sábado, junio 27 2026

Diez siglos de Arquitectura por Pippo Bunorrotri

Arquitectura del siglo X al XX en el reino de león

NACIMIENTO DE LA ARQUITECTURA UNIFICADORA DEL SIGLO X ROMÁNICA

EL PRIMER ROMÁNICO

ROMÁNICO DEL REINO DE LEÓN.- ROMÁNICO EN SORIA

 Concatedral de San Pedro

En el lugar donde se encuentra la concatedral de San Pedro, debió existir un templo ya a comienzos del siglos XII, en tiempos de dominio de Alfonso I de Aragón.

Este templo se renovaría a mediados del siglo XII cuando se convirtió en colegiata al mando de canónigos regulares de San Agustín, que construirían un gran templo románico y el resto de dependencias monásticas: sala capitular, claustro, etc.

Lamentablemente, el templo se vino abajo en 1520, por lo que se reconstruyó, no quedando de la iglesia románica más que restos en el brazo sur del transepto y tres de las pandas del claustro. En 1959, la colegiata de San Pedro se convierte en concatedral, compartiendo sede episcopal con El Burgo de Osma.

El Claustro

Del cuadrilátero del claustro románico han permanecido la mayor parte de las pandas oeste y este y completa la norte. La sur, es decir la que se encontraba junto al templo, fue destruida en la reconstrucción del siglo XVI.

Las arquerías de este célebre claustro soriano están compuestas a un modo muy clásico, alejadas del exotismo de su vecino de San Juan de Duero. Las columnas son dobles con los fustes cilíndricos separados y se apoyan el en el habitual podium. Una de las peculiaridades son los machones centrales de cada panda con una estructura columnaria exterior formada por dos columnas bajas de largos fustes que son superadas por otras tres más cortas.

La larga lista de capiteles muestra un variado repertorio. Con todo, lo más habitual es encontrar cestas vegetales de diversa composición. Algunos de estos muestran hojas muy abiertas y de aspecto bastante horizontal. No faltan, entre ellas las que muestran plantas de la flor de aro (arum italicum) con su característico racimo de frutos arracimados, que muchas veces se pueden confundir con piñas. Estas flores de aro constituyen uno de los elementos más característicos del segundo taller silense, lo que refrenda la relación entre San Pedro de Soria y el monasterio burgalés.

No faltan tampoco los animales reales y fantásticos enredados en tallos vegetales -de nuevo al modo silense- como dragones, grifos, arpías, aves zancudas, leones, etc. En algunos de los casos hay personajes humanos que agarran a estas bestias o luchan contra ellas y también escenas de caza (un ciervo es acosado por cazador, perro y un sagitario)

También hay capiteles con episodios neotestamentarios ligados al Ciclo de la Natividad y escenas monásticas.

La Sala Capitular y otras puertas

En la panda oriental del claustro podemos ver lo que era la entrada a la originaria sala capitular (ahora convertida en capilla aneja a la iglesia) más otras puertas que daban acceso a dependencias desaparecidas. La puerta de entrada es de arquivoltas de medio punto (el intradós de la interior, angrelada) con cuatro columnas de capiteles con representaciones del bestiario fantástico. Dos ventanas flanquean esta puerta. Son especialmente hermosas y están compuestas por un vano bíforo y un óculo polilobulado que son rodeados por arcos semicirculares sobre columnas.

Santo Domingo

La iglesia de Santo Domingo fue en origen la de Santo Tomé, pero durante el reinado de Alfonso VIII se reedifico como una ambiciosa iglesia de tres naves que no se terminaron. Lo más destacable y único en el románico no sólo soriano sino español es su fachada occidental.Tradicionalmente, historiadores y críticos de arte han llamado la atención de lo extraño de una construcción de estas elegantes características en contraste con el carácter austero de estas tierras sorianas.

Es un edificio de tipo francés, como los que abundan en la región de Poitou. En concreto se ha afirmado reiteradamente que se trata de una simplificación de la gran iglesia de Notre dame la grande de Poitiers.

El templo quedó inconcluso, pues además de la torre del costado septentrional sólo se edificó la fachada y dos tramos de las naves. La fachada está dividida en tres secciones o cuerpos. En el primero, además de la gran portada hay cuatro arquerías de dos arcos murales sobre columnas.

Por encima hay semejante disposición de arquerías pero con columnas de fuste más corto y en las enjutas las figuras de dos personajes que tradicionalmente se ha interpretado que corresponden a los reyes Alfonso y Leonor. En el tercer cuerpo hay un gran rosetón de ocho radios y en el remate una cruz.

La puerta es excepcional. Tiene cuatro arquivoltas completamente figuradas y frontón. En éste hay un Pantocrátor con el Niño Jesús rodeados por el Tetramorfos y la Virgen y San José. La arquivolta interior muestra los 24 ancianos y un ángel. En la segunda diversas escenas de la matanza de los inocentes. En la tercera hay escenas de la vida de Cristo desde el ciclo de la Natividad hasta los últimos episodios de la Pasión.

Estas esculturas son acertadísimas desde el punto de vista iconográfico, de tal manera que con con pocos elementos expresan con claridad lo sucedido en cada episodio bíblico.

Es difícil resaltar algún grupo escultórico frente al resto pues todos son, como hemos indicado, de gran calidad pero quizás el más llamativo y expresivo nos parece aquél en que el rey Herodes es aconsejado por el diablo -en forma de dragón- para ordenar la matanza de los niños. En este grupo escultórico, Herodes aparece pensativo o incluso dormido y la bestia se yergue rampante y apoyando la pata delantera en el hombro le susurra al oído.

Otro grupo muy elocuente es aquél en que Dios y dos ángeles mantienen en sus regazos unas cabecitas que representan las almas de los ajusticiados.

En los capiteles de las columnas de la portada hay escenas de la Creación del Universo y del hombre y la disputa de Caín con Abel. No cabe duda que la fachada de Santo Domingo, en un soleado atardecer es de lo más bello que puede mostrarnos el románico español.

Por su parte, el rosetón también es portador de un jugoso conjunto de esculturas que suelen pasar desapercibidas por la atención que atrae la portada y por estar a más altura, por lo que es necesario para poder contemplarlas disponer de un buen teleobjetivo o prismáticos.

También hay que decir que son raros los trabajos publicados sobre esta iglesia que mencionen las tallas colocadas del rosetón. Este óculo tiene unas hechuras arquitectónicas relacionables con el de la fachada de Santa María de Huerta. Sin embargo, éste es completamente anicónico como corresponde con el espíritu del Císter, mientras que el de Santo Domingo cuenta con gran variedad de escenas esculpidas donde numerosos hombres combaten desesperadamente con maléficos dragones.

En cuanto al interior, los primeros tramos románicos muestran tres naves separadas por arcos que apoyan en pilares cuadrados, con parejas o tríos de columnas adosadas para recibir los arcos fajones y formeros respectivamente.

En los capiteles de las columnas aparecen numerosas cestas vegetales talladas con primor, pero más apreciables son los que muestran animales de filiación silense, como leones, dragones, grifos, etc.

San Juan de Rabanera

San Juan de la Rabanera es otra de las importantes joyas del románico de la ciudad de Soria. Se ubica en la céntrica calle de los Caballeros.

Se trata de un templo originario de los últimos años del siglo XII o comienzos del XIII, constituida por una nave de tres tramos, acusado transepto, ábside de semitambor precedido por largo presbiterio y con cúpula sobre el crucero que soporta una torre de campanas más moderna. Aunque no se aprecia exteriormente, en los muros orientales de los brazos del transepto se abrieron dos absidiolos o capillas, con forma de hemiciclo.

Tiene dos capillas modernas añadidas en los costados meridional y septentrional en el siglo XV. Otro postizo, en este caso románico, es la puerta del muro occidental que perteneció a la arruinada iglesia también soriana de San Nicolás y que fue trasladada a San Juan de Rabanera en el año 1908.

Peculiaridades del ábside El esbelto y alto ábside de esta iglesia es muy original. Muestra algunas características que no se dan en ningún otro templo románico español. Para empezar, los refuerzos exteriores no son columnas entregas ni contrafuertes lisos, como es lo habitual, sino pilastras acanaladas de similitudes clásicas.

Otra característica original es que el paño central, el que se corresponde con el eje del ábside, no está ocupado por un ventanal sino por una de estas pilastras. Esta disposición establece una extraña simetría.

A ambos lados de esta pilastra-eje hay sendos ventanales, de arquivolta, más que apuntada, de perfil elíptico. En los paños de los extremos el maestro de la obra prefirió establecer, en lugar de nuevos ventanales, dos conjuntos de relieves murales a base de rosáceas y otros motivos geométricos y vegetales.

Interior de la iglesia

El interior es espectacular a pesar de su modesto volumen. La sensación que transmite un paseo por este templo es de acusada verticalidad, debido a la proporciones de las distintas partes con escasa superficie pero altura considerable, además del empleo de arcos sensiblemente apuntados.

El ábside tiene la particularidad de mostrar bóveda gallonada ya que los nervios del cascaron sobresalen creando concavidad en los plementos. Em presbiterio lleva medio cañón con nervios de refuerzo.

Los brazos del transepto también llevan medio cañón apuntado, en esta ocasión sin los citados nervios.

El crucero se aboveda con cúpula semiesférica mediante trompas.

Las bóvedas románicas del cuerpo de la nave se han perdido para ser sustituidas por otras barrocas de lunetos.

Las portadas

La puerta occidental, procedente de San Nicolás, tiene arquivoltas de medio punto y un tímpano donde parece el obispo San Nicolás de Bari, sentado y vestido con sus atributos, rodeado de otros personajes eclesiásticos.

Los capiteles de las columnas muestran escenas neotestamentarias de la vida y muerte de Cristo: aparición María Magdalena, la Resurrección, la cena en casa de Simón y la duda de Santo Tomás.

En el conjunto contrario de capiteles, hay escenas de la vida de San Nicolás de Bari.

La puerta propia de esta iglesia se encuentra en el muro sur y está cegada. Es más sencilla que la anterior citada y tiene arquivoltas decoradas con arquillos perlados entrecruzados. El tímpano muestra dos rosetas.

Tiene planta de cruz latina destacando el ábside semicircular divido por pilastras acanaladas de gusto muy clásico en lugar de las habituales columnas, con bellos ventanales apuntados sobre columnas y arcos ciegos con grandes rosetas.

En el muro meridional se abre una puerta original sencilla, mientras que la del hastial de poniente procede de las ruinas de San Nicolás con cuatro arquivoltas, tímpano y tres pares de columnas con capiteles que muestran escenas neotestamentarias muy ricas en calidad

Historia de ciudad de Soria en los primeros siglos medievales

Dada la importancia de Soria en la historia medieval, muchos investigadores desde hace siglos han dado su punto de vista sobre el origen de la ciudad y sobre su toponimia,

Muchas de estas hipótesis tuvieron, sobre todo si proceden de autores de siglos pasados, más de leyendas e invenciones que de datos contrastados arqueológicamente o por referencias documentales.

Así que aquí, nosotros, sólo mencionamos que hay quien supone que en el lugar del castillo de Soria pudo haber existido alguna fortificación prerromana y romana. En algún que otro caso, incluso, se llega a aventurar la hipótesis de que en el asedio a Numancia debiera las fuerzas romanas contar con alguna fortificación que dominase el Valle del Duero.

También se supone que en los primeros siglos de la presencia musulmana en la Península, este monte tuviese alguna atalaya de las muchas que existieron en la Marca Media del Emirato-Califato.

Tras las expediciones victoriosas de Almanzor a finales del siglo X, llegó el ocaso del Califato y el conde Sancho García recuperó numerosas poblaciones y fortalezas sorianas entre 1010 y 1011. Entre ellas debió estar esta probable fortificación de la futura ciudad soriana.

Hasta entonces, Soria no es citada en documentos y cronicones. Algo que sí ocurre abundantemente para lugares como San Esteban de Gormaz, Osma, Medinaceli, etc. y en menos medida de Garray, cuyo nombre siempre ensombrece al de Soria, posiblemente por estar limitada a un castillo y algunos pocos pobladores.

Será durante estas primeras décadas del siglo XI cuando los aledaños de este viejo castillo moro se vea repoblado como consecuencia de su carácter fronterizo entre el Condado de Castilla y el Reino de Navarra, además de con los musulmanes que no se hallan muy lejos.

Con Fernando I y Alfonso VI estos territorios son afianzados frente a los árabes y se van repoblando de manera continuada, sobre todo tras la llegada de los almorávides que obliga a este último monarca a reforzar todo el territorio fronterizo para «taponar» la posible agresión de los nuevos dueños de Al-Andalus.

Lo que sí parece que es claro es que Alfonso I de Aragón (El Batallador) durante su tortuoso matrimonio con Doña Urraca de Castilla y León, afianzó la repoblación de Soria convirtiéndose en una villa de importancia.

Tras la separación de Urraca y Alfonso en 1114, la ciudad soriana debió quedar bajo el poder de Aragón.

Tradicionalmente se cita la fecha de 1119 como de la repoblación efectiva de Soria por el monarca aragonés.

Aunque con tensiones entre aragoneses y castellanos, Soria pertenecerá a Aragón hasta la muerte del Batallador (1134), momento en que es recuperada para Castilla, ya en tiempos del reinado de Alfonso VII el Emperador.

Parece que el nieto de Alfonso VII, el que luego reinaría con el nombre de Alfonso VIII de Castilla, tuvo siempre predilección por la ciudad de Soria pues siendo niño (en 1160) los sorianos le protegieron de su tío Fernando II de León y le trasladaron a Atienza para que no cayera en sus manos, lo que habría dado, de facto, el poder sobre el reino castellano.

Aquellas décadas del último cuarto del siglo XII debieron ser de auge de población y de florecimiento continuado. Sin embargo, un hecho traumático va a frenar esta evolución. Y es que, aprovechando la debilidad y desconcierto producido en Castilla por la derrota de Alarcos ante los almohades, Sancho el Fuerte de Navarra invade los territorios sorianos entre 1195 y 1196 y saquea las urbes de Almazán y Soria.

Como respuesta y poco después, Alfonso VIII concede el Fuero Extenso a Soria volviendo a recuperar población y esplendor. En esta época la ciudad de Soria llega a tener nada menos que 35 parroquias. Debemos deducir que serían barrios o caseríos cuyas familias giraban alrededor del templo parroquial que estaría construido en estilo tardorrománico. Aunque hay que decir que la pertenencia de las familias a las parroquias no siempre se realizaba por cercanía física.

@Pippo Bunorrotri     


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