta al mundo
sabiendo que el paraíso no está,
como ella suponía,
irremediablemente perdido.
Solo tiene que cerrar los ojos,
Dejarse llevar.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.