martes, abril 28 2026

LA SALA DE ESPERA by Luís María Compés

 

Mi nombre es Emilia, y lidero el partido político, Partido del Pueblo. La situación del país me obliga a usar todas las armas al alcance para ser yo la que gobierne. Mi opositora es la de siempre, la que me persigue desde hace años y me fastidia. Con el fin de cargármela pensé una argucia. La cité para el martes, 13 de febrero, en mi despacho de la calle Putierrez.  Pensé en trasladar hacia ella toda la aversión que me producía su personalidad ególatra y pretenciosa. Éramos adversarias políticas, pero por encima de ello jamás la iba a perdonar que me quitara al chico que más me gustaba de la universidad cuando los tres estudiábamos ciencias políticas. Sebastián se fijó primero en mí. Comenzamos a salir en grupo a tomar algo por los bares de Moncloa. Él me hacía reír un montón y fuimos creando una complicidad muy bonita entre los dos. Pero Elisa es insaciable. Desde que nos conocimos siempre ha querido estar por encima de mí. Conclusión, usó sus armas sexuales para quitarme al chico de mis ilusiones. Cuando quise darme cuenta, eran novios. Dos años después, casados. Tres años más, y tenían el primer hijo. Debí tirarla de los pelos en su momento y colocarla en su lugar. No la aguanto.

            Ahora, en la sala de espera de mi despacho en la sede del partido… que espere. Que aguante. Voy a tardar todo lo que me dé la gana hasta que desespere. Cuando la reciba quiero que esté de uñas, que diga cosas inconvenientes, que se ponga en evidencia y suelte barbaridades por la boca. He dispuesto cámaras ocultas para grabar todo lo que suceda. Quiero cargarme su carrera como líder del Partido Nuevas Ideas para siempre. Hundirla, en venganza de tantas cosas malas que me ha hecho.

            Fue mi secretario, Aramis, el que me avisó de la llegada de Elisa. Ella es muy presumida; cuida mucho su imagen pública. Siempre se la ve recién salida del salón de belleza. Los labios pintados de rojo chillón. Vestidos y trajes de chaqueta elegantes, de diseñadores conocidos, que yo dudo si son apropiados teniendo en cuenta que la parte del electorado que la vota es gente de bajo poder económico, de barrios modestos.

            Me senté y puse en marcha un monitor en el que se la veía en la sala de espera. Al principio aparentaba relajación. Tecleaba su móvil de modo compulsivo. Quince minutos después se levantó para preguntar qué pasaba. Aramis le dio un poco de pomada, como teníamos diseñado, y ella tomó asiento de nuevo, ya muy incómoda. Así duró solo cinco minutos más. Yo disfrutaba viendo el monitor. Ella enrojecía por momentos. Empezó a tener un pequeño tic, que conocía de sobra de nuestros años jóvenes. Se le subía la parte derecha del labio y el ojo del mismo lado parpadeaba sin parar. Me frotaba las manos pensando que cuando entrase, tras media hora de espera, metería la pata con insultos y todo quedaría grabado. El final de su carrera política estaba muy próximo.

            Elisa hizo ademán de marcharse. Dijo que no aguantaba más tiempo de espera; le parecía una falta de educación por mi parte tenerla media hora en aquella sala.

            Los acontecimientos que se desarrollaron desde ese instante fueron el detonante del final de «MÍ CARRERA POLÍTICA», no de la suya, como yo había pergeñado. Mi opositora tuvo un comportamiento exquisito cuando al fin abrí mi puerta para recibirla. Lo que yo no pude nunca saber con anterioridad a los hechos fue que en mi despacho se habían instalado micrófonos por encargo de la fiscalía y los jueces anti corrupción. Nada tenía yo que ocultar al respecto, pero sí grabaron las escuchas mis planes para perjudicar a Elisa. Todo salió a la luz. Alguien filtró a un medio de comunicación de máxima audiencia mis palabras preparando la trampa. El gran escándalo desbarató mis años de trabajo. Fui el hazme reír del país.

            Desaparecí de la vida pública. Cambié de ciudad. Viví con una nueva imagen personal para que no me reconocieran; muerta de vergüenza. Aprendí una gran lección, eso sí. El universo te devuelve lo que tú generas. Definitivamente, Elisa fue lo peor que me había pasado en la vida. Así lo pensé. Pero… nadie conoce el futuro. Y no os voy a contar nada más, pero un día se iluminó mi existencia y algo muy bueno hizo que todo diera un giro. Ahora…


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