EL OCASO DE UNA GENERACION EN SOLEDAD— By David Sarabia

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Anciano en pena (en las puertas de la eternidad)
Retrato de lo que sentía el pintor en sus últimos días.

Retrato del artistaVincent Van Gogh

Países Bajos, 1890

En este hoy estamos fuertes, con toda la energía y con planes hacia el futuro; miramos un mañana con los deseos acompañados propios de la índole de esta temporada navideña. No obstante, no miramos el camino hacia atrás, las huellas que hemos dejado, la semilla y la cosecha de nuestra propia extensión de la existencia. Quizá hemos avanzado solos, o en pareja. Y aun así, no vislumbramos los posibles nubarrones en el horizonte: el de la vejez, la enfermedad y la soledad. Porque con el avance de los años esas fuerzas se agotan, y mucho más con un padecimiento crónico degenerativo. Es cuando nos vamos a dar cuenta, demasiado tarde, que estamos completamente solos.
Recuerdo que cuando era niño, el maestro o la maestra en el salón preguntaba a cada uno: ¿Cuántos hermanos son ustedes? Al llegar mi turno respondía categóricamente: somos cuatro. Y recuerdo también cómo la mayoría de mis compañeros de clase hacían cara de asombro y algunos expresaban: ¡Son un chingo!
Y era de espantarse para quienes opinaban así, debido a que ellos, eran dos hermanos y en ocasiones hasta hijo único, máximo tres. Y hablar de cuatro; era como si papá y mamá fueran unos súper conejos calenturientos que no hubieran tenido en su rancho clase alguna de educación sexual. Eran los años ochenta y parecía que al último tercio de los baby boomers quienes vivieron al máximo su juventud en los 70’s bailando las rolas de los Bee Gees haciendo los pasos de John Travolta, decidieron mejor estudiar una carrera, tener un mejor trabajo que sus padres, y sobre todo, tener menos hijos para así poderles dar una educación de mayor calidad. Cosa que sí lo logaron; ya que la generación X fue muy mimada, con menos hermanos, con mejores oportunidades, la cual creció y desarrolló en un mundo que estaba dando sus primeros pasos en la informática; una tecnología que iba a revolucionar las comunicaciones y por ende hasta el pensamiento hacia una nueva cultura social, cosa que sucedió, por lo tanto, los X tenemos un pie en la era análoga y la otro en la digital. Yo soy orgullosamente de tal generación, nacido en el 76, donde una pareja con cuatro hijos ya era vista como una familia numerosa, pero nada que ver con los abuelos quienes hicieron chamacos tal si se tratara de una producción industrial bajo el plan y dogma de: “los que Dios les mande”
Ahora, en el cercano amanecer de los cincuenta años de edad y otros que ya lo rebasaron, los X tienen cuanto mucho 3, y esos ya son “un chingo” de acuerdo a los estándares modernos del sentido común y social. Y también, algo curioso comenzó a verse, muchos decidieron no tener hijos, y otros decidieron no casarse, extendiendo una soltería ligada a una juventud eterna, y en estos dos últimos aspectos, los Millenials decidieron imitar a unos padres que los tratan como si fueron amigos de fiesta, y no como el jefe de familia severo y estricto que fueron los abuelos y tatarabuelos.
La brecha de solteros y parejas en unión libre, quienes primero tienen el propósito de disfrutar la vida y los segundos de no estar atados mediante papeles jurídicos y religiosos en caso de que la amorosa convivencia no era lo que esperaban, y así, soltarse fácilmente para que cada quien tome el camino que les convenga y así seguir enamorándose una y otra vez hasta encontrar a su media naranja, mientras que los primeros seguirán viajando alrededor del mundo mientras se toman selfies en lugares de ensueño protegidos por los muros invisibles de la frivolidad.
Y ahora está emergiendo una nueva generación, los Z.
Los jóvenes que entre los 18 y 25 años, la mayoría no quiere tener hijos. El propósito principal de ellos es dedicar más tiempo a sus metas personales, y en parte la situación económica y laboral tiene que ver; tener un empleo redituable, comprar un auto, una casa; hoy en día representan años de trabajo y no lo garantiza, y agregarle un hijo a la ecuación es visto como una carga, un estrés que no quieren vivir… para qué, mejor hay que seguir siendo jóvenes como los padres cuarentones, y también para qué formar una familia tradicional, si ya los amigos, (en especial los solteros, o parejas que estamos en la misma frecuencia), y claro, los perros, esos peludos adorables (grandioso, un hijo cuando crece te juzga, en cambio un perro no, y su manutención es mucho más barata, y si se me enferma y su tratamiento sale costoso, pues lo duermo y ya, le lloro y al día siguiente compro otro), y hasta los compañeros de trabajo son las nuevas familias (mientras estemos en el mismo trabajo, porque cuando los despiden o se renuncian, fuera del ambiente laboral no tenemos de qué platicar, ya que todo gira dentro de la jornada de ocho horas). Y si llegaran a tener un hijo, para qué hacerle otro hermano, pues si sus primos también son sus hermanos… asunto arreglado.
Bueno, todo este choro quizá sale de mi debido a mis problemas de infertilidad, de la cual estoy en tratamiento y me cago por tener un hijo con mi esposa y me da envidia al conocer parejas jóvenes y fértiles que les importa un soberano sorbete hacer crecer a la familia. Pues sí. Pero, la verdadera razón de esta metralla de reproches viene de una experiencia que estamos pasando, en especial la familia de mi esposa, también mi familia y a quienes quiero un chingo. Algunos de mis contactos se han enterado porque lo he publicado en Facebook. Mi suegro tiene un padecimiento en el riñón, un tumor que ya le devastó el órgano, y de paso, le está haciendo estragos al hígado.
Y respecto a lo mencionado párrafos atrás, estoy totalmente de acuerdo en que cada quien viva la vida como le dé su regalada gana. También soy partidario de que hay que traer hijos a este mundo hechos con mucho amor y mucha responsabilidad, y que sean pocos para darles nuestro tiempo y una educación de calidad. Calo que sí. Y también estoy súper totalmente de acuerdo quien decida no tenerlos, ya sea el motivo o pretexto que respalde tal decisión, es muy respetable, tanto, ya sea porque quiere seguir disfrutando la vida sin esa responsabilidad que conlleva el de cuidar a un ser humano indefenso o porque no quiere que ese humano venga a este planeta tierra lleno de horrores y desventura.
Regresando al asunto, el de tener a un familiar de primera línea padeciendo un cáncer que se está volviendo cada vez más agresivo, me puso a reflexionar muchas cosas. El de haber conocido a una persona autónoma, fuerte, tanto de carácter y físico; verla reducirse en menos de un año, involucionando y quedando en el desamparo de sus propias fuerzas físicas para quedar totalmente dependiente de las personas que alguna vez él protegió. Es algo que nunca había vivido. Sí, lo vi como espectador en otros parientes de segunda o tercera fila, pero no es igual cuando pega en tu propio núcleo; sea un padre, un hermano, un hijo, en mi caso el padre de la mujer que amo. Y como dicen, una cosa es el espectáculo desde las butacas, y otra es estar arriba en el escenario.
Así es que quienes han pasado, y que realmente todos vamos a transitar por esa experiencia, seamos los parientes o nosotros mismos el paciente en calidad grave para después recuperarnos gradualmente o en el peor de los casos dar el manotazo y aferrarnos a la vida que se nos escapa. Saben perfectamente todo el periplo que conlleva tal drama: idas al hospital con los especialistas, idas a los laboratorios para muestras entre otros tipos de estudios. Cuidar al pariente día y noche en caso de que quede internado ya sea para su operación o porque está en mal estado, o en su caso en el mismo hogar estando al pendiente de los medicamentos, del tanque de oxígeno, de los niveles de glucosa y presión, de hacer los pagos respectivos de todos los servicios aunado al desgaste económico, físico, mental de toda la familia quienes sufren junto con el enfermo. Y es en estas circunstancias que es cuando la persona que padece tal calvario comienza a cosechar lo que sembró.
En el caso de mi suegro, tiene una esposa y tres hijos que lo adoran y yerno que lo quiere mucho, y todos nos la hemos rifado. No lo hemos dejado solo ni un instante ya sea en su hogar o en el hospital, todos al pie de cañón, aferrados quizá a lo inevitable. El panorama no es bueno, pero, como me dijo una vez mi amiga, poeta y enfermera de profesión Beda Domínguez: “todo paciente tiene derecho de pelear hasta su último aliento” y nosotros como familia unida junto con los médicos, estamos dando la pelea. Pero realmente quien tiene la última palabra, es Dios.
Ahora reflexiono, qué será de mí si llego a una edad muy avanzada con mi esposa en el mejor de los escenarios, pero sin mis padres y alguno de mis hermanos. Quien cuidará de mi o de mi esposa en una circunstancia similar. Los dos viejos y enfermos, y uno grave. El otro no tendrá la fuerza suficiente para llevar a cuestas tal misión. ¿Serán nuestros sobrinos? ¿Mis ahijados? Eso me hace también pensar en aquellos amigos o estos jóvenes que avanzan por la vida como si esta fuera infinita y sin tiempo. Que lleguen solos, completamente solos…
He leído de grupos en Facebook que se han preocupado al plantearse tal panorama, e incluso lo he escuchado de amigos, quienes se han planteado que cuando pase el tiempo, juntarse y vivir juntos, y pasar la vejez juntos, y cuidarse y curarse los unos a los otros… este, pues, es que vivir con una amigo es muy diferente a una pareja. Un amigo no se sacrifica y se entrega con el mismo amor de una madre o un hijo. Incluso, hasta se puede dudar de la pareja. Pero si llegara el tiempo, esos amigos se unieran para tal travesía, me gustaría verlo. Aunque también, y todos nos hemos enterado de familias numerosas de hasta más de diez hermanos, que cuando el padre o madre está convaleciente y avanzados en años, solamente dos hijos los cuidan y los demás ponen pretextos o sencillamente se hacen pendejos; pero ha, nomás fallece y todos se juntan el mismo día viniendo de los rincones más alejados del país.
¿Es un albur o un volado? Sí. Sin embargo, aquí entra la sabiduría de quienes formaron con amor a esas personitas, y es la cosecha de la siembra. Al contrario, de llegar a ese momento completamente solo, sin opciones de nada. Tú y sólo tú ante la adversidad. ¿Quién te cuidara con toda la fuerza del amor que únicamente la misma sangre de tu sangre da?
Como administrador de empresas que soy, parte de mi formación es analizar el pasado para vislumbrar un futuro, y también, como ex vendedor de seguros que fui en un banco, visualizo, y respaldado por datos (el estadístico que marca la tendencia hacia un 2050 donde la mitad del planeta vamos a ser personas ancianas, si llego), veo que se van a vender paquetes con servicios geriátricos con eutanasia y cremación incluida. Para esas fechas, creo y sin equivocarme, que la eutanasia ya va a ser legal en México y en casi todo el mundo debido a las necesidades de un mercado, el de una generación quienes en su ocaso o enfermedad crónica a edad temprana, se retirará al otro mundo en soledad.

Los dejo amigos, voy para Mexicali, nuevamente al centro de especialidades, llevaré a mi suegro y acompañado de mi cuñado. Seguimos dando la pelea aunque todo indica que el final esta cercas.
Amigos, que tengan una bonita y feliz navidad en compañía de sus seres queridos, abrásenlos, ámenlos, y ¡Que Viva la familia!

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