Hace algunos años me topé con un libro: Eva, de Hadley Chase, que nos introduce en la figura de la femme fatale odiosa. Como si no tuviéramos bastante con lidiar con el primer concepto, ahora vemos que es posible arrancar toda una historia en torno a una mujer no solo sexy, sino también desagradable al mismo tiempo, casi como si una característica eclipsara a la otra. Así nos damos cuenta, de paso, de que la figura femenina es mucho más poderosa que la masculina a la hora de perfilar la idea de la obsesión.



Cuando encontré esta novela, mi hermana me dijo que ella la había abandonado porque no soportaba al personaje principal. Entonces me surgió la duda: si terminas odiando un personaje que el autor ha querido que sea odioso, y por ello dejas de leer el libro, ¿ha cumplido el escritor su objetivo?
Para entenderlo, vamos a ver la sinopsis del libro: tenemos a un gandul que le roba el manuscrito a un señor mayor que se lo ha confiado y que luego fallece. Este hombre, aprovechándose de la situación, firma el manuscrito con su nombre y lo presenta a editores, haciéndose rico y famoso gracias a ello. Todos quieren más de él: más escritos, una película, que ame a su prometida (que es su guionista)… pero Clive, que así se llama, no tiene talento ni ganas y se acaba enamorando perdidamente de una prostituta llamada Eva. Clive es básicamente un orgulloso, un mentiroso y un masoquista en cuanto a Eva, que no le aprecia ni lo atiende en lo más mínimo. Ella ni siquiera trata de mostrarse cariñosa en razón a su trabajo, sino que es antipática. Tampoco es guapa, pero su carácter la hace atractiva, pues parece que nos llama más la atención aquello que supone un reto. Pero las obsesiones son complicadas y Clive no desiste, llegando incluso a pasar por encima de su prometida y afectarle bastante poco la destrucción de esta. El libro muestra la mediocridad y obsesión de este hombre hasta el mismo final, algo que pone de los nervios al lector.
De esta manera, la trama juega con el elemento sexual para engancharnos, a la vez que engancha también al protagonista de la historia, sobrepasándolo incluso. Tenemos ejemplos de otros protagonistas deleznables pero que en algunos momentos, nos despiertan una comprensión extraña, como por ejemplo Heathcliff en Cumbres Borrascosas o incluso Humbert en Lolita, para algunos. De nuevo, historias que utilizan la figura femenina en sus diversas facetas para perfilar esa idea de obsesión, de castigo. Podemos decir que entendemos a estos protagonistas, aunque no compartamos lo que hacen. Esto despierta, de alguna manera, cierta misericordia hacia ellos y eso consigue que la historia global nos revuelva. Heathcliff es un pobre hombre muerto del rencor por perder a su amor; Humbert es simplemente un tarado en el imaginario social, demasiado encandilado para darse cuenta. Ellas, por su parte, se quedan neutrales: una señorita que no apreció el verdadero amor, una prostituta mal encarada o una jovencita inconsciente, que parecen no hacerse responsables del efecto que crean.
Hay incluso otro libro que he reseñado en anteriores ocasiones: El honor perdido de Katharina Blum, del premio Nobel Heinrich Böll. Un libro muy ágil de leer, a la par que revelador. Böll habla mucho sobre el poder de la prensa y las instituciones a modo de crítica feroz, sobre todo cuando su diana cae en una mujer joven, guapa – y roja – que se ve involucrada con un ladrón (otra femme fatale odiosa, al menos hasta que se demuestra lo contrario). En uno de sus pasajes, un periodista busca una descripción sobre ella, a lo que uno de sus jefes le comenta que es una persona “reservada y muy inteligente”. En el periódico, esto se traduce como “fría y calculadora”. Así, la gente empieza a elucubrar sobre este presunto demonio femenino. Definitivamente, lo de “presunto” evita muy poco. Es una novela perfecta para estudiar los juicios paralelos, por otra parte.
En definitiva, la iconografía literaria y artística de la mujer es infinita. Y vosotros, ¿identificáis a otras femme fatale odiosas?
Mercedes Fisteus
Escritora, (Villablino, León, 1995).
.Jurista y escritora, se inició en el camino de la literatura atesorando algunos premios infantiles y debutando con su novela Dentro de dos años, premiada en el certamen Ateneo Joven de Sevilla del año 2019. Desde entonces, ha seguido dedicada a la labor de escribir, tarea que compagina con la impartición de cursos centrados en las leyes laborales y el emprendimiento rural, la literatura, las leyendas, la tradición oral y la figura de las brujas en el imaginario popular, seres que ya trató en su citada novela.
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